Lo Siento, Cariño, dirigida y protagonizada por Eva Victor, es su primer largometraje y se siente como una obra que oscila entre la seguridad y la torpeza. Es una película que no teme explorar el trauma, pero lo hace desde un ángulo distinto: el de las emociones que nunca se vivieron en su momento. Agnes, la protagonista, se quedó atrapada en un limbo emocional. Nunca se permitió enojarse cuando fue abusada, nunca se permitió ser feliz, nunca se permitió sentir plenamente lo que ocurría a su alrededor. Esa represión constante la lleva a un lugar del que ya no sabe cómo salir.
Antes de continuar, quisiera agradecer a Cine Canibal por la invitación a esta función, la cual nos permite compartirles esta reseña.
La narrativa se construye de manera fragmentada, avanzando y retrocediendo en el tiempo como reflejo del proceso irregular de sanar. Lo más poderoso es que nunca se nombra directamente el abuso que sufrió Agnes: como en Harry Potter con la palabra prohibida, aquí también existe un silencio deliberado. Esa ausencia de nombrar no genera confusión, sino que se convierte en un gesto significativo: reconocer el dolor sin dejar que consuma toda la vida. Incluso en las escenas más duras, Victor opta por la contención, mostrando el paso del tiempo a través de la luz en una casa en lugar de recurrir a imágenes explícitas.
El humor aparece como un respiro, no en forma de chistes, sino como absurdidad y surrealismo que atraviesan la pesadez. Es un humor seco, discreto, que convive con la vulnerabilidad y le da a la película un tono particular.
Hay escenas que no funcionan del todo (como la charla inicial entre Agnes y Naomi Aki, o los títulos de capítulos al estilo Friends que rompen con la seriedad del relato). Algunos personajes secundarios se sienten caricaturescos y el desenlace con el bebé roza el melodrama. Sin embargo, la película también tiene momentos de gran fuerza emocional.
Uno de los más memorables es cuando Agnes sufre un ataque de pánico al enterarse de que su profesor había tenido relaciones con su amiga y termina hablando con el dueño de un restaurante de sándwiches. Esa breve aparición de un hombre de mediana edad, con su simple gesto de bondad, rompe la película en dos. Es un instante de humanidad tan genuino que conmueve hasta las lágrimas. Es la prueba de que la sanación puede venir de gestos pequeños, inesperados, de personas que apenas conocemos.
En conjunto, Lo Siento, Cariño es una película sobre sentimientos reprimidos, sobre cómo el silencio y la contención pueden convertirse en una prisión. Pero también es una película sobre la posibilidad de encontrar alivio en lo inesperado, en la amistad, en la absurdidad, en la bondad de un extraño. No es perfecta, pero sí honesta y profundamente humana.
Al final, lo mejor es que cada espectador se acerque y forme su propia opinión. Lo Siento, Cariño es un debut imperfecto pero valioso, que deja claro que Eva Victor tiene una voz única y que vale la pena seguirle la pista.
