Gaming Reviews | Diablo IV: Death Awakening (T-14)

Durante los últimos dos años, Diablo IV ha vivido una evolución que pocos juegos como servicio consiguen consolidar. Desde su lanzamiento en 2023, Blizzard ha pasado de corregir los problemas más evidentes del endgame a construir una experiencia mucho más robusta, donde cada temporada busca introducir cambios que realmente transformen la forma en que los jugadores exploran Santuario.

El camino, sin embargo, estuvo lejos de ser sencillo. Las primeras temporadas apostaron por mecánicas temporales que, aunque en muchos casos resultaban entretenidas, desaparecían al concluir cada ciclo. Algunas lograban mantener el interés de la comunidad durante varias semanas, mientras que otras apenas ofrecían contenido suficiente para completar el Pase de Batalla. La principal debilidad era evidente: Diablo IV seguía destacando por la solidez de su propuesta como ARPG, pero gran parte de sus temporadas se sentían como experimentos independientes que rara vez dejaban un impacto duradero en la evolución del juego.

Ese panorama comenzó a cambiar con la llegada de Lord of Hatred. La expansión no solo amplió el mundo de Santuario e incorporó nuevos sistemas de progresión, sino que también marcó el inicio de una nueva filosofía para el contenido estacional. La Temporada 13 fue la primera gran muestra de ese enfoque al introducir al Brujo, una clase completamente innovadora que logró centrar el principal atractivo en el descubrimiento de su impacto en el juego y el Lore, a diferencia del Spiritborn.

A su vez, la expansión introdujo una cantidad enorme de contenido, mejoras de calidad de vida, mecánicas permanentes y una reestructuración de todos los árboles de habilidades de cada clase, modificando por completo la jugabilidad.

Con ese precedente, la Temporada 14: Death Awakening enfrenta un reto diferente. Sin una nueva clase que impulse el interés inicial, todo el peso de la experiencia recae en la calidad del contenido estacional y en la capacidad de Blizzard para ofrecer motivos suficientes que inviten a los jugadores a regresar, una vez más, a Santuario.

La incógnita era inevitable: ¿podía Diablo IV mantener el entusiasmo de la comunidad sin apoyarse en el impacto que genera cambios grandes y apantallantes?

Tras dedicar varias de horas a recorrer sus actividades, la respuesta resulta más interesante de lo que sugerían los primeros anuncios. Death Awakening no busca eclipsar a la temporada anterior mediante un aumento exagerado del poder o una avalancha de objetos legendarios.

La filosofía de esta temporada apunta a demostrar que Diablo IV ha alcanzado un punto de madurez en el que una temporada puede sostenerse por la calidad de su contenido y el diseño de sus sistemas, más allá de las grandes novedades que acompañan cada lanzamiento.

Y por ello, continuamos agradecidos de la oportunidad que Blizzard Entertainment nos brinda con el contenido de esta temporada.

Comenzamos

Hablar de Death Awakening implica, casi de forma inevitable, mirar hacia la Temporada 13. Más allá de sus actividades o recompensas, aquella actualización será recordada por un motivo muy concreto: el debut del Brujo.

La llegada de una nueva clase siempre marca un antes y un después en cualquier ARPG. No se trata únicamente de incorporar habilidades, animaciones o estilos de combate nuevos o aleatorios;

La PC detrás de la reseña:

🖥️ Tarjeta gráfica: NVIDIA GeForce RTX 4080.
⚙️ Procesador: AMD Ryzen 5 3600XT
🧠 RAM: 24GB

Requisitos mínimos:

🖥️ Tarjeta gráfica: NVIDIA GTX 660 / AMD Radeon R9 280
⚙️ Procesador: AMD FX-8350 / Intel Core i5-2500K
Espacio disponible: 90 GB

también supone redefinir el equilibrio del juego, modificar el metajuego y ofrecer una nueva forma de interactuar con sistemas que la comunidad ya conoce a la perfección, el Brujo cumplió con esa misión.

