¿Un juego de un estudio islandés con 9 años de desarrollo a sus espaldas? ¡Claro que sí! Hoy les traigo mis impresiones completas de Echoes of the End, un proyecto que nació de la pasión de tres compañeros de universidad y que luego recibió el apoyo de Deep Silver. Con lo anterior dicho, este título ha generado expectativa… pero después de darle una oportunidad de varias horas, tengo mis reservas. ¿Será otra joya escondida o un intento fallido? Acá les cuento con todo detalle.
Antes quisiera agradecer a PLAION por darnos la oportunidad de jugar uno de los juegos más bonitos que jamás hayamos experimentado en nuestras vidas.
Comenzamos
Echoes of the End se presenta como una aventura narrativa con elementos de puzzles y combate, pero ¡cuidado! No es el God of War noruego que algunos esperaban. Tampoco es un Hack and Slash frenético. En realidad, es un juego que apuesta fuerte por la historia y la resolución de puzzles ambientales, con un sistema de combate que… bueno, ya llegaremos a eso.
Si van con las expectativas equivocadas, puede que se lleven una decepción.
Especificaciones:
Tarjeta gráfica: NVIDIA GeForce RTX 3050
Procesador: Intel Core i5-10400F
RAM: 16GB
Almacenamiento: 1TB SSD M.2
Refrigeración: Disipador por aire
Desde el principio, da la sensación de ser una mezcla entre Force Unleashed y Tomb Raider, pero sin alcanzar la calidad de ninguno de los dos.
Historia
La premisa suena interesante: un mundo donde unos cristales absorben la energía vital de los humanos, obligando a dos razas a vivir separadas. Suena a conflicto épico, ¿no? Pero en la práctica, la narrativa avanza a base de diálogos constantes entre personajes mientras caminan… y caminan… y caminan. Lamentablemente, después de varias horas, la trama no logró engancharme. Los giros argumentales son predecibles y no generan esa urgencia por saber qué sigue. Honestamente, me da un poco igual lo que les pase a los protagonistas. Además, la historia incluye elementos de inclusión forzada que en vez de sumar, restan inmersión y se sienten poco orgánicos dentro del contexto del juego.
Controlamos a Ren, una “vestigio” con poderes mágicos que, hay que decirlo, al principio es insufrible: malhumorada, sarcástica y condescendiente con todos, especialmente con su compañero Abram. Si bien con el tiempo su personaje desarrolla y muestra una evolución, las primeras horas cuesta mucho conectar con ella. Abram, por suerte, es todo lo contrario: paciente, gracioso y el verdadero corazón de las conversaciones. El hermano de Ren, en cambio, suena mal dirigido y termina siendo molesto. Eso sí, hay que aplaudir que los acentos islandeses se mantengan, dándole una autenticidad que se agradece frente al típico doblaje genérico americano.
Jugabilidad
Como dirían mis papás: aquí está el meollo del asunto.
El juego se divide en los siguientes tres pilares:
Puzzles: Son el corazón de la experiencia, y hay que reconocerlo, están bien logrados. Usamos poderes de manipulación de gravedad, dilatación temporal y teletransportación para resolver obstáculos. La variedad de mecánicas se introduce progresivamente y evita que se vuelvan monótonos… al menos por un tiempo. Yo le calculo que un 60% del tiempo lo pasarás resolviendo puzzles, muchos de ellos con transiciones abruptas que rompen la fluidez. Son complejos y te hacen pensar, lo cual es refrescante.
Combate: Simple y repetitivo. Hay esquivas, parrys y contraataques, pero los enemigos comunes son pocos (apenas 5 tipos en las primeras horas) y sus patrones, predecibles. Eso sí, según avanzamos, desbloqueamos más habilidades que mejoran un poco la experiencia. Las ejecuciones contra enemigos están bien logradas y añaden variedad visual. Los jefes son un poco más elaborados, con mecánicas específicas, pero tampoco destacan. El sistema de compañero es una copia exacta del Atreus de God of War (hasta el botón es el mismo), pero implementado con menos gracia.
Exploración: Muy limitada. El mundo es lineal y no permite salirse del camino marcado. Quieres saltar a un lugar evidente, pero el juego te obliga a dar un rodeo innecesario. Se siente artificial y poco orgánico. Hay algunos cofres escondidos con mejoras de vida y maná, pero son meros desvíos mínimos sin verdadera sensación de descubrimiento. Es como tener un deportivo, pero solo poder manejarlo en el estacionamiento.
