Antes que nada, agradecemos a Corazón Films por habernos permitido ver esta película y a nuestro medio, Frames, por abrirnos el espacio para compartirles esta reseña.
La nueva cinta de terror Dolly, dirigida y coescrita por Rod Blackhurst, llega el 28 de mayo de 2026 con una propuesta que revive el espíritu del slasher setentero. La premisa es sencilla: una pareja, Chase y Macy, se va de excursión al bosque, pero en lugar de encontrar paz y naturaleza, se topan con una mujer trastornada que quiere convertir a Macy en su “muñeca viviente”. Desde ahí, la historia se convierte en un desfile de sangre, gritos y decisiones tan absurdas que hacen que uno se pregunte si los personajes dejaron el cerebro en casa.
La película está filmada en 16 mm, lo que le da un look sucio y granulado que recuerda a las cintas de VHS que uno veía escondidas en la videoteca del primo mayor. Esa textura transporta al espectador a los años 70, con un aire de cine grindhouse que se siente auténtico. El homenaje a The Texas Chainsaw Massacre es clarísimo: desde la estética visual hasta el nombre de un personaje llamado Toby, en referencia a Tobe Hooper.
Y sí, el gore está a la orden del día: tripas, sangre y efectos prácticos tan bien logrados que uno termina aplaudiendo al equipo de maquillaje por su creatividad. El director sabe que el público viene por la carnicería y no decepciona. Eso sí, se agradece que la violencia se mantenga en el terreno de lo gráfico y no cruce hacia lo sexual, lo que hace que el espectáculo sea brutal pero no explotador.
El problema es que los personajes parecen competir por el premio al más despistado. Macy, la protagonista, toma cada decisión equivocada posible: en lugar de agarrar un arma, se pone a revisar cajones; en vez de huir en coche, se baja a contemplar el paisaje; y cuando debería correr, se queda mirando al horizonte como si estuviera en un comercial de shampoo. Uno termina rogando que la villana Dolly la atrape de una vez, porque la paciencia se agota.
Considero que no es culpa de la actriz Fabian Theres, que hace un buen trabajo, ni de los secundarios como Shawn William Scott y Ethan Supley, que cumplen con creces. La verdadera falla está en el guion flojo, que no da personajes con los que el público pueda conectar.
Eso sí, la villana Dolly, interpretada por la luchadora profesional Max the Baylor, es imponente y aterradora, logrando que cada aparición suya se sienta como una amenaza real. Su presencia física y su mirada perturbadora son lo que realmente elevan la película, convirtiéndola en un personaje que podría sostener una franquicia si se le da más trasfondo en futuras entregas.
La atmósfera de la película es asfixiante, con escenarios boscosos que parecen sacados de un sueño febril. El uso de la cámara y la iluminación refuerzan esa sensación de estar viendo algo prohibido, como una cinta perdida que nunca debió salir de la caja de VHS. Es un viaje incómodo, pero justamente ahí está su encanto para los fanáticos del género.
En conclusión, Dolly es un festín de gore para los amantes del cine trash y los slasher clásicos. Si lo tuyo es ver sangre y vísceras con efectos prácticos de primera, aquí encontrarás diversión. Pero si esperas personajes inteligentes o una historia profunda, mejor lleva abanico porque lo que vas a sudar es paciencia.
Si en el futuro deciden hacer una secuela, lo que pedimos es sencillo: un personaje con neuronas y un poco más de trasfondo para Dolly. Con eso, podrían tener un verdadero clásico moderno en sus manos. Por ahora, es un experimento entretenido, frustrante en ocasiones, pero con suficiente personalidad para dejar huella en la cartelera de terror.
