Cine Reviews | Wicked: For Good

Wicked-for-good

Siempre lo he dicho: el tiempo pasa como agua entre las manos. Nunca entenderé a qué se debe. Incluso cuando no tienes tantas cosas que hacer, éste se mueve demasiado rápido. Y aunque genuinamente el tiempo es solo un instrumento para mantener algún tipo de orden, no deja de ser evidente, no deja de acompañarnos todos los días.

Parece que fue ayer cuando acudí a ver la primera parte de Wicked, una película que me llamaba muchísimo la atención por la conexión que siempre he tenido con El Mago de Oz. Esa historia me ha acompañado desde que era pequeño; la veía en la tele casi cada año, y aunque suene a chiste, jamás supe cómo terminaba hasta muchos años después, cuando decidí leer el libro por mi cuenta pero que aún así sentía que le faltaba algo. Era como tener un cuento incompleto dentro de mí, una historia que creció conmigo sin que yo supiera realmente cómo cerraba su propio círculo.

Antes de continuar quisiera agradecer a Universal Pictures México por invitarnos a la función especial para la realización de esta reseña.

Y ahora, sentado de nuevo en la sala, viendo Wicked: For Good, sentí algo que pocas películas logran: la sensación de que estás por cerrar un capítulo que empezó mucho antes de que tú mismo lo notaras.

Solo puedo decir que me quedé sin palabras. ¡La película es increíble!

La forma en que los personajes evolucionaron de la primera entrega a esta secuela es realmente impresionante. Ya no vemos a dos jóvenes confundidas, sino a dos mujeres marcadas por el mundo, por sus decisiones, por sus pérdidas. Elphaba carga con un peso que se siente en cada nota que canta; su voz ya no suena como una búsqueda, sino como una declaración. Cynthia Erivo logra transmitir una mezcla de fuerza y vulnerabilidad que te rompe y te reconstruye en la misma escena.

Y Glinda… Ariana Grande hace algo muy especial con ella: mantiene la luz y el brillo, sí, pero ahora ese brillo viene con sombras detrás. Esa alegría casi obligada que uno aprende a usar como escudo cuando la vida se vuelve más dura de lo que esperabas. En varios momentos, su mirada dice más que cualquier diálogo, como si escondiera mil cosas que jamás se atrevería a confesar en voz alta.

Oz también cambió.
Ya no es ese reino colorido con canciones felices y brujas excéntricas. Ahora es político, tenso, fracturado. Y eso lo hace más real. Más cercano. Más humano. Porque en el fondo, Wicked siempre ha tratado sobre cómo el mundo decide quién es el héroe y quién es el villano… y cómo, cuando la historia se escribe con miedo, casi siempre nos equivocamos.

La música en esta segunda parte funciona como una herida abierta. No acompaña la historia: la profundiza.
Se siente como si cada canción fuera un eco de decisiones que ya no tienen vuelta atrás.
Hay momentos donde la melodía se te queda atorada en el pecho más que en la mente, y eso es lo que la hace tan poderosa.

Y hablemos de lo que menos esperaba, pero más me emocionó: la conexión con la historia de Dorothy.
Al inicio pensé que no lo lograrían sin que se sintiera forzado, pero fue todo lo contrario. Todo encajó como si desde el principio hubiera estado destinado, como si esos caminos que conocimos de niños siempre hubieran estado entrelazados con esta historia sin que nos diéramos cuenta. Cuando aparecen esos guiños —esa transición entre una historia y otra— fue imposible no sentir un golpe de nostalgia directa al corazón.

Es como ver dos mundos que conocías por separado finalmente reconocerse, mirarse, y decirse: “siempre fuimos parte de lo mismo”.

Claro, no todo es perfecto.
Hay partes donde el ritmo se vuelve pesado, donde la película parece cargar con más emociones de las que puede sostener al mismo tiempo. Pero incluso eso termina funcionando, porque Wicked: For Good no busca ser suave ni sencillo; busca ser honesto. Y la honestidad casi nunca viene ligera.

Pero lo mejor… lo mejor es la forma en que esta película te habla a ti, directamente.
Elphaba y Glinda ya no son solo personajes. Son dos versiones de nosotros mismos: la parte que lucha, y la parte que intenta encajar; la que quiere cambiar el mundo, y la que tiene miedo de decepcionarlo; la que vuela, y la que se queda mirando desde abajo, deseando tener el valor para seguirla.

Cuando los créditos comenzaron a rodar, me quedé sentado un momento, sin moverme, dejando que todo lo que había sentido se asentara. Porque Wicked: For Good no solo cierra una historia: cierra un ciclo emocional que lleva años acompañándome. Y al final, eso es lo que la hace tan especial.

Es una película que duele, que abraza, que recuerda.
Una película que te enseña que crecer es aceptar que el tiempo siempre corre… pero también que hay historias que se quedan contigo para siempre, sin importar cuántos años pasen.

Y Wicked es una de ellas.

Vívela en cinépolis🍿

Contenido Relacionado:

Scroll al inicio