Siempre me ha parecido increíble la capacidad de la comedia para tratar de manera sencilla temas muy complejos, y es que la comedia puede hacernos cuestionar ideas por medio de un simple chiste. Si enfrentamos ideas, muchas veces encontramos resistencia; si llegan por medio de la comedia, nos hacen decir cosas como: “Sí es cierto”, “Sí pasa” o el típico “Sí soy”.
En ese contexto, La invitación consigue algo mucho más difícil: convertir la incomodidad en humor. Y es que tuve la oportunidad de ver esta película y solo puedo decir que probablemente nos encontramos frente a una de las comedias mejor escritas de este año.
Antes de continuar, quisiera agradecer a Zima Entertainment por la invitación a la función especial de esta película.
La invitación nos narra la historia de una pareja que decide invitar a sus vecinos a una cena en casa, para quedar bien, para conocer a otras personas, para poder tener una mejor relación de vecinos; varios son los motivos, pero con el avance de la historia se vuelven más claros.
El tema es que estos vecinos tienen otros motivos por los cuales asistir a esta invitación… motivos sexuales, básicamente, y eso desenlaza una divertida cantidad de eventos que definitivamente vale la pena ver. No se preocupen, en esta reseña no hay spoilers.
La mejor cosa que puedo decir de esta película fue la reacción de los asistentes. La sala estaba llena de carcajadas la mayor parte del tiempo; no recuerdo, en este año, haber tenido una experiencia así en el cine. Definitivamente, ese es el comentario que debería hacerte saber que esta película es buena.
Su mayor virtud está en cómo construye el humor. No depende de ocurrencias ni de frases memorables, sino de romper esas reglas invisibles que rigen nuestras relaciones sociales. Una reunión en casa tiene protocolos cuando no existe una confianza de años: qué decir, qué callar, cuándo sonreír y cuándo cambiar de tema. La película toma esas normas y las hace pedazos. Cada comentario fuera de lugar, cada silencio incómodo y cada momento de tensión terminan convirtiéndose, de manera sumamente inteligente, en un detonante para la comedia.
El sarcasmo y la tensión no son herramientas para formar el diálogo, sino la tensión y el remate en cada chiste.
Es ahí donde la comedia demuestra todo su potencial. Como dije al inicio, intentar confrontar estas ideas de manera directa levanta barreras. Pero, gracias a la comedia, aquí ocurre lo contrario. La risa baja la guardia y, antes de que nos demos cuenta, la película ya nos está haciendo reflexionar.
Sin embargo, reducir La invitación a una película sobre sexualidad sería quedarse en la superficie. La sexualidad es apenas el vehículo, un lenguaje, el medio para hablar de temas más profundos. Lo que realmente le interesa es hablar de las relaciones, del paso del tiempo y de la dificultad de mantener viva la conexión con la persona con la que has decidido prometer estar juntos hasta que la muerte los separe.
La película plantea una idea muy valiosa: muchas veces conocemos al otro a través de nosotros mismos. Nuestras inseguridades, expectativas y deseos moldean la manera en que vemos a nuestra pareja. Por eso, una relación sana no solo requiere comprender al otro, sino también mantener una relación honesta con uno mismo. Al mismo tiempo, recuerda algo igual de importante: reconocer la valía del otro, verla como una persona completa y no como una extensión de nuestras propias necesidades.
Y, precisamente porque pasamos buena parte del metraje riendo, cuando la historia decide hablar en serio, el golpe emocional pega duro. No porque abandone la comedia, sino porque la misma ya hizo su trabajo: acercarnos a los personajes hasta el punto de que sus conflictos también se sienten nuestros.
Gran parte de ese mérito recae en Seth Rogen y Olivia Wilde. Qué maravilla de actuación dan estos dos. Sostienen la película con una química impecable. Ambos entienden que el humor funciona mejor cuando se interpreta con absoluta convicción, sin exageraciones innecesarias. Sus diálogos tienen un ritmo natural que hace que incluso las conversaciones más incómodas resulten irresistiblemente divertidas.
No demerito el trabajo de Penélope Cruz y Edward Norton, pero su trabajo es romper la tensión de la pareja de Rogen y Wilde, entonces se sienten construidos más como herramientas narrativas que como personajes complejos; sin embargo, hacen un trabajo igualmente bueno.
La invitación demuestra que una gran comedia no solo se mide por la cantidad de risas que provoca, que insisto, son varias, sino por las conversaciones que deja al terminar la función. Es una película tremendamente bien escrita, capaz de hacer que una sala entera estalle en carcajadas mientras reflexiona sobre el amor, el tiempo, la intimidad y la importancia de volver a mirar a la persona que tienes enfrente… y también a uno mismo.
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