Gráficos
¡Y acá está lo mejor del juego! Visualmente, Echoes of the End es una pasada. El equipo usó drones para capturar paisajes reales de Islandia y convertirlos en escenarios. Eso se nota: los entornos son hermosos, con una iluminación atmosférica y detalles que impresionan. El apartado artístico es sólido y demuestra el cariño que le metieron al mundo. Eso sí, los modelados de personajes son decentes sin ser excepcionales. Lastima que tanta belleza no se pueda explorar con libertad.
Detrás de esto hay una historia de esfuerzo titánico. Tres amigos sin dinero ni experiencia comenzaron con una cámara y un plato de queso adaptado para motion capture, y terminaron escaneando glaciares enteros con drones y construyendo su propio estudio en Reikiavik. Esperaban horas en montañas para que las nubes se abrieran y poder capturar rocas. Esa obsesión por autenticidad se siente en cada rincón, y técnicamente, en Unreal Engine 5, logran uno de los mundos más hermosos vistos en un juego que yo recuerde.
Dificultad
No es un juego difícil. Los puzzles son sencillos y el combate no exige demasiada estrategia. El mayor desafío es la paciencia: superar la repetitividad de las mecánicas, la lentitud de la narrativa y, sobre todo, los bugs que pueden bloquear el progreso. Si buscan un reto exigente, esto no es para ustedes amigos.
Contenido
El juego dura entre 10 y 15 horas. El precio de lanzamiento es de 630 pesos, lo cual es un punto a favor en estos tiempos. No hay microtransacciones y tiene un final completo. Sin embargo, por ese precio, esperamos una experiencia más pulida. No hay incentivos para rejugar, a menos que la historia logre engancharte (cosa que no me pasó). La sensación general es que es caro para lo que ofrece.
Lo positivo
El ambicioso proyecto de tres universitarios islandeses se materializa en uno de los mundos visualmente más impresionantes del año. Los paisajes, escaneados directamente de Islandia, son una maravilla visual constante.
La apuesta por los acentos auténticos y la mitología nórdica es refrescante. Los puzles son el pilar fuerte: variados, inteligentes y con mecánicas que evolucionan durante la aventura, manteniendo el desafío mental. El sistema de traversal con portales, cambios de gravedad y la espada de teletransporte es creativo y divertido. El desarrollo de personajes, especialmente el arco de Ren, aunque lento, se siente orgánico y satisfactorio hacia el final. Abram es un compañero encantador que carga con las conversaciones. El precio, aunque algo elevado para el contenido, es honesto comparado con lanzamientos AAA que ofrecen menos.
El apoyo de Deep Silver a proyectos AA ambiciosos es loable.
Lo negativo
Lastrado por bugs inaceptables que van desde enemigos invencibles y puzzles bloqueados hasta caídas infinitas que obligan a reiniciar el juego. La historia es genérica y no logra enganchar, con diálogos constantes que se vuelven insufribles. La personalidad inicial de Ren es tan irritante que alejará a muchos jugadores en las primeras horas. El combate es simple, repetitivo y carece de la profundidad de otros juegos del género. La exploración es extremadamente limitada y frustrante, con paredes invisibles por todas partes y recompensas insignificantes por desviarse.
Opciones de accesibilidad casi inexistentes: textos minúsculos inmodificables y ajustes limitados al brillo.
Suelo jugar con un sistema de sonido Surround 5.1 en casa, y aquí fue una de las veces en las que me dieron ganas de quitarlo en ocasiones. Los efectos de sonido son flojos y la desaparición abrupta de los enemigos rompe la inmersión. El rendimiento técnico es irregular, con caídas de framerate y congelamientos ocasionales. Me deja con la sensación general de ser un proyecto ambicioso pero a medio cocinar.
Conclusión
Echoes of the End es la encarnación de una paradoja: un proyecto nacido de la pasión más pura, con una ejecución técnica admirable en su apartado visual, pero lastrado por fallos de diseño y técnicos que dificultan recomendarlo. Es el clásico caso de «gran ambición, ejecución regular».
¿Vale la pena? Para gamers amantes de los puzzles y de los mundos bellos, quizá sí, especialmente si lo encuentran con buen descuento. Pero para el jugador promedio, es difícil ignorar sus numerosos problemas.
RANK 3.5/5
Un poquito más de tiempo en el horno y éste juego hubiera sido recordado por los años venideros. No es un desastre, pero sí una oportunidad perdida. Ojalá Myrkur Games pulan estos errores en su próximo proyecto, porque el potencial ahí está.
