Cine Reviews | Spider-Man: Brand New Day

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Desde que terminó Spider-Man: No Way Home, Marvel Studios tenía una enorme responsabilidad. No solo debía encontrar una forma de continuar la historia de Peter Parker después de uno de los finales más devastadores del MCU, sino también convencer a los fans de que Tom Holland podía convertirse en el Spider-Man que muchos llevábamos años esperando.

Y después de verla puedo decir que Spider-Man: Brand New Day no solo logra ese objetivo, sino que probablemente entrega la mejor versión del personaje desde que debutó en el Universo Cinematográfico de Marvel.

Antes de continuar esta reseña quiero agradecer a Sony Pictures México por la invitación a la premier de esta película.

Lo primero que me llamó la atención fue que, por fin, sentí que estaba viendo al verdadero Peter Parker. Durante la trilogía anterior siempre existía alguien que terminaba resolviendo parte de sus problemas. Primero fue Tony Stark, después Nick Fury y posteriormente otros héroes que, aunque enriquecían las historias, también hacían que Peter dependiera demasiado de ellos.

Ahora vemos a un joven completamente solo. Sin tecnología que le resuelva la vida, sin un mentor que aparezca en el momento perfecto y sin un equipo de Vengadores dispuesto a sacarlo de cualquier problema. Es un Peter Parker obligado a salir adelante utilizando lo que siempre lo ha definido en los cómics: su inteligencia, su capacidad para improvisar y esa enorme fortaleza mental que lo hace levantarse una y otra vez sin importar cuántos golpes reciba.

Mientras veía varias escenas no pude evitar recordar la serie animada de Spider-Man de los años noventa. Esa versión del personaje siempre transmitía la sensación de que Peter tenía que arreglárselas prácticamente solo, enfrentando villanos mucho más poderosos que él mientras intentaba mantener un equilibrio entre su vida personal y la responsabilidad de ser un héroe. Esa esencia está presente durante gran parte de Brand New Day y fue imposible no sentir un enorme golpe de nostalgia.

Quizá eso fue lo que más disfruté de la película. Marvel finalmente entendió que Spider-Man funciona mejor cuando no depende de todo un universo de superhéroes para salir adelante. Claro que aquí Bruce Banner aparece en determinados momentos para orientarlo, pero nunca le roba protagonismo ni termina resolviendo el conflicto principal. Su participación funciona únicamente como un impulso para que Peter encuentre su propio camino.

Y precisamente ese camino representa el mayor acierto de la película.

Por primera vez desde que Tom Holland interpreta al personaje podemos hablar de un desarrollo completo. Aquí vemos un Peter Parker que inicia roto emocionalmente por todo lo ocurrido en No Way Home, pero poco a poco aprende a aceptar las consecuencias de sus decisiones. No se trata simplemente de superar una pérdida; es entender que ser Spider-Man significa vivir con sacrificios constantes y que, muchas veces, nadie reconocerá todo lo que hace por proteger a los demás.

La evolución del personaje se siente completamente natural. Cada decisión, cada error y cada victoria ayudan a construir a ese Spider-Man adulto que tantos fans queríamos ver desde hace años. Al finalizar la película queda claro que ya no estamos frente al adolescente inseguro de Homecoming, sino ante un héroe que finalmente entiende el peso de la máscara que lleva puesta.

Otro aspecto que disfruté muchísimo fue la aparición de Frank Castle, mejor conocido como Punisher. Su incorporación le da un aire completamente distinto a la película. La dinámica entre ambos personajes resulta muy interesante porque representan dos formas totalmente opuestas de entender la justicia. Mientras Peter sigue creyendo que siempre existe una alternativa antes de quitar una vida, Frank es un hombre marcado por la violencia que no tiene reparos en hacer lo necesario para cumplir su misión.

Los seguidores de los cómics saben perfectamente la importancia que tiene Punisher dentro del universo de Spider-Man, por lo que finalmente verlos compartir pantalla era algo que muchos llevábamos años esperando. Afortunadamente, la película aprovecha muy bien esa relación y logra que cada escena entre ambos tenga un peso importante dentro de la historia.

En cuanto a la acción, Marvel vuelve a demostrar por qué Spider-Man es uno de los héroes más espectaculares cuando pelea en solitario.

Las secuencias están llenas de persecuciones, explosiones, combates cuerpo a cuerpo y momentos donde Peter realmente parece estar al límite. Lo mejor es que los golpes se sienten. Spider-Man recibe castigos constantes y la película nunca intenta hacer que parezcan inofensivos. Cada impacto duele, cada caída tiene consecuencias y eso ayuda muchísimo a que las peleas transmitan tensión. Es un Spider-Man vulnerable, cansado y lastimado… exactamente como debería ser.

Respecto a las actuaciones, Tom Holland entrega, sin duda, su mejor interpretación desde que llegó al MCU. Se nota un actor mucho más seguro y un personaje mucho más maduro. Hay momentos donde prácticamente no necesita decir una palabra para transmitir todo el peso emocional que carga después de perder a las personas más importantes de su vida.

Zendaya cumple con lo que la historia le exige. Su participación no busca robarse los reflectores ni convertirse en el eje principal de la trama. Más bien funciona como ese recordatorio constante de todo aquello que Peter sacrificó al final de No Way Home. Es un personaje que cumple correctamente su función narrativa, aunque está lejos de ser una de las actuaciones más memorables de la película.

Si tuviera que señalar el punto más débil de Brand New Day, definitivamente sería su villana. Estamos hablando de una mutante sumamente importante dentro del universo de Marvel y su presencia tiene momentos interesantes. Sin embargo, nunca terminé de sentir que representara una amenaza del tamaño que esta nueva etapa de Spider-Man necesitaba. Después del crecimiento que vive Peter Parker, creo que la película habría funcionado todavía mejor con un antagonista mucho más ligado a su galería clásica de enemigos.

Spider-Man posee algunos de los villanos más icónicos de toda la industria del cómic y considero que cualquiera de ellos habría servido para potenciar aún más esta historia.

Aun así, tengo la sensación de que la elección de Jean como antagonista responde más a los planes futuros del Universo Cinematográfico de Marvel que a las necesidades específicas de esta película. Todo apunta a que su participación será importante para conectar los siguientes acontecimientos del MCU, por lo que probablemente entenderemos mejor su papel conforme avance esta nueva etapa.

Visualmente, la película mantiene un nivel muy sólido. Los efectos especiales cumplen, las escenas de acción están muy bien dirigidas y, sobre todo, la cámara sabe aprovechar los movimientos de Spider-Man por la ciudad para transmitir esa sensación de velocidad y libertad que siempre ha caracterizado al personaje.

Al terminar la función me di cuenta de algo. No salí pensando en los cameos, en las referencias o en cuál será la siguiente película de Marvel. Salí pensando en Peter Parker.

Y creo que ese es el mayor cumplido que puedo hacerle a Spider-Man: Brand New Day. Después de tantos años, Marvel finalmente entendió que el corazón de Spider-Man nunca han sido los Vengadores, ni las armaduras de alta tecnología, ni las amenazas multiversales. Siempre ha sido un joven común que, aun cuando siente miedo, dolor y soledad, decide levantarse una vez más para hacer lo correcto.

Ese es el Spider-Man con el que crecimos muchos. El que me hizo recordar tantas tardes viendo la serie animada de los noventa. El héroe que nunca necesitó ser el más poderoso para convertirse en el más querido y por fin, después de cuatro películas, siento que Tom Holland encontró esa versión definitiva de Peter Parker.

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