Cine Reviews | El Árbol Mágico

Antes de comenzar, queremos agradecer a Diamond Films por la invitación para poder disfrutar de El Árbol Mágico y traerles nuestras impresiones de esta nueva aventura familiar protagonizada por Andrew Garfield y Claire Foy.

Hay algo que siempre agradezco cuando veo una película dirigida principalmente al público infantil: que sus realizadores entiendan que hacer cine para niños no significa necesariamente hacer cine simple, ruidoso o condescendiente. Los niños también pueden emocionarse, sorprenderse, entender conflictos familiares y enfrentarse a ideas un poco más complejas, mientras que los adultos que los acompañan tampoco tendrían por qué pasar dos horas mirando constantemente el reloj. El Árbol Mágico entiende bastante bien ese equilibrio, y quizá esa fue una de las cosas que más disfruté de ella.

La película está basada en la clásica serie de libros The Faraway Tree de la escritora británica Enid Blyton, cuyas primeras historias fueron publicadas desde 1939, mientras que el libro The Magic Faraway Tree llegó en 1943. Muchas décadas después, el director Ben Gregor y el guionista Simon Farnaby retoman ese universo fantástico y lo trasladan a una familia contemporánea, actualizando algunos de sus conflictos sin perder esa sensación de cuento infantil que define a la obra original.

En esta versión conocemos a la familia Thompson. Tim, interpretado por Andrew Garfield, y Polly, interpretada por Claire Foy, abandonan la ciudad junto a sus tres hijos para comenzar una nueva vida en el campo. El plan es perseguir un viejo sueño familiar relacionado con cultivar tomates y producir su propia salsa, aunque la realidad rápidamente demuestra ser bastante menos romántica de lo que habían imaginado. Para los niños, además, mudarse a un sitio alejado de la tecnología, las pantallas y muchas de las comodidades de su vida cotidiana representa poco menos que una tragedia.

Es ahí donde aparece el elemento que transforma completamente sus vidas. Mientras exploran los alrededores de su nueva casa descubren un enorme árbol mágico habitado por toda clase de criaturas extraordinarias. Conforme ascienden por él encuentran distintos mundos fantásticos, cada uno con sus propias reglas, personajes y peligros, convirtiendo aquello que inicialmente parecía un castigo en una oportunidad para redescubrir su imaginación y, sobre todo, comenzar a reconectarse como familia.

Evidentemente existe aquí un mensaje muy claro sobre nuestra relación con la tecnología. Los niños están acostumbrados a vivir detrás de una pantalla y la película utiliza el campo, la naturaleza y estos mundos fantásticos como una manera de obligarlos a mirar nuevamente lo que tienen alrededor. Podría ser muy sencillo convertir esta idea en el típico discurso de “los teléfonos son malos y antes todo era mejor”, pero afortunadamente El Árbol Mágico resulta bastante más amable que eso. No se siente como una película regañando a los niños, sino como una invitación a recordar que la imaginación continúa siendo una herramienta tremendamente poderosa.

También me gustó que el conflicto no recaiga exclusivamente sobre ellos. Los adultos de esta historia tampoco tienen todo resuelto. Tim y Polly llegan al campo cargando sus propios sueños, frustraciones y expectativas, y rápidamente descubren que empezar de cero es mucho más complicado de lo que habían imaginado. Esto ayuda a que la película tenga algo que ofrecer al público adulto, porque detrás de las criaturas fantásticas y los mundos de colores encontramos una familia intentando descubrir qué quiere hacer con su vida y qué está dispuesta a sacrificar para mantenerse unida.

Es precisamente aquí donde Andrew Garfield vuelve a demostrar lo buen actor que es. Incluso dentro de una película infantil y fantástica consigue encontrar pequeños momentos de vulnerabilidad que hacen sentir real a Tim. Garfield tiene una enorme facilidad para transmitir emociones sin necesidad de convertir cada escena en un gran momento dramático, y cuando la película necesita un poco más de corazón, él consigue proporcionárselo. Hay escenas que probablemente no tendrían el mismo peso con otro intérprete, pero Garfield logra que ese padre que intenta mantener a flote tanto su sueño como a su familia resulte tremendamente fácil de comprender.

