Cine Reviews | La Venus Eléctrica

Gracias a Cine Caníbal por invitarnos a la función de preestreno de La Venus Eléctrica, la película de Pierre Salvadori que inauguró el Festival de Cannes y que hoy llega a los cines de México. Su protagonista se gana la vida cobrando por dar besos que dan toques, pero el trabajo que de veras la mete en problemas es uno que acepta por diez francos.

Estamos en el París de 1928. Suzanne (Anaïs Demoustier) trabaja en un circo ambulante donde la anuncian como la Venus Eléctrica. Su número tiene poca ciencia, al menos para el público. Un hombre se acerca, ella le planta un beso y los dos sienten la descarga. Una noche, mientras Suzanne está de casualidad en la carpa de la adivina, entra Antoine (Pio Marmaï), un pintor que viene bastante tomado y quiere hablar con su esposa fallecida. Suzanne intenta zafarse hasta que él saca un billete de diez francos. Para alguien que anda sin un centavo, es un dineral. Ella acepta hacerse pasar por médium y, desde ese momento, Antoine tiene motivos para volver y Suzanne cada vez menos maneras de decirle la verdad.

Les confieso que durante los primeros veinte minutos tuve mis dudas. El enredo se entendía tan rápido que me preguntaba hasta dónde podía llegar la película con él. Lo curioso es que acabé agradeciendo que Salvadori se tomara su tiempo. Cuando entra en juego la lectura de un diario, la historia empieza a ir y venir entre el presente y el pasado. Las primeras transiciones son bastante sencillas, pero cada vez hay más juego en la forma de pasar de una época a otra. Y en esos recuerdos aparece Vimala Pons, que con cada película que le veo me gusta más. Aquí consigue que uno tenga tantas ganas de volver a las páginas de ese diario como de enterarse de qué va a hacer Suzanne para salir del apuro.

El reparto fue lo que terminó de ganarme. Ya me gustaban Demoustier, Marmaï, Gilles Lellouche y Pons, y además me llevé un gusto con Gustave Kervern, que está excelente en su papel. Hay una dificultad muy bonita en lo que hacen Demoustier y Marmaï juntos. Para ella, esa primera consulta es una mentira que tiene que improvisar sobre la marcha. Para él, es la posibilidad de volver a escuchar a alguien que extraña. Me podía reír del aprieto de Suzanne y, al mismo tiempo, entender perfectamente por qué Antoine quería creerle. Cuando la comedia encuentra ese punto, funciona de maravilla. Hubo chistes que pasaron de largo y otros con los que toda la sala, yo incluido, soltó la carcajada.

Por el lado del romance también me llevé una sorpresa. Yo esperaba una historia de amor y acabé siguiendo dos, quizá hasta tres, según desde dónde las miren. Les dejo el gusto de descubrir entre quiénes. Algunos de los últimos giros sí los vi venir, pero para entonces ya me importaba ver cómo iban a reaccionar los personajes. Además, la película tiene un romanticismo muy a la antigua que los actores sostienen con toda naturalidad. Hay momentos que, si yo se los platicara, sonarían bastante cursis. Viéndolos en pantalla, se los compré.

Donde sí me costó entrar por completo fue en la recreación del París de los años veinte. Hay escenarios en los que basta un vistazo para sentirse en 1928, y otros en los que el vestuario o una calle me daban la impresión de estar viendo el París de hoy. También me quedé con ganas de que Salvadori se soltara un poco más con el mundo del circo. Entre una mujer que da toques al besar y una carpa donde la gente espera noticias del más allá, había mucho espacio para jugar con lo fantástico. Los pocos detalles que se asoman por ese lado me gustaron lo suficiente como para extrañarlos después.

Al final entendí por qué eligieron La Venus Eléctrica para abrir Cannes. Salí de la función de buen humor y, al pensar en ella después, volví a las consultas de Suzanne, a las páginas del diario y a las carcajadas que compartí con la sala. Los detalles que me sacaron de época pesaron bastante menos que el gusto de pasar un rato con estos personajes.

La Venus Eléctrica se estrena hoy, 5 de noviembre. Vayan a verla a Cinépolis y luego me cuentan qué les dio más nervios, si recibir uno de los besos de Suzanne o tener que inventarle una respuesta a Antoine.

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