Cine Reviews | A toda Madre

A-toda-madre

La verdad, no pensé que A Toda Madre fuera una película que terminaría disfrutando tanto. Desde que conocí la premisa me quedó claro que iba a ser una comedia bastante descontrolada, pero ya viéndola me encontré con algo que no esperaba: varias de las situaciones me hicieron reír porque, aunque aquí están llevadas al extremo, me recordaron a cosas que perfectamente podrían pasar en la vida cotidiana.

Antes de continuar, quisiera agradecer a +Que Cine por la invitación a esta premisa. 

La película sigue a Martín, un hombre que descubre que su mamá está a punto de casarse con Juan, el mismo tipo que le hizo bullying durante su infancia. Evidentemente, Martín no recibe la noticia precisamente con los brazos abiertos y decide hacer todo lo posible para impedir la boda. Lo que podría resolverse hablando como personas normales termina convirtiéndose en una serie de decisiones cada vez más absurdas que van complicando la situación hasta convertirla en un verdadero desmadre.

Y justamente esa parte fue la que más me funcionó. Mientras la estaba viendo, hubo varios momentos en los que me reí no necesariamente porque el chiste fuera espectacular, sino porque reconocía ese tipo de situaciones que pasan en la vida diaria. Una discusión que empieza por una cosa pequeña, alguien que se toma demasiado personal un comentario, un problema que crece porque nadie quiere ceder o simplemente esas decisiones que uno toma en caliente y después terminan complicando todo. Aquí obviamente todo está exagerado para llevarlo hacia la comedia, pero debajo de eso sí encontré comportamientos bastante reconocibles.

Creo que eso también explica por qué conecté con el humor de la película. A Toda Madre no está tratando de ser una comedia elegante ni mucho menos. Desde el principio deja claro que va por un humor bastante irreverente, con situaciones incómodas, chistes sexuales y personajes que muchas veces toman decisiones que uno está viendo venir y piensa: «no hagas eso». Y, por supuesto, lo hacen. No todos los chistes me funcionaron de la misma manera, pero sí hubo suficientes momentos en los que terminé riéndome por lo absurdo de la situación y por reconocer algo de esas dinámicas cotidianas.

También me llamó la atención ver a Hugo «El Cojo Feliz» y Ricardo Pérez llevando su estilo de comedia al cine. Estamos acostumbrados a verlos en escenarios, podcasts y otros formatos donde su personalidad tiene muchísimo peso, así que aquí era interesante descubrir cómo funcionaría esa energía dentro de una historia que necesita seguir una estructura y desarrollar personajes. En general creo que funciona, aunque también hay momentos en los que se nota que están entrando en un terreno diferente y algunas escenas se sienten un poco más rígidas de lo que deberían.

Eso no termina por quitarle diversión a la película, principalmente porque el resto del elenco ayuda bastante a mantener el ritmo. Adal Ramones, por ejemplo, aparece con un personaje como Randy que parece estar viviendo en su propia realidad y que termina convirtiéndose en una de esas piezas que elevan algunas de las escenas más absurdas. Su participación tiene momentos bastante exagerados, pero precisamente por eso funciona dentro del tono que está manejando la película.

A pesar de todo el humor, también me gustó que debajo del desmadre exista una historia sobre la relación entre una madre y su hijo. Martín no solamente está molesto porque Juan fue su bully, también tiene que aceptar que su mamá tiene derecho a rehacer su vida y tomar decisiones que él no necesariamente entiende o comparte. Y eso hace que el conflicto tenga un poquito más de sentido conforme avanza la película.

Porque si uno lo piensa, muchas de las decisiones de Martín vienen de algo bastante humano: quedarse atorado en cosas que ocurrieron hace años y no saber cómo enfrentarlas. El problema es que, en lugar de hablarlo, decide irse por el camino más complicado posible y ahí es donde la película encuentra buena parte de su comedia.

Visualmente tampoco sentí que fuera simplemente una sucesión de personajes diciendo chistes frente a una cámara. La producción tiene una identidad propia y hay momentos en los que el entorno, el vestuario y la manera de presentar determinadas situaciones ayudan a construir este mundo exagerado. No estamos ante una película que quiera convertirse en un espectáculo visual, pero sí hay suficiente personalidad para que todo tenga su propio estilo.

Eso sí, creo que el ritmo no siempre consigue mantener el mismo nivel. Hay escenas donde la película encuentra perfectamente el tono y otras en las que se siente que necesita llegar al siguiente chiste a como dé lugar. También hay algunas actuaciones que podrían sentirse más naturales, sobre todo en determinados momentos donde la comedia depende mucho de la reacción de los personajes. Pero son detalles que, al menos para mí, no terminaron por arruinar la experiencia.

Creo que también es importante saber perfectamente a qué vas cuando compras un boleto para A Toda Madre. No es una comedia familiar ni busca serlo. Tiene un humor bastante adulto, situaciones incómodas y personajes que hacen cosas que probablemente uno jamás recomendaría hacer en la vida real. Pero justamente por eso me parece que funciona mejor cuando uno entra dispuesto a dejarse llevar por el desmadre y no esperando una película que quiera darle una lección sobre la vida.

Al final, lo que más me gustó fue que debajo de todo ese caos pude encontrar situaciones bastante humanas. Me reí porque muchas de esas discusiones, malos entendidos y decisiones impulsivas se sienten conocidas, aunque aquí estén llevadas hasta un punto completamente absurdo. Y creo que para una comedia eso vale bastante, porque no solamente se trata de que alguien diga un chiste, sino de reconocer una situación y pensar: «sí, conozco a alguien que haría exactamente eso».

A Toda Madre tiene detalles que pudieron trabajarse mejor y no todo su humor me funcionó por igual, pero sí terminé pasándola bien. Es una película que sabe perfectamente que quiere hacer reír y que no tiene miedo de llevar sus situaciones hasta donde sea necesario para conseguirlo. Entre el desmadre, los personajes y esos problemas familiares que terminan creciendo mucho más de lo que deberían, me encontré con una comedia que, para mi sorpresa, me hizo pasar un buen rato.

Y creo que esa fue precisamente la sorpresa para mí. No esperaba salir pensando demasiado en A Toda Madre, pero terminé encontrando algo bastante sencillo detrás de todo el humor: muchas veces los problemas más grandes empiezan por cosas pequeñas, especialmente cuando dejamos que el orgullo, los rencores o nuestras propias inseguridades hablen por nosotros. Aquí todo eso está llevado al extremo y convertido en comedia, pero quizá por eso mismo resulta tan fácil reírse cuando uno reconoce un poquito de la vida cotidiana dentro de todo este desmadre.

Disfrútala en Cinépolis 🍿

Scroll al inicio