Cine Reviews | One Piece La Película

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Hay algo muy curioso en regresar a una franquicia tantos años después y encontrarte con una versión de ella que prácticamente parece de otra época. Eso fue justo lo que me pasó con One Piece: La Película, una cinta que nació en el año 2000, cuando la historia de Luffy apenas comenzaba a tomar forma y todavía faltaba muchísimo para que One Piece se convirtiera en el fenómeno mundial que conocemos actualmente. Verla hoy en una sala de cine, 26 años después, hace que la experiencia sea bastante diferente a simplemente ponerla en casa.

Antes de comenzar esta reseña quiero agradecer a Corazon Films por hacernos llegar esta invitación. 

Lo primero que me llamó la atención fue encontrarme con un Luffy mucho más sencillo, al igual que con el resto de la tripulación. Aquí todavía tenemos a Luffy, Zoro, Nami y Usopp como el núcleo de la aventura, y eso hace que todo se sienta mucho más pequeño. No existe todavía esa enorme cantidad de personajes, poderes y conflictos que actualmente forman parte de One Piece. En esta ocasión simplemente tenemos a nuestros protagonistas navegando, buscando una nueva aventura y terminando metidos en una historia relacionada con el tesoro del legendario pirata Woonan.

La premisa es bastante clásica y, siendo sincero, tampoco busca complicarse demasiado. Tenemos un tesoro perdido, una leyenda, piratas que quieren encontrarlo y a Luffy haciendo lo que mejor sabe hacer: meterse en problemas. En el camino aparece Eldrago, quien también está detrás del tesoro y termina convirtiéndose en el principal enemigo de nuestros protagonistas. Todo esto funciona como una aventura bastante directa que va de un punto a otro sin demasiadas vueltas, algo que también tiene mucho que ver con su duración, porque la película apenas supera los 50 minutos.

Y creo que justamente ahí está uno de los detalles que más pesan al verla actualmente. One Piece: La Película se siente mucho más como un episodio especial largo que como una película en toda regla. Cuando la historia empieza a tomar forma, prácticamente ya estamos entrando en el conflicto principal y, cuando menos lo esperamos, ya estamos llegando al enfrentamiento final. No hay demasiado tiempo para desarrollar al villano, profundizar en los personajes o construir una aventura mucho más grande, así que todo sucede bastante rápido.

Sin embargo, tampoco puedo decir que eso haya hecho que me aburriera. Al contrario, creo que su ritmo tan directo termina jugando a su favor cuando uno entiende lo que está viendo. Esta no pretende competir con las películas posteriores de One Piece, esas que ya tienen historias mucho más ambiciosas, enormes batallas y una cantidad de personajes que parece interminable. Esta película pertenece a otra etapa y creo que es importante verla desde ahí, porque hacerlo de otra manera sería exigirle algo que simplemente no estaba buscando ofrecer.

De hecho, una de las cosas que más disfruté fue precisamente la sensación de estar viendo el One Piece de los primeros años. Hay algo muy particular en los diseños, en la animación y hasta en la manera en la que los personajes se comportan que me llevó directamente a esa primera etapa de la serie. Las peleas tienen esa energía de la animación tradicional de finales de los 90 y principios de los 2000, y aunque obviamente hoy tenemos producciones mucho más espectaculares, hay un encanto especial en volver a ver este estilo.

También me gustó que la aventura conserve ese espíritu de piratas que siempre ha estado presente en One Piece. Aquí todavía se siente mucho esa idea de viajar por el mar, descubrir una isla, escuchar una leyenda sobre un tesoro y terminar metidos en una situación que nadie esperaba. Es algo muy sencillo, pero justamente por eso funciona como una pequeña cápsula de lo que era la franquicia cuando todavía estaba construyendo su propio mundo.

Donde sí siento que la película se queda corta es en su antagonista. Eldrago cumple con su función, pero difícilmente es uno de esos villanos que uno recuerde después de terminar la película. Tiene presencia y sirve para llevar la historia hacia el enfrentamiento final, pero no existe demasiado desarrollo detrás de él. Nuevamente, creo que la duración termina siendo el principal problema, porque simplemente no hay suficiente tiempo para darle una personalidad o una motivación que lo hagan destacar.

Y algo que me gustó de esta función es que la experiencia no termina exactamente cuando aparecen los créditos de la película. Como parte de la proyección también podemos disfrutar El Carnaval de Baile de Jango, un cortometraje de apenas unos minutos que cambia por completo el tono de lo que acabamos de ver. Después de acompañar a Luffy y compañía en una aventura por un tesoro perdido, de repente estamos viendo a Jango, la Marina y a los Sombrero de Paja metidos en una situación completamente absurda que termina convirtiéndose en una especie de fiesta llena de baile.

La verdad, me causó gracia porque es de esas cosas que solamente pueden funcionar dentro de One Piece. No intenta continuar la historia ni aportar algo importante a la trama, simplemente toma a estos personajes y los pone en una situación ridícula para que nos divirtamos un rato. Y aunque pueda parecer un extra bastante extraño, creo que termina complementando bien la experiencia porque nos recuerda ese lado mucho más juguetón que siempre ha tenido la franquicia.

Al final, creo que One Piece: La Película no es una cinta que vaya a sorprender por su historia, especialmente si llegamos a ella después de haber visto todo lo que la franquicia ha hecho durante estos 26 años. Es una película sencilla, corta y con un villano que pudo haber tenido mucho más desarrollo, pero también es una pequeña aventura que conserva perfectamente la esencia de ese One Piece que apenas estaba comenzando a crecer.

Para mí, lo más interesante de verla hoy no fue descubrir una gran película perdida, sino tener la oportunidad de regresar a una versión mucho más inocente de esta franquicia. Ver a Luffy, Zoro, Nami y Usopp cuando todavía eran una tripulación pequeña, y después encontrarlos en un corto tan absurdo como El Carnaval de Baile de Jango, me hizo sentir que estaba viendo una fotografía de una época que ya quedó bastante atrás.

Y quizá por eso terminé disfrutándola más de lo que esperaba. No porque sea una de las mejores películas de One Piece, porque definitivamente no lo es, sino porque verla en 2026 se siente como abrir una pequeña ventana hacia el pasado de la franquicia. Una época en la que todavía no sabíamos hasta dónde iba a llegar Luffy y en la que una aventura por un tesoro perdido, seguida de unos minutos de baile completamente desquiciado, era suficiente para recordarnos por qué este mundo de piratas tenía algo tan especial.

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