Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots es uno de esos juegos que durante años los fans pidieron volver a ver fuera del hardware donde nació. Fue un título prácticamente atado a PlayStation 3, mientras el resto de la saga continuaba avanzando y nuevas generaciones de jugadores comenzaban a conocer a Snake y Big Boss a través de otras entregas. Durante mucho tiempo, hablar de una versión para plataformas modernas parecía más un deseo que una posibilidad real.
Y resulta curioso que, justo al momento de escribir esta reseña, Hideo Kojima y PlayStation hayan tomado caminos separados durante el desarrollo de Physint, su nuevo proyecto que muchos consideran el sucesor espiritual de Metal Gear. Es imposible no pensar en la ironía de la situación: mientras el creador de la saga busca construir algo nuevo lejos de ella, Konami está recuperando poco a poco el legado de Metal Gear. Quizá sea una coincidencia, quizá no, pero resulta difícil no preguntarse si preservar un legado también significa saber cuándo dejar de aferrarse a él y permitir que llegue a nuevas generaciones.
En esta ocasión no tenemos un remake como ocurrió con Metal Gear Solid Delta: Snake Eater. Y, sinceramente, eso hace que esta experiencia sea todavía más interesante. Aquí no estamos viendo una reinterpretación moderna que intenta corregir o reconstruir el pasado; estamos volviendo a MGS4 tal y como fue concebido, con sus virtudes, sus excesos y también con todas esas pequeñas cosas que el paso del tiempo ha ido dejando en evidencia.
Los videojuegos han evolucionado, nuestras expectativas son diferentes y aquello que en su momento parecía impresionante puede sentirse extraño hoy. Las enormes cinemáticas, las mecánicas de sigilo, el diseño de sus escenarios y algunas de sus decisiones más particulares pertenecen a una época muy distinta. Es casi como volver a encontrarnos con Solid Snake después de tantos años y descubrir que los dos hemos envejecido.
Con Master Collection Vol. 2 parece cerrarse una etapa importante de este renacimiento de Metal Gear, recuperando algunas de las piezas que todavía faltaban por llegar a las plataformas modernas. Ahora queda preguntarnos qué será de la franquicia y qué camino tomará Konami a partir de aquí.
Comenzamos
Metal Gear Solid: Master Collection Vol. 2 llega para rescatar dos capítulos importantísimos de la saga: MGS4, la que durante años fue prácticamente la exclusiva definitiva de PlayStation 3, y Peace Walker, aquella aventura de PSP que muchos podrían pasar por alto hasta que descubren lo absurdamente importante que es para entender a Big Boss.
Y como Konami aparentemente dijo “ya que estamos, vamos a meter otra cosa”, también tenemos Metal Gear: Ghost Babel como contenido adicional, además de diferentes materiales digitales relacionados con MGS4 y Peace Walker.
Lo importante aquí es bastante sencillo: por fin podemos jugar oficialmente estos juegos en hardware moderno. Y sí, después de tantos años, ya era hora.
La PC detrás de la reseña:
Tarjeta gráfica: NVIDIA GeForce RTX 4060.
Procesador: AMD Ryzen 7 5700X
RAM: 32GB
Requisitos mínimos:
Tarjeta gráfica: NVIDIA GTX 1650
Procesador: Intel i5-9600K
RAM: 16 GB
Espacio disponible: 34 GB
Historia
Esta colección incluye a Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots, donde acompañamos a Solid Snake en lo que, según parece, será su última misión. Y con “última misión”, Metal Gear se lo toma bastante en serio: aquí vienen a cobrar factura prácticamente todos los años de historia que llevamos acumulados.
Personajes, conflictos, relaciones y acontecimientos de juegos anteriores regresan constantemente, así que MGS4 no es precisamente el mejor lugar para empezar la saga.
