Cine Reviews | El gato con sombrero

Gracias a Warner Pictures por invitarnos a la función de prensa de El gato con sombrero. Entré esperando una aventura colorida, con mucho espectáculo y bromas para los más pequeños, y terminé encontrando una película que también me hizo pensar en los esfuerzos de nuestros padres y en cómo cambia nuestra manera de entenderlos conforme crecemos. Me reí muchísimo, disfruté su animación y salí con una escena muy presente en la cabeza, la de una mamá que, entre tantas responsabilidades, todavía guarda los sueños de cuando era niña.

En esta versión, el Gato trabaja para una organización dedicada a llevar felicidad a los niños. El problema es que sus métodos dejan demasiados destrozos y sus superiores ya están perdiendo la paciencia. Para conservar su puesto tendrá que cumplir una misión especialmente complicada, ayudar a dos hermanos que acaban de mudarse con su mamá a un nuevo departamento. Entre el cambio de casa, las amistades que dejaron atrás y la incertidumbre de empezar de nuevo, los niños tienen bastante que procesar antes de que aparezca este peculiar visitante.

La idea de una empresa encargada de administrar algo tan humano como la felicidad me recordó un poco a las premisas de Pixar. Pero la personalidad del Gato y el mundo que construyen a su alrededor pronto se adueñan de la película. Un aparato capaz de retroceder en el tiempo para corregir errores pone en marcha una búsqueda que lleva a los personajes a explorar distintas cajas. Cada una contiene un mundo relacionado con un integrante de la familia, con sus gustos, recuerdos y preocupaciones. Y algo que me pareció muy bonito es que buena parte de esta aventura nace dentro de un mismo cuarto. Basta abrir una caja para que ese espacio se vuelva enorme.

La animación es lo primero que llama la atención. La película combina una apariencia tridimensional con recursos visuales que se sienten más cercanos al dibujo en 2D. Por momentos me recordó a lo que hemos visto en Spider-Verse, por esa libertad para mezclar estilos y hacer que cada escena tenga personalidad. Aquí esa variedad ayuda muchísimo a transmitir la sensación de estar dentro de la imaginación de un niño.

También me gustó cómo utilizan el color. Al principio, el mundo cotidiano de los hermanos se ve gris, apagado, como si la mudanza les hubiera quitado las ganas de disfrutar lo que tienen alrededor. Cuando llega el Gato, la pantalla empieza a llenarse de colores. Ese cambio acompaña muy bien lo que están viviendo los personajes y hace que la aventura se disfrute todavía más en una sala de cine.

Además, la película tiene buen ritmo y es muy divertida. Casi todas las bromas me hicieron gracia, y el circo marino fue de mis partes favoritas. El narval, en particular, me sacó varias carcajadas. También están las Cosas, que fueron parte de mi descubrimiento de este universo. Confieso que mi contacto con las historias del Dr. Seuss había sido bastante limitado, así que esta película fue mi primer acercamiento de lleno al Gato. Me dejó con la sensación de que sus creadores sienten un cariño enorme por el personaje y quieren compartirlo con quienes apenas lo estamos conociendo.

Pero la caja de la mamá fue lo que más me conmovió. Entre tickets, certificados, recetas e información de salud aparece esa acumulación de pendientes que acompaña a la vida adulta. En su caso, esos documentos también reflejan el trabajo cotidiano de cuidar a sus hijos, resolver problemas y procurar que tengan lo que necesitan.

Debajo de todo eso están sus recuerdos de infancia. Ahí sigue la niña que fue, con sus ilusiones, sus experiencias y sus sueños. Me pareció una manera muy bonita de permitirles a los hijos mirar a su mamá desde otro lugar. Esa mujer que ahora puede parecerles tan seria también tuvo su edad, se divirtió y se imaginó una vida llena de posibilidades.

Esa parte me llegó mucho porque cuando somos niños cuesta entender todo lo que nuestros padres hacen por nosotros. Con el tiempo empezamos a reconocer cuánto trabajan y cuántas cosas acomodan, posponen o dejan de lado para cuidarnos, educarnos y acompañarnos. A veces una decisión adulta nos parece injusta porque todavía desconocemos todo lo que hay detrás. La película encuentra una forma cercana de hablar de esos esfuerzos y de invitar a los niños a apreciar a quienes los cuidan, ya sea mamá, papá o ambos.

El otro tema que me gustó fue aprender a afrontar los cambios. Mudarse, dejar a los amigos y empezar en un lugar desconocido puede sentirse enorme a esa edad. Es fácil entender por qué resultaría tan tentador tener un aparato para volver atrás y corregir lo que salió mal. Como adulto, también me quedé pensando en las veces que pasamos demasiado tiempo recordando cómo eran las cosas y dejamos de disfrutar lo que está sucediendo ahora. La película toca esa nostalgia sin perder la alegría de su aventura.

Claro que hay aspectos bastante predecibles. El rumbo de la historia se alcanza a ver desde lejos y la identidad del antagonista tampoco me sorprendió demasiado. Aun así, seguí disfrutando el recorrido. Quería ver qué había en la siguiente caja, con qué ocurrencia iba a salir el Gato y cómo iban a reaccionar los hermanos ante lo que descubrían de su propia familia.

El doblaje en español también me gustó mucho y acompaña muy bien el humor. Entre las voces, el ritmo de las bromas y la expresividad de la animación, hay bastantes momentos para que los niños se estén carcajeando. Al mismo tiempo, los adultos tenemos motivos para reírnos y para sentir un pequeño nudo en la garganta. Para mí, eso es parte de lo que hace buena a una película familiar, que todos podamos disfrutarla y encontrar algo que nos toque.

El gato con sombrero nos sorprendió mucho y se lleva nuestras manitas arriba en Frames. La sentí como una carta de amor al universo del Dr. Seuss, llena de color, imaginación y cariño por su personaje. Su historia me dejó pensando en los sacrificios de los padres y en esos recuerdos que vamos guardando debajo de las obligaciones de todos los días.

Quizá entre tantos pendientes también tenemos una caja de recuerdos esperando a que la abramos. Esta película es una buena oportunidad para hacerlo en familia, reírnos y darle un rato de espacio a la imaginación.

Y recuerda ver El gato con sombrero en Cinépolis, porque hasta los adultos que hoy guardamos recibos alguna vez guardamos tesoros.

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