Gracias a Disney Studios Latinoamérica por la invitación a este reestreno de Cars, una película que regresa a los cines para celebrar sus 20 años y que, sinceramente, me hizo darme cuenta de lo bien que ha envejecido. Porque si algo me queda claro después de volver a verla en pantalla grande es que Cars ya dejó de ser simplemente aquella película de Pixar que llegó en 2006 para convertirse en un verdadero clásico.
Cuando Cars llegó a los cines en 2006, quizá no tuvo la misma recepción que otras grandes producciones de Pixar. Si la ponemos en contexto, veníamos de películas como Toy Story, Monsters, Inc., Buscando a Nemo o Los Increíbles, así que las expectativas estaban bastante altas. Además, Cars era la última película contemplada en el acuerdo que Pixar tenía en ese momento con Disney, lo que también hacía que tuviera un peso especial dentro de la historia del estudio. Sin embargo, creo que el tiempo terminó jugando completamente a su favor, porque 20 años después resulta mucho más fácil apreciar todo lo que esta película hizo bien.
La historia nos presenta a Rayo McQueen, un auto de carreras joven, talentoso y bastante presumido que solamente tiene una cosa en la cabeza: convertirse en el campeón de la Copa Pistón. Después de un accidente durante su camino hacia la carrera decisiva, termina perdido en Radiador Springs, un pequeño pueblo que parece haberse quedado detenido en el tiempo. Lo que comienza como una molestia para McQueen termina convirtiéndose en una experiencia que cambia por completo su manera de ver las cosas, especialmente cuando conoce a personajes como Mate, Sally y Doc Hudson.
Y aquí está, para mí, una de las grandes virtudes de Cars: debajo de todos los autos, las carreras y el humor, tenemos una historia bastante sencilla, pero muy humana. Rayo comienza pensando que todo se trata de ganar, ser famoso y demostrar que es el mejor, pero poco a poco descubre el valor de la amistad, de disfrutar el camino y de entender que no todo en la vida tiene que girar alrededor de llegar primero. Es un mensaje que quizá de niño disfrutabas sin pensarlo demasiado, pero que hoy, viéndola con otra perspectiva, se siente todavía más cercano.
También creo que la película envejeció increíblemente bien en lo visual. Evidentemente, después de 20 años hay cosas que técnicamente han avanzado muchísimo, pero el trabajo que hizo Pixar para construir este mundo sigue siendo impresionante. Radiador Springs tiene personalidad, los paisajes tienen una identidad muy marcada y cada personaje tiene algo que lo hace reconocible. Y aunque hablamos de una película protagonizada por automóviles, Pixar consiguió que estos personajes tuvieran expresiones, emociones y personalidades suficientes para que realmente sintiéramos que estábamos acompañando a un grupo de amigos.
Pero hay algo todavía más interesante: Cars trascendió a la propia película. Rayo McQueen terminó convirtiéndose en uno de esos personajes que ya forman parte de la cultura pop, incluso para personas que quizá no han vuelto a ver la película en años. Su imagen está en memes, referencias de internet, juguetes, videojuegos y todo tipo de productos. El famoso “Ka-chow” prácticamente se convirtió en parte del lenguaje de internet y, con el tiempo, McQueen dejó de ser simplemente el protagonista de una película de Pixar para convertirse en un personaje reconocible por varias generaciones.
Por eso creo que este reestreno llega en un momento bastante interesante. No solamente sirve como celebración de los 20 años de Cars, también es una oportunidad para que quienes crecieron con ella puedan volver al cine y para que nuevas generaciones conozcan una franquicia que quizá han visto mil veces en memes, juguetes o referencias, pero que tal vez nunca habían experimentado en una pantalla grande. Y verla nuevamente en cine también ayuda a recordar que, antes de convertirse en todo ese fenómeno, había una película detrás con una historia que realmente tenía algo que contar.
Después de 20 años, Cars ya no necesita demostrar que pertenece al catálogo de grandes películas de Pixar. El tiempo se encargó de eso. Lo que alguna vez pudo sentirse como una película más dentro de una época dorada del estudio, hoy se siente como uno de esos clásicos que forman parte de nuestra memoria colectiva. Y si este reestreno consigue que alguien vuelva a decir “¡Ka-chow!” después de salir del cine o que un niño descubra por primera vez quién es Rayo McQueen, entonces creo que cumplió perfectamente su propósito.
Disfruta del regreso del rayo Ka-chow solo en cinépolis.
