Cine Reviews | Digger

Cuando venía de regreso del cine a casa, no podía dejar de reproducir la película una y otra vez en mi cabeza. Escenas, diálogos, decisiones del director y pequeños detalles que horas antes parecían no tener demasiada importancia regresaban constantemente mientras intentaba responderme una pregunta muy sencilla: ¿qué acabo de ver? Digger no me dejó indiferente y, de hecho, pocas películas recientes me han hecho salir de una sala con tantas cosas dando vueltas en la cabeza. Pero mientras más la repasaba mentalmente, más comenzaba a encontrarle sentido y más clara se volvía una idea: Alejandro González Iñárritu nunca está intentando engañarnos.

Agradecemos a Warner Bros. Pictures por habernos invitado a la función de prensa y permitirnos traerles nuestras impresiones de Digger.

Curiosamente, Digger termina siendo una película tremendamente sincera. Desde sus primeros minutos, Iñárritu va colocando pequeñas pistas frente a nuestros ojos. Algunas son evidentes, otras parecen simples excentricidades y varias probablemente sólo cobrarán sentido una vez que hayamos visto la película completa. Es una cinta construida por capas, donde debajo de una idea encontramos otra y después otra más, hasta que muchas de las decisiones que inicialmente podrían parecernos extrañas comienzan a adquirir un significado diferente.

En su superficie encontramos a Digger Rockwell, interpretado por Tom Cruise, un hombre extremadamente poderoso que emprende una desesperada misión para demostrar que puede salvar al mundo del desastre que él mismo ayudó a provocar. Cruise está acompañado por un reparto que incluye a Riz Ahmed, John Goodman, Sandra Hüller, Michael Stuhlbarg, Jesse Plemons y Emma D’Arcy. Decir mucho más acerca de lo que ocurre sería comenzar a caminar peligrosamente por el terreno de los spoilers y, precisamente, ese fue uno de los mayores problemas que tuve al pensar cómo escribir esta reseña: ¿cómo hablar de Digger sin hablar realmente de Digger?

Buena parte de lo que hace especial, y seguramente también polémica, a esta película depende de descubrir por uno mismo qué está intentando hacer Iñárritu con nosotros. Digger busca ser incómoda y en algunos momentos se siente prácticamente como un gancho directo al hígado, mientras que en otros parece empeñada en ir exactamente en la dirección contraria a lo que esperaríamos de una producción de este tamaño. Incluso hay momentos en los que la propia película parece querer sacarte de ella, romper deliberadamente la inmersión o hacerte cuestionar qué clase de historia estás viendo.

Esto puede resultar fascinante para algunos espectadores y tremendamente frustrante para otros. Estoy seguro de que será una de esas películas capaces de provocar discusiones completamente opuestas entre personas que estuvieron sentadas en la misma sala. Habrá quienes entren por completo en su juego y habrá quienes se desconecten de él, porque Digger no parece particularmente interesada en complacer al espectador, sino en provocarle una reacción. Y vaya que lo consigue.

Mucho se hablará también de Tom Cruise después de esta película. Durante las últimas décadas nos hemos acostumbrado tanto a verlo corriendo, colgándose de aviones, saltando edificios o intentando salvar al mundo que a veces resulta fácil olvidar algo que, personalmente, nunca he puesto en duda: Tom Cruise es un gran actor. El problema es que muchas de las películas en las que ha trabajado recientemente simplemente no necesitan mostrar todas esas facetas de su talento y Digger, por el contrario, le permite explorarlas prácticamente todas.

Aquí Cruise tiene absoluta libertad para construir un personaje exagerado, incómodo, ridículo, vulnerable, poderoso y profundamente contradictorio. Se nota que está disfrutando cada segundo frente a la cámara y existe particularmente una extensa secuencia alrededor de la mitad de la película en la que prácticamente se apodera de la pantalla a través de un larguísimo monólogo. Es un momento impresionante no solamente por lo que está diciendo, sino por la manera en la que lo dice, por la transformación física del personaje, su lenguaje corporal y la enorme seguridad que tiene Cruise frente a la cámara. Es una de esas escenas que sirven para recordarnos por qué lleva décadas siendo una de las estrellas más grandes del cine.

Pero también quiero detenerme en alguien de quien probablemente no se hable tanto: John Goodman está fantástico. Su personaje aprovecha prácticamente cada segundo que aparece en pantalla. Todos conocemos el enorme carisma de Goodman y esa facilidad que tiene para provocar una sonrisa aparentemente sin esfuerzo, pero aquí Iñárritu aprovecha esas cualidades de una manera maravillosa. En mi caso funcionó completamente, porque prácticamente cada vez que aparecía terminaba riéndome.

