El teatro es una de esas expresiones artísticas que tienen la capacidad de transmitir emociones, sensaciones, cultura, memoria e identidad. Como he mencionado en reseñas anteriores, la experiencia del teatro tiene características especiales que permiten experimentar con todos los sentidos lo que ofrece una puesta en escena y, en el caso del teatro infantil, esas mismas características convierten a esta expresión artística en una forma accesible y completa para llevar historias a los más pequeños.
Es precisamente en ese contexto donde nos encontramos con la puesta en escena Nuestra Raíz, una obra que toma uno de los mitos fundacionales más importantes de México para acercarlo a niños y adultos por igual.
Antes de continuar, me gustaría agradecer a la Coordinación Nacional de Teatro por la invitación a esta puesta en escena.
La obra nos presenta la historia de los Cinco Soles, una de las narraciones más representativas de la cosmovisión mexica, la cual, de hecho, nos explica el origen de la existencia humana desde la perspectiva de esta antigua cultura. A través de ella conocemos las distintas eras por las que pasó el mundo antes de llegar al actual, los dioses que participaron en su creación y la manera en que cada ciclo terminó para dar paso al siguiente, a un nuevo sol. Aunque se trata de una historia compleja, cargada de simbolismo y significados, la puesta en escena logra transmitir todo lo que esta historia ofrece de forma clara y atractiva sin sacrificar su esencia.
Uno de los mayores aciertos de Nuestra Raíz es la manera en que utiliza los recursos teatrales para transformar la historia en una experiencia viva. La música ejecutada en vivo y en escena acompaña constantemente la narración de los actores mediante instrumentos tradicionales como palos de lluvia, caracoles, guitarras, conchas y maracas. Cada sonido y cada canción ayudan a construir una atmósfera que da la sensación de estar presenciando una ceremonia ancestral.
Además, la obra se apoya en el uso de títeres, marionetas, maquetas y otros elementos visuales que complementan el gran trabajo de los actores, quienes logran mantener la atención tanto de los niños como de los adultos. Y es que, lejos de sentirse como una simple representación de un mito, la obra nos invita, como espectadores, a sumergirnos en el relato. Los actores interactúan con el público, le hacen preguntas y lo convierten en parte de la experiencia. Y es que existe una diferencia importante entre escuchar una historia y vivirla, y Nuestra Raíz entiende perfectamente esa distinción.
Durante la función los niños disfrutan la aventura. Sin embargo, también me llamó la atención la reacción de los adultos, quienes quedaron igualmente cautivados por la historia y el cuidado con el que se presenta. Es una de esas obras que pueden hablar en distintos niveles a públicos de diferentes edades y eso es algo difícil de lograr.
Cuando hablamos de contenido enfocado al público infantil solemos pensar en versiones menores o más ligeras de aquello que está dirigido a un público adulto, sin tomar en cuenta los retos que llegan con este enfoque.
Otro detalle que me pareció especialmente valioso llegó una vez que terminó la función. Los actores nos invitan a acercarnos a ellos y a algunas de las marionetas usadas durante la función, además de permitirnos tomarnos fotos con ellos. Puede parecer un gesto sencillo, pero contribuye a reforzar esa sensación de cercanía y participación en la experiencia.
Nuestra Raíz demuestra que el teatro infantil no necesita reducir la complejidad de los temas que narra para ser accesible. Al contrario, encuentra formas creativas de acercar historias profundas a públicos diversos. La obra se convierte en una experiencia completa donde la música, la actuación, la narración, los elementos y la imaginación trabajan juntos para conectar con nosotros y con una parte importante de nuestra cultura. En tiempos en los que solemos consumir contenido de manera rápida, lejana o demasiado individual, propuestas como esta recuerdan el valor de reunirnos para escuchar, sentir, disfrutar, compartir y transmitir historias que siguen formando parte de quienes somos. Definitivamente, es un plan perfecto para compartir con los más pequeños.
Esta obra se está presentando en una temporada del 6 de junio al 19 de julio, todos los sábados y domingos a la 1 de la tarde en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque, ubicada en Paseo de la Reforma y Campo Marte, justo atrás del Auditorio Nacional.
