Cuando se anunció que Liam Neeson protagonizaría un reboot de ¿Dónde está el policía?, muchos levantamos una ceja (o ambas). ¿El mismo actor que nos dio discursos implacables por teléfono en Búsqueda implacable ahora interpretaría al torpe y querido teniente Frank Drebin? Sonaba a experimento improbable… pero también irresistible.
Y para sorpresa de todos, funciona.
Y no solo funciona: es divertidísima.
Antes de continuar, quiero agradecer a Paramount México por la invitación.
Lejos de ser una copia burda del clásico de 1988, esta nueva entrega respeta profundamente el espíritu de la original, pero lo traslada con inteligencia al mundo moderno. La sátira sigue presente, el humor visual se multiplica, y cada escena es una trampa lista para estallar en carcajadas. Pero no es nostalgia lo que sostiene esta nueva versión, sino el compromiso absoluto con el caos.
Liam Neeson, contra todo pronóstico, es un Drebin perfecto. Su tono grave, su presencia seria y su historial como héroe de acción juegan a su favor. Es justo ese contraste —entre lo solemne y lo absurdo— el que convierte cada tropiezo, cada malentendido y cada escena exagerada en un golpe directo a la risa. Neeson interpreta a Drebin como si estuviera en una película de espías seria, y eso hace que cada situación ridícula se sienta aún más cómica.
La película está repleta de gags visuales, frases fuera de lugar, persecuciones torpes y accidentes imposibles. Pero lo más interesante es que no tiene miedo de cruzar ciertas líneas con su humor. Varios de los chistes son fuertes, con doble sentido, atrevidos e incluso algo incorrectos… pero nunca se sienten ofensivos o gratuitos. Más bien, evocan ese tipo de risa nerviosa que solo la buena comedia puede provocar, la que nace de saber que estás viendo algo que no debería estar ahí… pero que simplemente funciona.
Desde una secuencia en la que Drebin arruina un funeral de Estado por confundir al cadáver, hasta una escena romántica absurda con un muñeco de nieve viviente (sí, leíste bien), la película se lanza sin freno por la autopista del absurdo, sin frenar para pedir permiso. Y en ese recorrido, recupera un tipo de humor que ya no se ve en el cine actual: el slapstick bien ejecutado, el chiste visual planeado al milímetro, la parodia que se ríe del género que ama.
Acompañado por Pamela Anderson (que sorprende con un timing cómico más afinado de lo esperado), Neeson lidera una comedia que se atreve a ser torpe, vulgar y exagerada… pero también muy bien dirigida y escrita. El ritmo no decae, la producción luce pulida, y si bien algunos chistes pueden parecer demasiado, es parte del contrato que uno firma al entrar a este universo donde el ridículo no solo es bienvenido: es ley.
¿Tiene momentos flojos? Sí, como toda comedia de ritmo vertiginoso, no todos los chistes caen de pie. Pero la mayoría sí. Y cuando lo hacen, lo hacen con fuerza. Lo más importante es que la película no se contiene, no intenta ser “moderna y segura”, sino que apuesta por el tipo de comedia que se echa de menos: la que se ríe de todo, incluyéndose a sí misma.
En un mundo donde muchos reboots fallan por querer ser más profundos o más “cool” que su versión original, este ¿Dónde está el policía? opta por ser simplemente lo que debe ser: estúpidamente gracioso. Y lo logra con creces.
Olvídate del estrés y disfrútala en cinépolis