Su estilo de juego, basado en rituales, maldiciones persistentes, manipulación de espíritus y sacrificios, lo convirtió en una de las clases más profundas y estratégicas de Diablo IV. Mientras el Bárbaro apuesta por la fuerza bruta, el Hechicero domina el campo de batalla con el poder de los elementos y el Nigromante controla legiones de muertos vivientes, el Brujo exige una aproximación mucho más metódica. La gestión de recursos, la colocación de rituales y la combinación de maldiciones hacen que prácticamente cada enfrentamiento requiera planificación y una buena comprensión de sus mecánicas.

No es una clase pensada para arrasar con los enemigos desde los primeros niveles. Su diseño recompensa a quienes dedican tiempo a entender sus sistemas y a perfeccionar sus configuraciones, una filosofía que rápidamente despertó el interés de la comunidad.

Sin embargo, el mayor éxito de la Temporada 13 también terminó siendo su principal limitación.

La nueva clase acaparó por completo la atención, dejando el contenido temporal en un segundo plano. Para muchos jugadores, aquella actualización terminó siendo simplemente «la temporada del Brujo». Quienes optaban por seguir utilizando clases tradicionales encontraron pocos incentivos para permanecer mucho tiempo una vez completaban la campaña y subieron de nivel los War Plans de un personaje, ví que muchos desistieron al darse cuenta de que esta progresión no era compartida con los nuevos personajes de temporada. Y aunque novedoso, el endgame se volvió a sentir un poco repetitivo.

Todo indica que Blizzard tomó nota de esa experiencia. Una nueva clase puede convertirse en un poderoso incentivo para atraer jugadores, pero difícilmente puede sostener por sí sola el interés de una temporada completa. Cuando la mayor novedad está ligada a un único personaje, quienes prefieren continuar con sus clases habituales suelen consumir el contenido mucho más rápido y quedarse sin razones para seguir jugando.

Death Awakening busca corregir precisamente ese punto. Desde sus primeras horas queda claro que las nuevas mecánicas fueron concebidas para disfrutarse desde cualquier clase, y ese cambio de enfoque transforma por completo la manera en que se vive esta nueva temporada.

Historia

Cada temporada viene con un poco de lore que en ocasiones resulta no ser canónico o trascendental, Death Awakening continúa la dirección que Diablo IV ha ido consolidando en sus últimas temporadas. En lugar de recurrir una vez más a los grandes conflictos entre los Altos Cielos y los Infiernos Ardientes, Blizzard optó por una historia “secundaria” de Santuario, centrada en las secuelas que los habitantes sufren a consecuencia de los grandes eventos catastróficos.

La temporada presenta el surgimiento de un culto que rinde homenaje a la muerte, cuyos rituales están alterando el frágil equilibrio entre el mundo de los vivos y el más allá. Más que una amenaza inmediata capaz de destruir el mundo, el peligro se manifiesta de forma gradual, infiltrándose en comunidades enteras y transformando la vida cotidiana de quienes habitan Santuario. Un tanto similar al culto por Lilith en la campaña base, pero un poquito más bajita la mano, no hay una destrucción de aldeas enteras por los fanáticos.

Ese enfoque es, precisamente, uno de los mayores aciertos de la temporada. Death Awakening no necesita recurrir a enormes ejércitos demoníacos ni a batallas de escala monumental para transmitir una sensación constante de peligro. Su narrativa encuentra fuerza en los pequeños detalles: aldeas abandonadas, cementerios profanados, cadáveres incapaces de encontrar descanso y poblaciones enteras consumidas por una fe que convierte la muerte en una forma de trascendencia.

De esta manera se recupera un poco de la atmósfera de horror gótico que dio identidad a los primeros Diablo, demostrando que las historias más inquietantes de Santuario no siempre dependen de un enemigo capaz de acabar con el mundo, sino de la forma en que la oscuridad que aflige a los habitantes en su cotidianeidad.

Jugabilidad

Toda temporada de Diablo IV necesita una actividad capaz de sostener la experiencia durante decenas de horas. En Death Awakening, ese papel recae sobre las Pandemonium Ruptures, las cuales son fisuras que comienzan a abrirse por distintas regiones de Santuario, liberando una energía vinculada a la muerte que corrompe el entorno y atrae oleadas de enemigos cada vez más peligrosos. No obstante, lo que podría parecer una actividad repetitiva adquiere profundidad gracias a una serie de variaciones que mantienen el ritmo de cada incursión.

