Cine Reviews | Resident Evil: Noche Cero

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Resident Evil Noche Cero, la película de esta franquicia que siempre quise ver.

Antes de comenzar esta reseña quiero agradecer a Sony Pictures México por la invitación a esta increíble función.

Soy videojugador desde los años noventa y, si hay una franquicia que prácticamente ha estado presente durante buena parte de mi vida, esa es Resident Evil. He jugado prácticamente todos los juegos de la saga, desde aquellos primeros títulos que disfruté en PlayStation, pasando por sus versiones en Nintendo 64 y las diferentes entregas que llegaron posteriormente a PlayStation 2, Xbox, Xbox 360 y las generaciones que siguieron. No puedo decir que conozca absolutamente cada detalle del universo de Resident Evil, pero sí tengo la suficiente experiencia con la franquicia como para saber qué se siente jugar uno de estos títulos y, sobre todo, qué elementos hacen que Resident Evil sea Resident Evil.

Por eso, cuando terminé de ver Resident Evil: Noche Cero, lo primero que pensé fue: esta es la película que yo, Dios Gokú, hubiera querido ver a principios de siglo, cuando vi por primera vez una película de Resident Evil. Y lo digo porque durante muchos años hemos tenido una discusión que parece no terminar nunca: ¿se puede adaptar correctamente un videojuego al cine? Personalmente creo que no necesariamente se trata de copiar un videojuego escena por escena. Pasa exactamente lo mismo con los libros. Cuando llevas una historia de un medio a otro tienes que hacer ajustes, cambiar determinadas cosas y encontrar la manera de que aquello funcione cinematográficamente. El problema aparece cuando esos cambios terminan alejándose tanto de la obra original que solamente queda el nombre.

Aquí ocurre algo completamente diferente. Resident Evil: Noche Cero entiende la esencia de Resident Evil, y eso, para mí, es muchísimo más importante que ver a un personaje específico o repetir exactamente la historia de alguno de los videojuegos. La película está dirigida por Zach Cregger, quien ya había demostrado con Barbarian y Weapons que tiene una manera bastante particular de trabajar el terror. Para esta ocasión decidió construir una historia nueva dentro del universo de Resident Evil, protagonizada por Bryan, un mensajero médico interpretado por Austin Abrams, en lugar de intentar meter a la fuerza a Leon, Claire, Chris o Jill dentro de la historia. De hecho, la intención de Cregger fue recrear la experiencia de los videojuegos y no simplemente adaptar uno de ellos, tomando inspiración de diferentes elementos de la saga.

Y creo que esa decisión fue un completo acierto, porque Bryan no es un soldado, no es un agente especial y tampoco es un héroe que mágicamente sabe cómo enfrentarse a una horda de zombies y criaturas mutantes. Es una persona común que termina atrapada en una situación completamente fuera de su comprensión. Justamente ahí encontré una de las cosas que más disfruté de la película: la actuación de Austin Abrams funciona porque Bryan reacciona como creo que reaccionaría prácticamente cualquiera de nosotros si de repente se encontrara en medio de un brote de zombies y criaturas que desafían completamente nuestra realidad. No sabe qué está pasando, no entiende qué está viendo, no sabe en quién confiar y, sobre todo, no tiene idea de qué demonios está haciendo. Eso hace que muchas de sus decisiones se sientan mucho más humanas, porque hay momentos en los que actúa impulsivamente y toma decisiones que parecen tontas, pero después entiendes que está reaccionando desde el miedo y la desesperación.

Cuando estás aterrorizado y tienes la sensación de que en cualquier momento puedes morir, tu capacidad para tomar decisiones racionales se va al demonio. Y ahí entra una de mis escenas favoritas: la de las escaleras. Bryan toma una decisión en medio de la desesperación y termina tirando la escalera para escapar de una situación que lo está poniendo en peligro. En ese momento parece tener todo el sentido del mundo, hasta que después se da cuenta de que probablemente la va a necesitar. Y pensé: sí, esto es Resident Evil. Porque si has jugado los juegos, sabes perfectamente lo que significa tomar una decisión pensando solamente en sobrevivir y cinco minutos después darte cuenta de que acabas de complicarte la vida tú solito. Ese tipo de detalles son los que hacen que Noche Cero se sienta como un videojuego sin necesidad de convertirse literalmente en un videojuego.

La película también entiende perfectamente otro elemento fundamental de la saga: la sensación de estar avanzando sin saber realmente qué te espera en la siguiente habitación. En todo momento sentí que podía ocurrir cualquier cosa y eso provocó que prácticamente nunca pudiera relajarme. Llegó un punto en el que estaba pensando: “güey, ¿en qué momento voy a poder descansar un poquito?”. Porque cuando parece que Bryan finalmente encontró un lugar seguro, algo sucede; cuando crees que una situación ya terminó, aparece otra amenaza, y cuando piensas que cierto personaje podría convertirse en alguien importante para la historia, la película te recuerda que aquí nadie tiene garantizado absolutamente nada.