Y esto es importante porque el juego no está interesado en explicarte las cosas de manera sencilla. Aquí se viene a cerrar una historia que llevaba años construyéndose y, para hacerlo, Kojima decidió básicamente meter todo lo que pudiera dentro de una licuadora narrativa.
Tenemos cinemáticas. Muchas cinemáticas. ¿Acabas de jugar una sección? Toma una cinemática. ¿Terminaste una cinemática? Toma otra. ¿Acabas de levantarte para ir por agua? Probablemente cuando regreses Snake seguirá hablando.
Pero, curiosamente, todo esto forma parte del encanto de MGS4. El juego no intenta esconder que está hecho para los fans. El fanservice está por todas partes y en algunos momentos resulta descarado, pero también consigue que determinados momentos tengan un peso emocional enorme para quienes llevan años siguiendo la saga. Y pese a todos sus excesos, el tramo final sigue siendo una auténtica locura.
Después tenemos Peace Walker, que cambia completamente de escenario. Aquí seguimos a Big Boss, viendo cómo evoluciona como líder y cómo comienza a construir muchas de las ideas que posteriormente serán fundamentales para Metal Gear Solid V.
La construcción de su ejército, sus relaciones con otros personajes y su transformación ideológica empiezan a tomar una forma mucho más clara. Así que no se dejen engañar por su origen portátil: Peace Walker es importantísimo para entender a Big Boss.
Jugabilidad
Aquí es donde se pone interesante, porque tenemos dos juegos de Metal Gear que prácticamente parecen venir de universos diferentes.
Metal Gear Solid 4 representa un momento en el que la saga comenzó a abrazar con fuerza la cámara libre en tercera persona y un sistema de apuntado mucho más moderno.
Pero tampoco esperen encontrarse con lo ultimo de la saga. Los escenarios siguen siendo relativamente contenidos y están mucho más diseñados alrededor de situaciones concretas.
Y, honestamente, eso aun funciona bastante bien. Los niveles permiten buscar rutas diferentes, experimentar con herramientas y decidir cómo enfrentarnos a determinadas situaciones. No tenemos un gigantesco mundo abierto, pero tampoco hace falta. Cada zona está construida con bastante intención.
Una de las grandes novedades fue el OctoCamo, que básicamente permite que el traje de Snake copie automáticamente el aspecto de las superficies que estamos tocando. Adopta la imagen de la pared, suelo u objeto que tengas mas cerca al punto de que a los enemigos se les dificultara reconocerte si no es que lo tienes a 1 metro de distancia.
También tenemos al Metal Gear Mk. II, un pequeño robot que podemos utilizar para explorar, distraer enemigos e incluso dejarlos fritos con una descarga eléctrica.
Y luego están todas esas pequeñas locuras que hacen que un juego de Hideo Kojima sea inmediatamente reconocible: revistas para distraer soldados, barriles, reproductores de música y toda clase de herramientas que quizá no necesitemos, pero que definitivamente queremos probar porque ¿por qué no? Son estas pequeñas cosas las que hacen que Metal Gear tenga tanta personalidad.
No todo ha envejecido igual de bien. Hay mecánicas que hoy se sienten más rígidas, algunos sistemas resultan menos intuitivos y determinados enfrentamientos contra jefes ya no tienen el mismo impacto que seguramente tuvieron en 2008.
Y entonces tenemos Peace Walker, que es otra historia completamente distinta. Recordemos que fue diseñado para PSP, y eso explica prácticamente todo. La campaña está dividida en misiones relativamente cortas, los escenarios son más pequeños y toda la estructura está pensada para jugar en sesiones rápidas.
El problema es que algunas de esas decisiones también se sienten hoy. La ausencia de un segundo joystick en PSP obligó a diseñar los controles de una manera bastante particular y, aunque ahora podemos adaptarlos a un mando moderno, hay ciertas limitaciones que simplemente siguen ahí.
Pero tampoco sería justo mirar a Peace Walker y exigirle que se comporte como The Phantom Pain. Lo impresionante es precisamente que consiguiera hacer tanto con una PSP.