Cada Ruptura introduce objetivos secundarios que mejoran las recompensas obtenidas, a medida que la actividad progresa aparecen élites con modificadores exclusivos de la temporada, mientras la presión va en aumento terminando con una pelea contra un enorme golem.

Más allá de la cantidad de enemigos, el verdadero atractivo está en el ritmo, las Pandemonium Ruptures mantienen una sensación constante de urgencia. Tienen una duración apropiada con la aparición de enemigos de forma constante, y al terminarla rápidamente vuelve a refrescarse la actividad en el mapa del mundo.

Ese flujo continuo convierte a las Rupturas en una de las actividades estacionales más dinámicas que ha ofrecido Diablo IV hasta la fecha. Y aunque las Pandemonium Ruptures resultan entretenidas desde los primeros niveles, es en el endgame donde revelan todo su potencial.

Conforme aumenta la dificultad, las incursiones evolucionan de manera natural. La presencia de enemigos crece, aparecen modificadores exclusivos y los encuentros exigen mucho más que una simple acumulación de poder. El diseño obliga a prestar atención al posicionamiento, administrar cuidadosamente las habilidades defensivas y decidir qué objetivos eliminar primero para evitar que el combate se salga de control.

Lo más destacable es que Blizzard evita recurrir al recurso más habitual para incrementar la dificultad: aumentar sin más la vida o el daño de los enemigos. En su lugar, la presión surge de la composición de los enfrentamientos, de la combinación entre distintos tipos de adversarios y de la forma en que sus habilidades se complementan durante el combate. Convirtiéndose en una prueba constante de la eficacia de cada build, recompensando tanto la optimización del personaje como la capacidad del jugador para adaptarse a la situación de combate.

Gráficos

No se ha actualizado los gráficos o algún cambio estructural del juego, pero eso no evita que Blizzar pueda demostrar las habilidades de su equipo artístico.

En esta temporada se incorpora una nueva “facción” de enemigos, The Risen, inspirada en una temática de corrupción debido al fanatismo del culto. Aunque en un primer momento podrían parecer una variante más de los clásicos muertos vivientes, tienen varios detalles que los diferencian.

El paisaje también ha sido modificado de una forma un poco sutil. Las zonas alcanzadas por la corrupción de la muerte reflejan un estado constante de decadencia: los cielos adquieren tonalidades apagadas, la iluminación enfatiza la presencia de rituales y cadáveres abandonados, y cada escenario transmite la sensación de que la vida se extingue lentamente a su alrededor.

Contenido

Ha diferencia del fuerte énfasis en el Grind del endgame para conseguir objetos míticos, en esta temporada se modificó un poco la progresión, de tal manera que, no es necesario esperar a los últimos niveles para recibir buenos ítems, puedes conseguir ítems únicos y legendarios desde los primeros 20 niveles, que brindan un buen boost al daño y a la velocidad de adquirir experiencia al permitir acceder a dificultades mayores desde un inicio.

Adicionalmente, las actividades de temporada están distribuidas de una mejor forma con la progresión de niveles, al hacer las actividades muy probablemente llegarás a nivel 70 a la par de los objetivos en dificultad de Tormento.

Las Pandemonium Ruptures y los nuevos tipos de enemigos van ofreciendo una actividad que obliga a aprender y ser un poco más táctico en los enfrentamientos, y así, favorecen un ritmo de combate que no depende únicamente del daño sostenido.

Además, la distribución de las recompensas también tiene una mejor distribución. En temporadas anteriores era relativamente fácil identificar la actividad más eficiente y repetirla una y otra vez para optimizar el progreso, una dinámica que terminaba convirtiendo el endgame en un proceso demasiado repetitivo.

En cuanto a las novedades cosméticas que vienen cada temporada con el Relicario y ahora con las colaboraciones, la evolución del sistema de recompensas cosméticas también merece una mención especial, el pase de batalla, desde hace un par de temporadas, se ha vuelto más flexible y los cosméticos son bastante atractivos.

