Internet lleva años obsesionado con los Backrooms. Lo que comenzó como una simple imagen perdida en un foro terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos de horror más importantes nacidos completamente de la cultura digital. Ese concepto de “noclipear” fuera de la realidad y aparecer atrapado en un laberinto infinito de oficinas amarillas, alfombras húmedas, luces fluorescentes y silencio incómodo conectó con millones de personas porque apelaba a algo muy específico: el miedo a los espacios vacíos y familiares al mismo tiempo. Y sinceramente, cuando anunciaron que A24haría una película de Backrooms, tenía muchísimas dudas sobre cómo iban a trasladar esa sensación al cine sin que perdiera su esencia.
Antes de continuar quiero agradecer a Imagem Films MX por la invitación a la función especial de esta película.
Pero algo que hace muy bien esta película es entender que los Backrooms nunca se trataron únicamente de monstruos o criaturas escondidas entre las sombras. El verdadero terror aquí es psicológico. Es esa sensación constante de estar perdido en un lugar que parece no tener salida. Un espacio donde cada habitación luce parecida, donde el tiempo deja de sentirse real y donde poco a poco empiezas a sentirte atrapado junto con los personajes.
Y honestamente hubo momentos donde yo mismo terminé sintiéndome ansioso viendo la película. No por un jumpscare barato ni porque apareciera algo grotesco de golpe, sino por la construcción tan incómoda de la atmósfera. Hay escenas larguísimas caminando entre pasillos interminables, escuchando únicamente el zumbido de las lámparas fluorescentes y el eco de los pasos, que poco a poco comienzan a hacerte sentir desesperado. Hubo un punto donde literalmente pensé: “ya quiero salir de aquí”. Y creo que cuando una película logra transmitirte físicamente esa incomodidad, significa que hizo muy bien su trabajo.
Visualmente es una locura. Kane Parsons consigue capturar esa estética liminal de internet de una manera impresionante. Todo se siente viejo, vacío y fuera del tiempo. Las habitaciones parecen lugares reales, pero al mismo tiempo tienen algo profundamente incorrecto. Esa sensación de reconocer el entorno pero sentir que algo está mal se mantiene durante prácticamente toda la película. Hay tomas donde simplemente observas un pasillo vacío y aun así sientes tensión, porque nunca sabes qué puede aparecer al fondo… o si realmente quieres descubrirlo.
La fotografía juega muchísimo con colores apagados y luces artificiales que hacen que cada escenario se vea enfermizo. Y el diseño sonoro merece muchísimo reconocimiento porque probablemente es uno de los elementos más importantes de toda la experiencia. El sonido constante de la electricidad, las habitaciones silenciosas y esos pequeños ruidos lejanos terminan convirtiéndose en algo desesperante. Hay momentos donde el silencio pesa demasiado. Incluso cuando aparentemente “no pasa nada”, la película logra mantenerte incómodo.
También agradecí muchísimo que no intentaran sobreexplicar todo. Algo que suele pasar con muchas adaptaciones modernas es que quieren convertir cada misterio en un enorme universo lleno de respuestas, reglas y explicaciones innecesarias. Aquí todavía existe incertidumbre. Los Backrooms siguen sintiéndose como algo imposible de comprender completamente. Y honestamente eso los hace mucho más aterradores. Porque el miedo más fuerte casi siempre viene de lo desconocido.
Otra cosa que me gustó bastante es cómo la película abraza totalmente su origen de internet. No intenta alejarse de la estética analógica ni hacer que todo luzca excesivamente pulido o comercial. Conserva esa vibra experimental que tenían los videos originales de YouTube, y eso hace que por momentos se sienta más como una pesadilla encontrada en una vieja cinta VHS que como una producción tradicional de Hollywood.
Eso sí, definitivamente no es una película para todo el mundo. Hay personas que probablemente salgan diciendo que es lenta o que “no ocurre gran cosa”. Y sinceramente puedo entender por qué. Backrooms apuesta más por el terror atmosférico y psicológico que por el horror convencional. Aquí la tensión nace de la repetición, del aislamiento y de esa sensación constante de no encontrar salida. No busca darte sustos cada cinco minutos; busca meterte en un estado de incomodidad permanente.
Y creo que justamente ahí radica lo especial de esta película. Porque termina conectando con miedos muy reales y cotidianos. Mientras la veía no podía dejar de pensar en esa sensación extraña de quedarte solo en un centro comercial vacío, en un edificio de oficinas después de horas o en un salón abandonado donde el silencio empieza a sentirse demasiado pesado. Esa sensación incómoda que todos hemos vivido alguna vez aquí se transforma en una experiencia completa de horror.
Además, resulta bastante impresionante pensar que todo esto nació prácticamente de una idea viral en internet creada por un joven cineasta apasionado por el horror analógico. Ver cómo Kane Parsons logró convertir algo tan experimental en una película con identidad propia demuestra muchísimo talento. Y sinceramente se siente refrescante ver una propuesta de terror que no intenta parecerse a todas las demás.
Al final, Backrooms no solo funciona como película de terror; funciona como una experiencia sensorial y psicológica. Es de esas películas que probablemente no vas a olvidar rápido porque más allá de los monstruos o los sustos, lo que realmente se queda contigo es la sensación. Esa ansiedad silenciosa de estar atrapado en un lugar infinito donde todo parece familiar… pero profundamente incorrecto.