Lo curioso es que también pude notar que algunas de esas escenas no causaban la misma reacción entre otras personas de la sala, y eso me hizo pensar nuevamente en lo subjetiva que resulta Digger. Algo que para una persona puede ser divertidísimo para otra puede sentirse extraño, incómodo o incluso completamente fuera de lugar. Pero quizá ahí se encuentra una de las cosas más bonitas del arte: todos estamos viendo exactamente las mismas imágenes proyectadas sobre una pantalla, pero no necesariamente terminamos viendo la misma película dentro de nuestra cabeza.

Si dejamos por un momento su historia y hablamos estrictamente de su apartado técnico, Digger es extraordinaria. La dirección de Alejandro González Iñárritu es soberbia y está acompañada por una fotografía impresionante de Emmanuel “El Chivo” Lubezki. Gran parte de la película ocurre en interiores y, aun así, visualmente nunca se siente limitada. La composición de los planos, los movimientos de cámara, la utilización de los espacios y la manera en la que los personajes son colocados dentro del encuadre forman parte del propio lenguaje de la película.

Digger fue rodada en VistaVision y tanto Iñárritu como Lubezki utilizan el formato para construir imágenes con una presencia enorme. Sin embargo, no se trata simplemente de presumir tecnología o de realizar movimientos de cámara llamativos porque sí. La fotografía está al servicio de lo que la película quiere contar y esto va muy de la mano con una historia que constantemente está jugando con nuestra percepción de lo que estamos viendo.

Otro de sus grandes aciertos se encuentra en el diseño de producción. Los escenarios, el vestuario, el maquillaje, la corrección de color y la manera en la que se utilizan los tonos a lo largo de la película se sienten cuidadosamente planeados. Todo parece formar parte de una misma idea y prácticamente nada se siente colocado accidentalmente. Incluso algunos elementos que inicialmente podrían parecer exagerados comienzan a adquirir una lectura distinta conforme entendemos mejor qué clase de película estamos viendo y qué es lo que Iñárritu quiere hacer con ella.

Digger también toca temas tremendamente actuales sobre los que quisiera poder hablar mucho más, pero hacerlo implicaría revelar algunas de las cartas más interesantes que la película guarda bajo la manga. Lo que sí puedo decir es que estamos ante una obra que reflexiona sobre el poder, la responsabilidad, el ego y nuestra necesidad de encontrar héroes capaces de resolver problemas que nosotros mismos hemos creado. Pero incluso esa es solamente una de sus muchas capas y, cuando creemos haber entendido exactamente qué quiere decirnos, la cinta vuelve a cambiar ligeramente las reglas.

Por eso puedo entender perfectamente que termine dividiendo al público. Habrá quien salga fascinado, habrá quien la encuentre desesperante y seguramente habrá quienes, como yo, pasen buena parte del camino de regreso a casa intentando ordenar en su cabeza todo lo que acaban de ver. Y creo que precisamente ahí se encuentra parte de su mayor virtud, porque es una película que no termina necesariamente cuando aparecen los créditos.

No sé si Digger sea una película para todos y probablemente ni siquiera tenga intención de serlo, pero considero que vale mucho la pena verla y formar una opinión propia. Tiene actuaciones extraordinarias, una dirección arriesgada, una fotografía espectacular, un diseño de producción de primer nivel y uno de los trabajos más interesantes que Tom Cruise ha realizado en muchos años. Por todas estas razones seguramente estará presente en muchas conversaciones durante la temporada de premios, independientemente de cuáles termine ganando o de cuáles nominaciones consiga.

Más allá de cualquier premio, considero que Digger es una película que debe experimentarse en una sala de cine. Si tienen oportunidad de verla en su presentación de mayor formato, vale muchísimo la pena hacerlo, porque es evidente que muchas de sus imágenes fueron concebidas para una pantalla enorme. Y si no tienen acceso a ese formato, véanla de cualquier manera, porque puede gustarles, puede incomodarlos, puede fascinarlos o incluso puede terminar sacándolos completamente de su propuesta, pero difícilmente creo que salgan de la sala sin tener algo que decir sobre ella.

Y en una época en la que muchas producciones parecen hechas para consumirse y olvidarse casi inmediatamente después, que una película consiga acompañarte de regreso a casa y obligarte a seguir pensando en ella ya es muchísimo.

Digger se estrena el 1 de octubre, y nuestra recomendación es disfrutarla en Cinépolis, donde una película tan cuidada visualmente y concebida con semejante atención a la imagen puede aprovechar mucho mejor la experiencia de una sala de cine.

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