¿Vale la pena ver Zona de Riesgo?
Definitivamente sí.
Hay algo que siempre he disfrutado mucho como cinéfilo: entrar a una sala sin saber demasiado sobre la película que estoy a punto de ver. En una época donde los avances muchas veces terminan contando media historia, donde las redes sociales se llenan de teorías y donde es prácticamente imposible escapar de los spoilers, llegar a una función con el menor conocimiento posible se ha convertido casi en un lujo.
Eso fue exactamente lo que me ocurrió con Zona de Riesgo. Sabía que Aaron Taylor-Johnson formaba parte del elenco y, siendo sincero, eso ya era suficiente para despertar mi interés. También tenía el título, que de cierta forma te permite imaginar que estarás frente a una historia llena de tensión, peligro y situaciones límite. Pero fuera de eso, no sabía prácticamente nada.
Antes de seguir con la reseña quiero agradecer a Diamond Films por habernos invitado a la función de prensa.
Pero bueno, continuando qué buena decisión fue mantenerme así, es decir si no haberme adentrado tanto a la trama antes de ver la película y es que no estoy exagerando cuando digo que la película logró atraparme desde el segundo uno. Es algo que rara vez me sucede. Normalmente necesito algunos minutos para conectar con la historia, entender quiénes son los personajes o descubrir cuál será el conflicto principal. En otros casos, únicamente ocurre cuando se trata de alguna franquicia que llevo años siguiendo y a la que ya llego emocionalmente involucrado.
Pero aquí fue diferente, desde el momento en que la película comienza, se siente una energía especial. Hay una sensación de urgencia constante, una atmósfera que te obliga a prestar atención y que poco a poco te va absorbiendo. Antes de que te des cuenta ya estás completamente involucrado en lo que está sucediendo en pantalla, tratando de entender cómo se conectan las piezas y hacia dónde se dirige toda esa tensión.
Lo que más me sorprendió es que la película nunca deja que esa tensión desaparezca. Muchas producciones empiezan muy fuerte, presentan una premisa interesante y después se desinflan a mitad del camino. Zona de Riesgo consigue evitar eso gracias a un ritmo bastante bien manejado. Siempre está ocurriendo algo. Siempre existe una nueva información, una nueva revelación o un nuevo movimiento que mantiene la historia avanzando.
La premisa por sí sola ya resulta bastante atractiva. Todo gira alrededor de una situación de emergencia que termina desencadenando una serie de eventos mucho más grandes de lo que aparentan inicialmente. Lo interesante es que la película no se conforma con ser únicamente un thriller de acción. Conforme avanzan los minutos, comienza a incorporar elementos de intriga, conspiración y hasta momentos donde constantemente te preguntas quién está diciendo la verdad y quién está manipulando la situación para obtener algún beneficio.
Y eso es precisamente lo que hace que la experiencia sea tan entretenida, hay pelis que intentan ser inteligentes complicando innecesariamente sus historias. Aquí ocurre lo contrario. La trama es fácil de seguir, pero está construida de una manera que constantemente genera preguntas en la mente del espectador. Cuando crees que ya entendiste lo que está pasando, aparece un nuevo giro que modifica el panorama. Algunos son más efectivos que otros, claro, pero en general funcionan muy bien para mantener el interés.
Aaron Taylor-Johnson vuelve a demostrar por qué es uno de los actores más interesantes de su generación. Desde hace años ha demostrado una enorme versatilidad, pasando de proyectos de acción a dramas y producciones más ambiciosas, y aquí vuelve a ofrecer una actuación sólida que ayuda muchísimo a sostener la película.
Tiene esa presencia que pocos actores poseen. Incluso en las escenas más tranquilas logra transmitir que algo importante está ocurriendo. Su lenguaje corporal, sus expresiones y la manera en que interactúa con el resto del elenco ayudan a construir gran parte de la tensión que se respira durante toda la película.
Y hablando del elenco, la química entre los personajes es otro de los elementos que ayudan a que la historia funcione. Las interacciones se sienten naturales y, cuando llegan los momentos de mayor presión, realmente percibes que todos están reaccionando ante una situación que podría salirse de control en cualquier instante.
Uno de los aspectos que más disfruté fue cómo la película logra jugar con las expectativas del espectador. En varias ocasiones pensé que sabía exactamente cuál sería el siguiente paso de la historia, pero terminaba ocurriendo algo diferente. No necesariamente porque la película busque sorprender con giros imposibles o exagerados, sino porque entiende perfectamente cómo mantener la incertidumbre.
Y eso me recordó mucho a ciertos thrillers de finales de los noventa y principios de los dos mil, aquellas películas que no dependían de explosiones gigantescas cada cinco minutos ni de secuencias imposibles generadas por computadora. Películas que confiaban en la tensión, en la construcción del misterio y en mantener al espectador involucrado mediante una historia bien contada. Mientras veía Zona de Riesgo, no pude evitar pensar en esa clase de producciones que simplemente buscaban entretener y mantenerte pegado a tu asiento disfrutando de tus deliciosas palomitas
La película entiende perfectamente cuál es su objetivo y nunca pierde el rumbo, no intenta convertirse en algo que no es. No busca enviar mensajes grandilocuentes ni reinventar las reglas del género. Su intención es ofrecer una experiencia emocionante, llena de suspenso, tensión y entretenimiento, y cumple con ello de manera bastante efectiva.
De hecho, uno de los mayores elogios que puedo hacerle es que jamás sentí la necesidad de revisar la hora. Puede parecer algo simple, pero todos hemos visto películas donde, a mitad de la función, comenzamos a preguntarnos cuánto falta para que termine. Aquí ocurrió exactamente lo contrario, estaba tan involucrado en lo que sucedía que el tiempo pasó volando y eso, para mí, siempre es una señal de que una película está haciendo bien las cosas.
Al salir de la sala me quedé pensando en lo raro que resulta encontrar producciones así actualmente. Películas que no pertenecen a una franquicia gigantesca, que no dependen de décadas de nostalgia acumulada y que tampoco necesitan construir un universo cinematográfico para justificar su existencia.
No todas las películas necesitan cambiar nuestra vida o redefinir el género. Algunas simplemente buscan mantenernos al borde del asiento durante un par de horas y hacernos salir del cine con una sonrisa de satisfacción y como lo dije, precisamente eso fue lo que me ocurrió con Zona de Riesgo.
Entré sin expectativas, sin conocer demasiado sobre la trama y únicamente motivado por la presencia de Aaron Taylor-Johnson. Salí sorprendido, entretenido y con la sensación de haber descubierto una de esas películas que quizá no dominarán las conversaciones de fin de año, pero que sí cumplen perfectamente con su misión de mantenerte completamente atrapado desde el primer minuto hasta el último.
Y créanme, conseguir eso hoy en día vale muchísimo más de lo que parece.
Disfrútala en Cinépolis a partir de este Jueves 28 de Mayo.
