Hay comediantes en este país que son una institución en sí mismos, gente que nos ha acompañado desde la infancia, que nos ha dado momentos sublimes de la comedia mexicana, personajes que ahora son parte de la cultura popular, y Adrián Uribe es uno de ellos, por lo que ver una película con su nombre me parece, cuando menos, una garantía de que vas a reírte.
Por eso es que hoy hablamos de El club del pie izquierdo, una producción mexicana que promete generar risas y grandes momentos para aquellos que quieran dejar de lado la rutina.
Antes de continuar, me gustaría agradecer a Sony Pictures por la invitación a la función especial de esta película para la realización de esta reseña.
La película sigue a Juan Pablo, interpretado por el querido Adrián Uribe, un hombre que ha construido prácticamente toda su vida alrededor de una idea simple: ser predecible, vivir bajo la seguridad que brinda una vida rutinaria, una idea que ha inculcado a su familia y alrededor de la que ha construido todo lo que él es, al grado de que, de cierta manera, ha limitado tanto a él como a su familia de probar cosas nuevas, de vivir nuevas experiencias, de salir de la rutina de vez en cuando, cosa que ha convertido su vida en algo estable, pero también algo aburrido, y ese aburrimiento parece empezar a pesar tanto en su relación con su esposa como en la relación con su hija.
El problema aparece cuando descubre un nuevo pasatiempo: el baile.
Y aquí es donde los problemas para Juan Pablo inician: ¿cómo es que un hombre que ha inculcado a sí mismo y a su familia la idea de que la seguridad y, sobre todo, lo predecible es lo mejor, ahora inicia algo completamente nuevo? ¿Cómo es que vive esa aventura? Ha tenido a su familia guardada en la rutina, ¿cómo podría explicar eso?
Juan Pablo decide vivir su nuevo pasatiempo en secreto, y eso generará una cantidad de problemas, como de situaciones que para él serán un calvario, para nosotros los espectadores, risas garantizadas.
A partir de ahí comienza algo que funciona muy bien en la comedia y que es el motor de esta historia: el enredo.
El club del pie izquierdo tiene una premisa que pudo abordarse desde muchos ángulos, desde la crítica a la cultura laboral, hasta la deconstrucción de las conductas masculinas, sin embargo, hace algo mucho más sencillo: convertirlo en una comedia de enredos, una historia que parece cada vez más sospechosa. El protagonista podría solucionar todo diciendo la verdad, pero entonces no tendríamos película.
Y funciona porque el reparto sabe perfectamente cómo jugar con ese tipo de comedia.
Tengo que admitir que con Adrián Uribe existe además un factor de nostalgia. Yo lo veía desde niño en La Hora Pico. Como dije, Uribe es prácticamente una institución de la comedia mexicana y aquí demuestra esa capacidad de hacer que un personaje resulte simpático casi inmediatamente. No necesita demasiado tiempo para conseguir que empaticemos con Juan Pablo y, sobre todo, para que queramos acompañarlo durante todo este desastre.
Por otro lado, también es necesario hablar de María León, de su carisma y de presencia, y de cómo este papel, aunque sencillo, le permite brillar de manera natural. Creo que más que un trabajo de dirección, el hecho de que una película tan simple cuente con talentos con carismas tan naturales hace que la película se disfrute desde el inicio, y lo mismo ocurre con el elenco secundario, que está lleno de actores que entienden perfectamente el tono de la película. Es una de esas cintas en las que el reparto consigue elevar situaciones que, sobre el papel, podrían sentirse bastante normalitas.
Y justamente ahí aparece mi principal problema con esta película, porque no todos son halagos para El club del pie izquierdo: mientras sus actores funcionan, la película rara vez parece interesada en hacer algo particularmente cinematográfico.
La fotografía, la escenografía y la dirección son bastante convencionales, muy de tele. Todo funciona, todo cumple su propósito, pero a su vez se siente como una telenovela, no propone en sentido estético artístico, la dirección y toda la producción se siente más como una teleserie o algo que verías a las 9 de la noche en un canal de tele abierta.
Y eso resulta todavía más curioso considerando que la historia gira alrededor del baile. Hay una oportunidad evidente para jugar con el movimiento, con el contraste entre la vida rutinaria de Juan Pablo y la libertad que encuentra cuando empieza a bailar, con los espacios y con la manera en que su cuerpo cambia cuando deja de estar sentado frente a un escritorio. Pero no, la película se limita a no proponer nada visualmente, solamente presenta su historia de la manera más simple posible.
Eso tampoco significa que la película sea mala, por el contrario, habla muy bien de la historia que pueda sostenerse y generar momentos genuinos de risas en la sala a pesar de lo limitada de su producción.
Porque sí, me divertí. Me gustó ver a Adrián Uribe en un papel que le queda como anillo al dedo, a María León brillando en la pantalla grande y dejándome con ganas de poderla ver protagonizar más y más películas, porque la película sabe cuándo dejar que sus actores hagan el trabajo. Y sobre todo, esta bien escrita, es graciosa, es divertida, y es justo lo que quiere ser, una comida para toda la familia.
El club del pie izquierdo es una película simpática, divertida y graciosa, pero que juega demasiado seguro, pero que sin duda aún vale la pena experimentar en el cine.
Disfrútala en Cinépolis .