Las armaduras exclusivas reflejan la influencia de cultos funerarios, símbolos prohibidos y reliquias corrompidas, recuperando una estética profundamente ligada al horror gótico que definió a las primeras entregas de la saga, pero a la vez manteniendo ese look épico de las armaduras premium.

Aunque un poco controversial, también vienen las armaduras inspiradas en los personajes de OverWatch, para muchos, estas colaboraciones rompen con la inmersión del mundo de Santuario, pero en lo personal, disfruto la novedad que representan, sin mencionar que también son adaptaciones cuidadosas y no solamente una serie de disfraces tipo Fortnite, por ejemplo, la armadura de Reindheart para los bárbaros mantiene su apariencia imponente, pero con una postura amenazante digna de Diablo IV.

Lo positivo

Las actividades de temporada invitan a experimentar con distintas builds y evita la sensación de rutina, no hay un único build dominante y a su vez, el combate invita a estar al pendiente y no ser solo un button mash de mucho daño.

Las recompensas han sido distribuidas para estar presente de forma constante reforzando la sensación de avance durante toda la temporada. Paradóijcamente este cambio busca evitar que se llegue demasiado pronto un punto en el que prácticamente cualquier recompensa pierde valor. Gracias a una distribución más equilibrada, el juego consigue que siempre exista un nuevo objetivo por alcanzar, manteniendo la motivación incluso durante las fases más avanzadas del endgame.

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Lo negativo

No es la temporada más revolucionaria que ha recibido Diablo IV, pero tampoco pretende serlo. Ese cambio de prioridades se percibe en prácticamente todos los aspectos de la temporada. Desde las Pandemonium Ruptures hasta la estructura de progresión y el rediseño de los encuentros, Death Awakening busca mejorar el ritmo de juego y ofrecer actividades que mantengan su atractivo durante más tiempo, en lugar de depender exclusivamente del impacto inicial de una gran novedad.

Peeeero, algunas actividades podrían beneficiarse de una mayor variedad de objetivos para reducir la sensación de repetición tras varias horas de juego, mientras que determinados tramos de la progresión aún presentan un ritmo algo irregular. De la misma forma, la historia deja entrever conceptos y personajes con potencial, aunque algunos de ellos habrían agradecido un desarrollo más profundo, así como una coherencia y permanencia de los eventos que han ido sucediendo.

Finalmente y lo que más a impactado en la comunidad, y es algo que no está por ningún lado en las notas de la actualización, y a pesar de que el enfoque de esta temporada era ofrecer mejores recompensas a lo largo de todo el recorrido a endgame, la verdad es que la cantidad de ítems legendarios y míticos está muy reducida, puedes pasar horas buscando ese ítem ancestral para no obtener nada, comparado a la actualización anterior en la que caían como pan caliente, dejando a muchos con un mal sabor de boca.

De la publicación de la reseña al día de Hoy, Blizzard sacó un Hotfix arreglando el droprate de objetos legendarios y míticos, así como levantando las restricciones del Cubo Horadrico, por lo que, retracto lo del párrafo anterior, estamos de nuevo en una gran actualización.

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Conclusión

En lugar de perseguir constantemente el impacto de una nueva mecánica o un sistema completamente distinto, Death Awakening centra sus esfuerzos en fortalecer aquello que realmente sostiene la experiencia a largo plazo. La cohesión de sus sistemas y un diseño de actividades capaz de mantener el interés más allá de las primeras horas de juego.

El futuro de Diablo IV resulta prometedor. Más que reinventar el juego en cada actualización, Blizzard parece haber comprendido que una filosofía menos llamativa que la de las grandes revoluciones, pero mucho más sostenible para un juego que aspira a mantenerse vigente durante muchos años, es una mejor estrategia, evitando así un Power Creep insostenible.

La temporada es entretenida, el contenido cosmético está bien diseñado, dando una experiencia sólida, quizás a muchos les cueste la comparación con la cantidad de contenido con la temporada 13, pero sin duda esta no es una temporada que tenga que evitarse.

Radar-4

RANK 4/5

¡Nos vemos en Santuario amantes del caos!

 

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