Cine Reviews | Un Hombre por Semana

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¿El amor es castigado hoy en día? es una pregunta fuerte pero que me resonó muy fuerte después de ver Un Hombre por Semana. Y es que el amor es tan mal visto hoy en dia, es diculo si se demuestra, es riesgosos si se vive, y es aburrido si perdura, vivimos blindados contra él. Hablamos como paranoicos emocionales de red flags y green flags, de lo que merecemos, de lo que necesitamos, de lo que alguien debe o no ser para convertirse en una “pareja ideal”. Hemos convertido el vínculo en un checklist y el afecto en una negociación constante, como si amar fuera un riesgo que hay que minimizar.

Y Un hombre por Semana parte justo desde ahí, pero lo hace desde un lugar poco común: la ternura.

Antes de continuar quiero agradecer a Cinepolis por invitarnos a la función especial de esta película para la realización de esta reseña.

En Un Hombre por Semana conocemos a Mónica, el personaje interpretado por Ana de la Reguera, una mujer que ronda los cuarenta y tantos, que tras su divorcio decide abrirse nuevamente al mundo del romance, sin embargo, pasó tanto tiempo casada que el mundo actual de las citas le resulta conflictivo. Las aplicaciones, los catálogos humanos, las decisiones rápidas basadas en fotos y descripciones mínimas… todo ese sistema de consumo emocional es completamente ajeno para ella.

Mientras el mundo se mueve entre estándares, exigencias y desconfianza, Mónica sigue buscando romance. No desde la ingenuidad tonta, sino desde una honestidad emocional que hoy parece fuera de lugar. Ella todavía cree en el amor verdadero, y eso —paradójicamente— la vuelve vulnerable en un entorno que premia el desapego y castiga la ilusión.

Pero eso no vuelve la película un drama, es una comedia muy bien pulida, que se mueve entre burlarse de estas figuras que se vuelven arquetipos sociales como el “fifas” “el cripto bro” y los personajes con un poco más de personalidad.

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Cada cita semanal es una experiencia distinta: hombres que no valen la pena, personas pasajeras, vínculos que no prosperan y otros que terminan transformándose en amistad. No hay grandes villanos ni viajes épicos, es solo la mirada a una parte de la vida de una mujer que ha decidido dar un paso más en su vida, a veces conociendo a gente rota, confundida, pasajera, divertida, aburrida o emocionalmente indisponible, algo muy reconocible en el mundo real.

Lo más valioso es que Un hombre por semana no ridiculiza el romanticismo de su protagonista ni la obliga a “aprender la lección” de volverse fría o cínica para encajar. Al contrario, plantea una pregunta incómoda:
¿el problema es creer en el amor… o el mundo que nos enseñó a desconfiar de él?

Mónica parece “demasiado buena” para este sistema de citas, no porque sea moralmente superior, sino porque no se ha blindado del todo. Y quizá ahí está el verdadero conflicto de la película: en una época donde amar sin cinismo parece un error, ella decide seguir intentándolo.

Un hombre por semana se toma en serio a sus personajes, a sus emociones y a sus contradicciones, y por eso funciona. Y aunque seguramente habrá quien piense que necesita más profundidad, o ser más arriesgada en su mensaje, la verdad es que es una comedia muy ligera, que definitivamente cumple con darnos momentos realmente divertidos, tal vez repitiendo alguno que otro cliché que surge a mi parecer, de que no existen diferentes contextos narrativos dentro del cine mexicano, pero eso es debate para otro día.

En resumen, es una película divertida, con grandes actuaciones, incluso con algunas que sorprendieron por su origen, y que vale la pena visitar si quieres sentirte romántico, y divertirte en el proceso.

Vívela en cinépolis🍿

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