Hay películas que te hacen reír. Otras te hacen pensar. Y algunas, como Amores Materialistas, hacen ambas cosas… mientras te dejan con esa incomodidad dulce de saber que estás viendo una sátira de algo que —aunque no lo admitas— has vivido o presenciado muy de cerca.
Antes de continuar, quiero agradecer a Sony Pictures México por la invitación.
Pedro Pascal brilla con esa mezcla de encanto roto y humanidad honesta que lo ha convertido en uno de los actores más entrañables de esta generación. Su personaje, un hombre con éxito económico pero emocionalmente hueco, se cruza con Dakota Johnson, quien interpreta a una casamentera de élite —algo así como un Tinder con tacto humano—. Ella se especializa en emparejar personas basándose en sus intereses, aspiraciones y… bueno, sobre todo, su nivel económico.
La tercera en discordia es Chris Evans, quien encarna a una mujer que parece tenerlo todo, pero cuya visión del amor está completamente ligada al valor de una cuenta bancaria o el tamaño de un reloj. La química entre los tres es explosiva, pero es el subtexto lo que convierte esta comedia romántica en algo más profundo.
Porque detrás de cada diálogo ácido y cada situación absurda hay una crítica brutal —pero disfrazada con ternura— hacia la forma en que hemos convertido al amor en una transacción. Amores Materialistas no se burla de los sentimientos, sino de cómo a veces los enterramos bajo cuotas, marcas de lujo o estándares ridículos.
La película no se cohíbe con sus chistes: algunos son fuertes, incómodos incluso, pero están tan bien escritos y tan bien colocados que te provocan una carcajada sincera, seguida de una reflexión inevitable. Y eso no es fácil de lograr.
Lo interesante es que, aunque todo apunta hacia lo superficial, el mensaje va directo al corazón: puedes tener el departamento perfecto, el coche ideal y la pareja envidiable para Instagram… pero si no hay conexión real, si no hay risa después de una tragedia o silencio cómodo en medio del caos, ¿de qué sirve todo eso?
Amores Materialistas es una comedia con alma, que no pretende dar lecciones, pero termina dando varias. Una de esas películas que quizás no esperabas amar, pero cuando menos lo piensas, ya te hizo pensar en tu propia definición de amor.
Y eso vale más que cualquier diamante.
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