Antes que nada, agradecemos a Cine Canibal por habernos permitido ver esta película y a nuestro medio, Frames, por abrirnos el espacio para compartirles esta reseña.
Hay películas que se disfrutan, películas que se sufren, y películas que te dejan en un punto intermedio donde reconoces su valor pero no logras conectar con ellas. «El sonido al caer», con el título original en alemán “In die Sonne schauen”, que literalmente se traduciría como «mirando fijamente al sol», es una de esas para mí.
Dirigida por Masha Schilinski , esta cinta alemana se presenta como un drama de época, pero definirla solo así sería quedarse corto. La trama… bueno, esa es la parte complicada, porque trama como tal no tiene. La película salta entre cuatro personajes, todas mujeres, todas de diferentes generaciones de una misma familia, y todas viviendo en la misma granja de Alemania, pero en distintos periodos históricos. Tenemos (según mis cálculos, porque la película nunca se molesta en poner el año, ni siquiera la década en la que estamos), una a principios del siglo XX, otra en los años 40, una más en los 80, y finalmente, la historia en algún momento de la década de 2020. El filme se dedica a explorar las vidas de estas mujeres a través de sus dificultades, los traumas heredados, las esperanzas truncadas y esa tristeza profunda que parece atravesar a todas las generaciones por igual.
Es una película lenta, brumosa, difusa, y profundamente emocional. No hay una narrativa clara, las escenas son increíblemente lentas y el diálogo escasea. Su duración es de 2 horas con 35 minutos, pero honestamente, se siente como si durara más que todas las cintas del Señor de los Anillos en su versión extendida, por su ritmo super lento y pausado.
Amigos de Frames, tengo que ser muy sincero: El Sonido al Caer no es mi tipo de cine predilecto. Yo prefiero películas más cerebrales, donde pueda entender lo que sucede, en lugar de tener que «sentirlo» de manera indirecta. Quizá por eso me costó tanto trabajo conectar con esta cinta. La encontré agotadora y, al final, profundamente deprimente.
Pero no quiero que se malinterprete: no creo que sea una mala película. De hecho, creo que es bastante buena en lo que se propone. Tiene ideas muy interesantes: el ciclo del abuso a través de los años, la observación del rol de la mujer en la sociedad, y esas meditaciones constantes sobre la muerte y el suicidio. Me gustaron mucho los motivos recurrentes que se repiten a través de las generaciones: los personajes fingiendo ser otras personas, y sobre todo, los motivos visuales que utiliza la película para hacernos sentir más lo que quiere transmitir.
Eso sí, tengo que reconocer lo hermosa que es visualmente. Tiene esa calidad de ensueño, granulada, borrosa, con colores lavados y planos fuera de foco que la hacen muy bonita de ver. Y la banda sonora, logra crear el ambiente ideal en cada escena donde aparece.
Pero a pesar de todo eso, yo no logré engancharme. Me cansó, me agotó, y se sintió como un festival de depresión a cámara lenta. No es una película para mí, y sospecho que muchas otras personas podrían sentir lo mismo. Requiere una paciencia ENORME, quizá demasiada, y al final, prefiero entender una película antes que tener que sentirla.
«El sonido al caer» es una obra que merece respeto por su ambición y su ejecución, pero no es para todos. Y está bien reconocerlo, porque no tiene sentido que se engañe a alguien diciendo que la película estuvo nominada a mil premios, o es la mejor película alemana de los últimos años ¿cuándo fue la última vez que viste una película alemana?
Si te animas a verla, ya sabes que puedes ir a la Sala de Arte en Cinépolis para comprar tus entradas.