Y esto me lleva a algo que me parece todavía más interesante: no llegas a casarte con ningún personaje. Aquí ya estamos entrando directamente en terreno de spoilers, porque la película no tiene problema en quitarte personajes que pensabas que iban a acompañar a Bryan durante buena parte de la historia. No existe esa sensación de que determinado personaje tiene que sobrevivir porque es “importante”. La película constantemente te hace sentir que cualquiera puede morir, y eso genera una tensión que muchas películas de terror pierden porque sabes perfectamente quién va a llegar vivo al final. Aquí no, y eso hace que cada encuentro tenga mucho más peso.

También me gustó muchísimo cómo se maneja el concepto de los monstruos. La película no intenta convertirlos simplemente en enemigos genéricos que aparecen para que Bryan tenga algo que enfrentar. Muchas de las criaturas se sienten como una evolución natural de esa pesadilla biológica que conocemos de los videojuegos. Además, hay varios momentos que claramente parecen construidos con la lógica de un juego: encontrar algo que necesitas para avanzar, regresar a un lugar que ya habías visitado, resolver situaciones con los elementos que tienes disponibles y utilizar el escenario como parte de la supervivencia. Incluso visualmente existen decisiones que recuerdan muchísimo a la experiencia de jugar Resident Evil, y eso se nota en la manera en que utiliza los espacios, la tensión y la progresión de las amenazas.

Y aquí quiero detenerme en algo que me parece fundamental: Resident Evil: Noche Cero no necesita que conozcas Resident Evil para disfrutarla. Creo que alguien que jamás haya tocado un videojuego de la franquicia puede entrar al cine, sentarse y disfrutar perfectamente la película. Y probablemente terminaría preguntándose: “¿Qué demonios es todo esto?”, “¿de dónde salió esta organización?”, “¿qué está pasando con estas criaturas?” o “¿qué ocurrió antes?”. Y para mí eso es una excelente señal, porque significa que la película funciona como película, pero al mismo tiempo deja suficientes elementos para que alguien que no conoce la franquicia tenga curiosidad por descubrirla.

Para quienes sí conocemos los juegos, en cambio, hay otra capa de diversión. No necesariamente porque tengamos que reconocer una escena específica o porque aparezca nuestro personaje favorito, sino porque entendemos la lógica detrás de muchas situaciones. Sabemos lo que significa entrar a un lugar que parece demasiado silencioso, sabemos que si encontramos un objeto aparentemente inútil probablemente lo vamos a necesitar después, sabemos que cuando una puerta se cierra detrás de nosotros probablemente algo horrible está a punto de suceder y sabemos que cuando el juego nos da un pequeño momento para respirar, probablemente lo mejor es prepararnos porque algo viene. Eso es Resident Evil.

Y creo que Zach Cregger entendió algo que otras adaptaciones cinematográficas no habían conseguido entender del todo: no necesitas reproducir el videojuego para hacer una buena película de Resident Evil. Necesitas comprender por qué jugar Resident Evil resulta tan adictivo y tan aterrador. En mi caso, iba con expectativas bastante neutras, y era lógico. Después de tantos años y de tantas adaptaciones, uno aprende a no emocionarse demasiado. Ya hemos visto películas que utilizan el nombre de Resident Evil pero terminan convirtiéndose en otra cosa, así que la verdad pensaba que me iba a encontrar con algo medio random. Incluso con los antecedentes recientes de otras adaptaciones de videojuegos que prometían bastante, preferí llegar sin esperar demasiado.

Y quizá precisamente por eso el golpe fue todavía mayor, porque me sorprendió muchísimo. Terminé la película pensando que, después de tantos años, finalmente estaba viendo en una pantalla grande algo que se acercaba mucho a esa sensación que tenía cuando jugaba Resident Evil de niño. No porque fuera exactamente igual, sino porque me hizo sentir algo parecido: la desesperación, la incertidumbre, la sensación de estar atrapado, el miedo de avanzar, la necesidad de administrar lo que tienes y esa sensación de que, aunque acabes de sobrevivir a algo horrible, probablemente lo siguiente será todavía peor.

Para mí, esa es la verdadera victoria de Resident Evil: Noche Cero. No intenta ser una copia de Resident Evil 2, no intenta convertir a Bryan en Leon Kennedy y no necesita poner a todos los personajes conocidos de la franquicia en una misma habitación para demostrar que pertenece a este universo. Simplemente toma la esencia de Resident Evil y construye una historia propia alrededor de ella, y funciona al grado de que, como fan de la franquicia desde los noventa, puedo decir algo que jamás pensé que iba a decir después de tantas adaptaciones: esta es la película de Resident Evil que yo hubiera querido ver cuando era más joven.

La que me hubiera hecho salir del cine pensando en volver a jugar los videojuegos, la que me hubiera hecho llegar a casa y poner nuevamente mi PlayStation para regresar a Raccoon City y la que, en lugar de preguntarme qué tanto se parece al videojuego, me hace pensar en lo mucho que se siente como uno. Y para mí, ahí está la diferencia. Resident Evil: Noche Cero no adapta un videojuego; adapta la sensación de jugarlo. Y eso, después de casi tres décadas de Resident Evil, es algo que personalmente agradezco muchísimo.

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