La Historia del Sonido es un nuevo drama histórico romántico dirigido por Oliver Hermanus, cineasta que ya había demostrado su sensibilidad en películas como Mafi y Living. Aquí nos presenta a Lionel (Paul Mescal) y David (Josh O’Connor), dos jóvenes que durante la Primera Guerra Mundial emprenden un viaje para grabar las voces y canciones de los habitantes de Estados Unidos. Lo que comienza como un proyecto musical se convierte en una exploración íntima sobre el poder del sonido y la música, y también sobre el amor en tiempos donde no era fácil vivirlo abiertamente.
La película alcanza sus momentos más altos cuando se centra en la música. Ver a Paul Mescal cantar por primera vez como Lionel es un instante que se siente profundo y conmovedor, y cada encuentro con personas que expresan su cultura a través de canciones tradicionales refuerza la idea de que el sonido guarda memoria y que la música es un lenguaje universal. La fotografía de Alexander Dyn es cercana, íntima y hermosa, logrando que cada nota y cada silencio se sientan en la piel.
El romance entre Lionel y David está lleno de capas: pasión, ternura, distancia y soledad. Hermanus lo aborda con delicadeza, sin caer en lo obvio, mostrando tanto los momentos de conexión como los de desconexión. Es cierto que la historia amorosa recorre algunos caminos familiares, pero la química entre Mescal y O’Connor mantiene todo vivo. Paul Mescal, en particular, entrega una actuación magnética, vulnerable y poderosa, capaz de sostener la película incluso en sus pasajes más contemplativos.
La narrativa tiene algunos problemas de ritmo y estructura, sobre todo en la primera mitad, que puede sentirse episódica y menos envolvente. Sin embargo, conforme avanza la trama y la vida de Lionel se vuelve más compleja, la película gana fuerza y revela capas emocionales que la hacen más rica. El epílogo, con Chris Cooper interpretando a un Lionel mayor, ata los hilos de manera conmovedora y deja un eco que permanece después de los créditos. Y aunque no puedo revelar detalles, el giro de tuerca hacia el final es uno de esos momentos que elevan la experiencia y le dan un peso inesperado.
El guion de Ben Shadic aporta ideas que resuenan y se quedan contigo, aunque no siempre logre la consistencia narrativa que uno esperaría. Aun así, La Historia del Sonido tiene algo especial: un mensaje claro sobre la fuerza de la música y la manera en que puede unir a las personas, incluso en medio de la guerra y la distancia.
Quiero agradecer de manera especial a Cine Caníbal por invitar a Frames a la función de prensa. No todos los días se tiene la oportunidad de escuchar una película que literalmente vibra con la música y que nos recuerda que el sonido también es historia, memoria y emoción.
La Historia del Sonido no es perfecta, pero sí es una obra que se atreve a ser íntima, contemplativa y profundamente humana. Una película que habla de amor, de música y de cómo ambos pueden convertirse en refugio en tiempos de incertidumbre.