Y sí, también tenemos sus modalidades cooperativas y competitivas originales.
Gráficos
Recordemos que este juego salió originalmente en 2008 y, aun así, hay escenas, animaciones y momentos de puesta en escena que siguen luciendo bastante impresionantes.
Poder disfrutarlo a 4K y 60 imágenes por segundo ayuda muchísimo. La imagen se siente mucho más limpia y permite apreciar mejor todo el trabajo que se hizo originalmente.
Y quizá uno de los mayores placeres sea olvidarnos de varias de las peculiaridades de PlayStation 3, especialmente las instalaciones y tiempos de espera que formaban parte de la experiencia original.
Aunque hay algo que ninguna resolución puede solucionar: las cinemáticas siguen siendo interminables. Pero eso no es un problema técnico. Eso es MGS4 siendo MGS4.
Con Peace Walker tenemos una situación completamente diferente.
La versión incluida procede de la HD Collection, funcionando a 720p y 60 fps. El resultado es bastante bueno, pero las raíces de PSP se notan muchísimo más cuando lo ponemos frente a una pantalla grande. Los modelos y escenarios dejan bastante claro que este juego nació para una portátil. Pero después de unos minutos es fácil acostumbrarse porque la dirección artística sigue funcionando muy bien.
Además, las cinemáticas con estilo de cómic en movimiento siguen siendo una de las características visuales más interesantes del juego y le dan una identidad que todavía se siente especial.
Dificultad
En MGS4, el sigilo puede sentirse menos flexible que en entregas posteriores. Los escenarios están diseñados alrededor de situaciones bastante concretas y, aunque existen diferentes posibilidades, no tenemos la libertad táctica que posteriormente ofrecería The Phantom Pain.
Y aquí es donde uno se da cuenta de cuánto evolucionó la saga. Al menos a comparación de Snake Eater si se llega a notar la evolución aunque no esté al nivel de MGSV tenemos un punto intermedio.
Peace Walker lleva todavía más lejos esa sensación. Sus controles y estructura portátil pueden sentirse rígidos, especialmente si llegamos directamente desde juegos más modernos.
Ambos juegos fueron creados bajo circunstancias muy diferentes y forman parte de una época en la que el sigilo funcionaba de otra manera. Así que sí, hay que acostumbrarse.Y también aceptar que nuestros pulgares ya se mal acostumbraron.
Contenido
Tenemos Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots, Metal Gear Solid: Peace Walker y Metal Gear: Ghost Babel como bonus de reserva.
Ghost Babel merece una pequeña mención porque es una curiosidad bastante interesante.Lanzado originalmente para Game Boy Color en 2000, intentaba llevar la fórmula de Metal Gear a una consola que, siendo honestos, no estaba precisamente diseñada para presumir potencia.
Y aun así consiguió mantener una jugabilidad cercana a los títulos de MSX mientras incorporaba varias ideas de la era de Metal Gear Solid. Es una de esas inclusiones que quizá no van a convencer a alguien de comprar toda la colección, pero que resulta genial tener disponible.
Además tenemos bastante material adicional:
- Metal Gear Solid 4 Database.
- Screenplay Books de MGS4 y Peace Walker.
- Master Books con información sobre personajes e historia.
- Metal Gear Solid: Digital Soundtrack Vol. 2.
Para los fans veteranos esto es prácticamente material de excavación arqueológica. El problema es que buena parte está únicamente en inglés.
Y aquí sí dan ganas de preguntarle a Konami: “¿en serio? ¿Después de hacer una colección de Metal Gear decidieron que leer todo esto en español era demasiado pedir?”. Especialmente porque estamos hablando de documentos que ayudan a entender una historia que ya de por sí necesita un pizarrón, tres plumones y probablemente una cuerda roja para conectar personajes.
Fuera de eso, la cantidad de contenido es bastante buena, aunque su valor dependerá muchísimo de cuánto cariño le tengan a estos capítulos de Metal Gear.
