¿Qué tanto estás dispuesto a aceptar por amor?
El amor suele percibirse como un ideal —al menos a temprana edad—: algo puro, una conexión inquebrantable, perfecta y desinteresada. Pero al crecer, nos damos cuenta de que el amor no solo se trata de lo que queremos que sea. Requiere esfuerzo, comprensión, empatía, respeto y, sobre todo, acuerdos.
Y eso no invalida los sentimientos, pero entrelazar dos vidas separadas es más complicado de lo que a veces queremos admitir. Amores Compartidos (de Michael Angelo Covino) nos divierte a la vez que nos hace reflexionar sobre la importancia de trabajar una relación de pareja en todas sus etapas.
Antes de continuar con esta reseña, quisiera agradecer a Diamond Films México por la invitación a la función de esta no-romántica comedia.
Carey y Ashley, un joven matrimonio con apenas un año juntos, presencian un aparatoso accidente vial, en el que uno de los involucrados muere. Este evento sacude a Ashley, quien ya venía contemplando terminar la relación, y finalmente decide hacerlo. Carey, incapaz de aceptar la ruptura, se refugia con su mejor amigo Paul y la esposa de este, Julie.
Después de una noche de convivencia, Paul y Julie le confiesan que tienen una relación abierta, donde ambos pueden tener encuentros sexuales con otras personas, lo cual —según ellos— mantiene su matrimonio vivo y refrescante. Carey, desesperado por su soledad, comienza a tomar decisiones imprudentes que lo llevarán, tanto a él como a su círculo cercano, a cuestionar lo que están dispuestos a aceptar por amor…
Amores Compartidos es una comedia romántica poco habitual para el género. A diferencia de otras producciones donde todo desemboca en que la pareja protagónica “se da cuenta” de que son el uno para el otro, aquí no se ofrece una conclusión tan simple.
En cambio, se exploran inseguridades, heridas emocionales y dilemas personales que dejan a los personajes en un estado emocional más ambiguo, más realista incluso.
La mayor fortaleza de esta cinta es su capacidad para mezclar muy bien el humor con segmentos dramáticos. Te mantiene atento a cómo reaccionarán los personajes ante lo que sucede, y cuando parece que todo se estabiliza, surge una nueva situación que hace todo aún más caótico.
En cuanto al humor, si bien no sigue una fórmula comercial tradicional, sí se destaca por su originalidad. Personalmente, no conecté del todo con él; por momentos me pareció absurdo y me hizo reír muy poco. Pero reconozco que esto puede ser subjetivo, ya que durante la función hubo muchas risas y carcajadas del público.
También me hubiera gustado ver una mayor participación del personaje de Adria, la esposa de Carey. Su rol se siente desperdiciado; aparece solo para generar conflicto y luego desaparece sin tener mucho impacto en la dinámica final.
Aunque no fue completamente de mi agrado, tampoco me disgustó. Me entretuve bastante y me mantuvo atento, esperando ver en qué situaciones más ridículas e inverosímiles se meterían los personajes. Si te gustan las comedias románticas que se inclinan más hacia el humor que hacia el drama, esta película es para ti.
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