Voy a ser muy directo, igual que ésta película lo es con sus espectadores: Sisu: Camino a la Venganza es una película de acción masculina y exagerada, cuyo único objetivo es contar una historia simple y emocionante de venganza y perseverancia, y entretenerte en el camino. No hay necesidad de que el personaje principal esté atormentado por algún conflicto moral interno o por alguna subtrama romántica forzada. Ni siquiera hay necesidad de que el hombre hable en esta película, y de hecho, no lo hace.
Antes de continuar, quiero agradecer a Sony Pictures por habernos invitado a la función de prensa para poder traerles a ustedes esta reseña.
Recuerdo cuando era niño, mi papá solía disfrutar de películas de acción que veíamos toda la familia: cintas protagonizadas por hombres musculosos o con bigote que eran invencibles, como el arquetipo que popularizó Charles Bronson con el héroe justiciero, o las películas de Rambo, donde un solo hombre podía eliminar a un ejército completo. También, y utilizando referencias más modernas, podemos decir que Sisu: Camino a la Venganza es como el hijo de Rambo y John Wick, si es que me explico.
Sisu es una palabra finlandesa intraducible que significa una especie de coraje inquebrantable, una fuerza de voluntad imparable que impulsa a alguien. Y Aatami Korpi, el hombre que se niega a morir en el centro de esta película, encarna ese término a lo largo de Camino a la Venganza. Lucha contra la tortura, el ejército ruso y avanza sobre vidrios rotos hacia su noble objetivo.
Ubicada en el antiguo territorio finlandés en 1946, justo después del final de la Segunda Guerra Mundial, el inmortal Aatami Korpi —recién salido de patearles el trasero a los nazis y asegurar su bolsa de oro— regresa a la casa familiar donde vivió con su difunta esposa y sus dos hijos. El hombre responsable de sus muertes, Igor Dragunov, es liberado de una prisión rusa con un único propósito: traer a Korpi. Mientras tanto, Korpi desmantela la que fue su casa familiar, con la intención de llevar la madera de vuelta a territorio finlandés para reconstruirla. Pero se topa con un puesto de control comunista en el camino y tiene que abrirse paso a tiros, perseguido por Dragunov, lo que conduce a una impresionante secuencia de combate en carretera estilo Mad Max.
El hombre termina hecho una bola de sangre al final de esta película, la mayor parte de la cual es suya. Y eso es simplemente emblemático del tipo de acción cruda y exagerada que define Camino a la Venganza. El protagonista no dice ni una palabra a lo largo de la cinta. No tiene por qué hacerlo. No tiene nada que decirle a estos animales que lo cazan. Y sabe que la violencia es el único lenguaje que entienden. Esa simplicidad mantiene la película enfocada en su historia principal y la distingue de otros desastres divagantes que Hollywood ha estado produciendo.
Es una película corta, de unos 90 minutos, pero son 90 minutos llenos de acción que se sienten significativamente más largos que su duración. Y sí, hay muchas secuencias cursis e inverosímiles, pero todo es parte del espectáculo. Con un presupuesto de apenas 12 millones de dólares, sus creadores logran una cinta que te mantiene al borde del asiento, más entretenida que muchas superproducciones de 200 millones. Lo que cuesta esta película es lo que Marvel gasta en snacks y bebidas en un rodaje.
Stephen Lang como el antagonista es un punto culminante. Pareciera que está hecho para interpretar a hombres que transmiten peligro desde el momento en que entran en cuadro. “Pensaron que la leyenda había terminado. Se equivocaron.” Esa es exactamente la vibra que la película transmite cuando aparece Lang.
Como lo mencioné al principio, Sisu: Camino a la Venganza captura la esencia de las películas de acción antiguas, con su enfoque en un héroe singular, acción visceral y un sentido de invencibilidad que define el género. Es la historia más sencilla que recuerdo en años, pero no por eso es una mala película. Al contrario: va directo a lo que quiere contar y lo hace con brutal efectividad.