Lo positivo
MGS4 al fin escapa de PlayStation 3
Después de tantos años, tantas especulaciones y tantas bromas sobre si algún día volveríamos a verlo en otra plataforma, finalmente podemos jugarlo oficialmente en hardware moderno.
Además, ponerlo junto a Peace Walker tiene muchísimo sentido. Uno representa el cierre de una enorme etapa de Solid Snake y el otro ayuda a explicar cómo Big Boss terminó convirtiéndose en el personaje que conocemos posteriormente.
También es positivo que ambos juegos conserven su personalidad. MGS4 sigue teniendo buenas secciones de sigilo, herramientas interesantes y momentos que recuerdan por qué la saga fue tan importante. Peace Walker, por su parte, demuestra que muchas de las ideas que después hicieron grande a The Phantom Pain ya estaban rondando por aquí.
Y el material adicional es un buen complemento para quienes quieren meterse todavía más en ese gigantesco desastre narrativo que llamamos Metal Gear.
Lo negativo
En MGS4, las cinemáticas pueden llegar a ser agotadoras. La historia tiene que cerrar tantos conflictos que constantemente sentimos que el juego quiere detenernos para explicarnos otras veinte cosas. Para un fan veterano puede ser maravilloso. Para alguien que llegue sin contexto puede ser algo parecido a entrar a la conversación familiar cinco minutos antes de la boda y descubrir que nadie se habla desde hace 15 años.
Peace Walker tiene un problema diferente: se nota muchísimo que viene de PSP. Los controles, la estructura de misiones y algunas decisiones de diseño pueden sentirse bastante rígidas actualmente.
Algo exclusivo de la versión de PC es la necesidad de atravesar tres menús diferentes. Cada vez que se quería acceder a uno de los juegos, era necesario pasar primero por dos menús, cada uno con su respectiva pantalla de carga, antes de llegar a la interfaz principal del título. Esto no solo hacía más lento el proceso, sino que también podía resultar ligeramente confuso al momento de encontrar determinado contenido u opciones.
También está el tema de los materiales adicionales en inglés. ¿De verdad era tan difícil traducirlos?
Por último, Ghost Babel es una inclusión interesante, pero funciona principalmente como una curiosidad histórica. Es un buen extra, aunque difícilmente cambia por completo el valor de la colección.
Conclusión
Metal Gear Solid: Master Collection Vol. 2 es una colección que ya hacía falta. Y no porque todo sea perfecto, sino porque finalmente permite hacer algo que durante años parecía innecesariamente complicado: jugar Metal Gear Solid 4 sin tener que sacar una PlayStation 3 del armario (o tener que recurrir a métodos menos legales).
Sí, MGS4 tiene una cantidad absurda de cinemáticas. Sí, su diseño puede sentirse un poco viejo. Sí, en algunos momentos parece que Kojima decidió que jugar era secundario porque tenía otras 14 páginas de diálogo que necesitaba meter en el juego. Pero cuando finalmente tenemos el control de Snake entre las manos, queda clarísimo por qué este juego sigue siendo tan recordado.
Peace Walker tiene una historia diferente. Sus raíces de PSP son imposibles de esconder y algunas de sus mecánicas han envejecido bastante, pero sigue siendo una pieza fundamental para entender a Big Boss y todo lo que posteriormente llevaría hasta The Phantom Pain.
Estamos viendo dos momentos completamente distintos de Metal Gear: el cierre de Solid Snake y la construcción del futuro de Big Boss.
Pudo haber sido una colección más ambiciosa, localizado todos esos materiales adicionales. Pero tampoco hay que perder de vista lo que representa este lanzamiento: Rscatar dos juegos muy importantes de hardware casi inaccesible.
RANK 4/5
Por ahora, toca regresar al pasado, ponernos el OctoCamo y disfrutar estas joyas en la mejor versión posible.