Claire Foy funciona muy bien a su lado como Polly y ayuda a evitar que la dinámica familiar se convierta simplemente en la historia del padre que persigue un sueño. Ambos personajes tienen inquietudes propias y la química entre los dos hace creíble que estemos viendo a una pareja que se quiere, pero que también está atravesando un periodo complicado. Los tres niños, interpretados por Delilah Bennett-Cardy, Billie Gadsdon y Phoenix Laroche, completan a la familia Thompson y son quienes naturalmente tienen un contacto más directo con la parte fantástica de la historia.

Una vez que entramos al árbol, la película prácticamente se permite jugar con todas las ideas que tiene a su alcance. Aparecen hadas, criaturas peculiares y mundos que cambian constantemente, acompañados por personajes como Moonface, interpretado por Nonso Anozie; Silky, con una divertidísima Nicola Coughlan; Dame Washalot, interpretada por Jessica Gunning, y una participación de Rebecca Ferguson que, aunque me hubiera gustado ver durante mucho más tiempo, aprovecha muy bien sus escenas.

Visualmente, El Árbol Mágico también sabe perfectamente cuál es su público. Los escenarios tienen muchísimo color, existen detalles por prácticamente todos lados y cada nuevo lugar busca distinguirse del anterior. Hay una sensación muy agradable de estar viendo las páginas de un viejo libro infantil cobrar vida con herramientas modernas. No pretende construir un universo de fantasía solemne ni competir con producciones mucho más oscuras; aquí todo está diseñado para provocar curiosidad y para que los niños quieran saber qué habrá después.

La naturaleza episódica de estas aventuras también provoca uno de los pocos problemas que encontré en la película. Algunos de los mundos aparecen, presentan un conflicto y lo resuelven con bastante rapidez, por lo que no todas las situaciones tienen tiempo suficiente para desarrollar el peso emocional que aparentemente buscan. Hay momentos en los que me hubiera gustado quedarme un poco más en determinado lugar o convivir más tiempo con ciertos personajes antes de pasar al siguiente.

Sin embargo, tampoco creo que esto termine afectando seriamente la experiencia porque El Árbol Mágico nunca pierde de vista el tipo de película que quiere ser. Estamos ante una aventura ligera, amable y tremendamente accesible, cuyo objetivo principal es llevar a una familia por distintos mundos mientras poco a poco aprende a valorarse nuevamente. Su estructura puede ser sencilla, pero eso no significa que trate a su público como si no pudiera comprender emociones reales.

Y eso es algo que personalmente valoro mucho. Durante años hemos visto películas infantiles que parecen creer que mantener la atención de un niño significa llenar la pantalla de personajes gritando, referencias a internet y chistes colocados cada veinte segundos. Aquí también encontramos humor y naturalmente existen elementos pensados directamente para los más pequeños, pero detrás de todo eso hay una historia sobre familia, imaginación, frustraciones, sueños y la importancia de volver a conectar con quienes tenemos cerca.

Además, es una de esas películas que pueden generar conversaciones interesantes cuando termina la función. Un niño probablemente saldrá pensando en el árbol, las criaturas y cuál de los mundos le gustaría visitar, mientras que un adulto puede quedarse pensando en Tim y Polly, en aquellas cosas que alguna vez soñó hacer o incluso en cuánto espacio permitimos que la rutina y las pantallas ocupen dentro de nuestra vida familiar. Cuando una película infantil consigue funcionar en esos dos niveles sin sentirse diseñada mediante una fórmula, creo que hay bastante que reconocerle.

El Árbol Mágico no pretende revolucionar el género de fantasía ni necesita hacerlo. Es una película cálida, visualmente encantadora y realizada con suficiente inteligencia como para entender que su público no está compuesto únicamente por los niños que estarán sentados frente a la pantalla, sino también por los padres, familiares y adultos que estarán sentados junto a ellos.

Quizá los niños sean quienes primero quieran subir a ese enorme árbol para descubrir qué existe entre sus ramas, pero lo bonito es que la película consigue que los adultos también tengamos ganas de acompañarlos.

El Árbol Mágico se estrena en cines de México el próximo 8 de octubre, y si están buscando una película para disfrutar en familia, nuestra recomendación es verla en pantalla grande y, si tienen oportunidad, disfrutarla en Cinépolis, donde una aventura tan colorida y llena de mundos fantásticos puede aprovechar mucho mejor toda su propuesta visual.

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