Mi relación con Ace Combat se había quedado en la primera PlayStation. Jugué aquel Air Combat, recuerdo que me costó bastante trabajo y, durante años, mis amigos me insistieron en que les diera una oportunidad a las entregas más recientes. Siempre había otro juego pendiente y lo fui dejando. Después de terminar Ace Combat 8: Wings of Theve, creo que les debo un «tenían razón».
Llegué con muchas ganas de volar y terminé involucrado con un grupo de personajes, emocionado con su música y haciendo maniobras que al principio ni siquiera sabía cómo intentar. También me desesperé, repetí misiones y estuve a nada de reclamarle al control por errores que eran completamente míos. Todo fue parte de aprender.
Agradecemos a Bandai Namco por proporcionarnos una copia de Ace Combat 8: Wings of Theve para PlayStation 5. Para esta reseña lo jugamos en una PS5 Pro.
Para mí, Ace Combat 8 es uno de los mejores juegos del año. En un calendario lleno de buenos lanzamientos, consiguió que quisiera seguir jugando incluso cuando ya era una pésima idea desvelarme más. Les cuento por qué.
Comenzamos
La franquicia debutó en PlayStation en 1995 con Air Combat y, desde entonces, ha construido una identidad muy particular. Sus aviones pueden parecer reales y sus conflictos tener mucho de política y estrategia militar, pero siempre hay espacio para maniobras imposibles, combates enormes y momentos que parecen sacados de una serie de anime.
Wings of Theve llega de la mano de Bandai Namco Aces y el equipo de Project Aces, más de siete años después de Ace Combat 7: Skies Unknown. Su propuesta mantiene esa mezcla entre acción arcade y pilotaje que permite sentir el peso de una aeronave sin exigirnos estudiar un manual de aviación antes de despegar.
De hecho, creo que sus gráficos tan realistas pueden dar una idea equivocada de lo que ofrece. Su historia y sus personajes tienen mucho del espíritu de un JRPG, y su manera de presentar el drama y las batallas me recuerda al anime. Lo digo como alguien que disfruta muchísimo ese tipo de juegos: hay un grupo al que terminas tomando cariño, conflictos enormes y una aventura que se permite ser emotiva y exagerada cuando lo necesita.
Todo eso está dentro de un juego más intuitivo de lo que aparenta. Además, no necesitas haber terminado las entregas anteriores para entender esta historia. Yo llegué después de una ausencia larguísima y pude seguirla sin problemas.
Historia
La Federación de Usea Central está tratando de sobrevivir al avance de la República de Sotoa. Con su territorio ocupado, fuerzas limitadas y una enorme desventaja, cada misión representa una oportunidad de recuperar algo de terreno y mantener viva la esperanza.
Desde el portaaviones Endurance conocemos a quienes van a acompañarnos en ese esfuerzo. Y ahí fue donde el juego comenzó a ganarme de verdad. Las conversaciones entre operaciones, las personalidades del escuadrón y lo que cada uno aporta consiguen que esas voces por radio se vuelvan importantes para ti. Empiezas pendiente de los objetivos y acabas preocupado por la gente que está volando contigo.
Mi personaje favorito es Tasha. Es una civil con experiencia en vuelo acrobático que termina dentro del equipo en un contexto donde hacen falta pilotos. Me gusta que sus habilidades tengan un lugar en la historia y que, al mismo tiempo, su origen le dé una perspectiva distinta a la de los militares que la rodean.
Esa idea de una civil arrastrada a un conflicto porque sabe manejar lo que otros necesitan me recordó a Gundam. Es una asociación personal, no una influencia que pueda dar por confirmada, pero creo que quienes disfrutan esas historias entenderán la comparación. Tasha tiene su propio carácter y termina siendo mucho más que esa premisa.
La historia también se mete con el papel de las empresas en la guerra, la propaganda y la manera en que las noticias, las redes sociales y las figuras públicas pueden utilizarse para construir una versión de los hechos. Es un mundo ficticio con situaciones que, por momentos, se sienten bastante cercanas.
Lo que más me llegó fue su insistencia en la esperanza, la cooperación y la paz. Suena curioso en un juego donde pasas tanto tiempo lanzando misiles, pero esa tensión está presente: detrás de las victorias también hay pérdidas, y del otro lado hay personas atrapadas en el mismo conflicto. El juego puede hacerte sonreír con una batalla espectacular y, poco después, dejarte pensando en sus consecuencias.
Jugabilidad
Hace mucho que un juego no me hacía utilizar el control de esta manera. Estoy acelerando con R2, corrigiendo la dirección con L1 y R1, disparando, cambiando de objetivo con triángulo, respondiendo al escuadrón con la cruceta y alternando las vistas del radar con el panel táctil. Al principio parece que me faltan dedos.
Pero empiezas a practicar y todo se acomoda. Dejas de buscar mentalmente cada botón y comienzas a reaccionar. Ves al enemigo, haces el giro, corriges, disparas y ya estás pensando en el siguiente movimiento. Cuando le agarras la onda, el avión se vuelve una extensión de ti. Esa sensación es buenísima.
Hay un esquema de control más sencillo para familiarizarte con el vuelo, aunque mi recomendación es probar el control Experto. Permite manejar con más libertad la inclinación del avión y construir los giros, además de corregir la posición después de una maniobra. Requiere acostumbrarse, pero vale mucho la pena. Sigue siendo un juego de acción accesible, solo que con una sensación de pilotaje mucho más satisfactoria.
En el aire tienes lo que esperas de una buena batalla: velocidad, persecuciones, giros cerrados, bengalas para intentar librarte de los misiles y oportunidades para derribar enemigos con el cañón o el armamento que llevas equipado. Las vistas del radar permiten revisar desde lo que tienes cerca hasta la situación general de la operación. Aprender a mirarlo a tiempo te puede salvar una misión.
Importa tanto saber volar como entender qué debes hacer primero. En una operación puedes estar persiguiendo un caza mientras, a tus espaldas, están destruyendo a los aliados que debías proteger. Lo sé porque me pasó con las lanchas de desembarco de la misión cinco. Yo muy ocupado peleando y las pobres lanchas pagando las consecuencias. Cuando entendí las prioridades y finalmente conseguí protegerlas, sentí que había ganado algo más que una misión.
También hay decisiones antes de despegar. Elegir el avión, sus armas especiales y las mejoras adecuadas hace diferencia según los objetivos que te esperan. Y durante el combate tienes opciones para coordinar a tu escuadrón; aprender a aprovecharlo forma parte de dejar de querer resolver todo tú solo.
Cada misión tiene algo que la hace especial. Cambian los objetivos, aparecen nuevas amenazas y la historia avanza mientras estás volando. Eso me mantuvo pegado al control. Terminaba una y quería saber qué iba a pasar en la siguiente, aunque la anterior me hubiera tenido sujetando el control con demasiada fuerza.
Gráficos
Este juego se ve endemoniadamente bien. Volar con el sol de frente, ver cómo la luz recorre el avión y encontrar su reflejo sobre el mar es de esas cosas que te hacen querer detenerte a sacar una captura. El detalle es que normalmente hay alguien intentando derribarte mientras admiras el paisaje.
Las nubes son una parte enorme de ese espectáculo. El equipo utiliza su tecnología Cloudly, junto con la iluminación de Lumen, para dar forma a esos cielos y condiciones meteorológicas. Jugando, lo que importa es cómo cambia la luz al atravesarlas, la profundidad que tienen y lo convincente que resulta moverte entre ellas.
Los aviones en los hangares, los personajes durante las escenas y la presentación de los escenarios mantienen ese nivel de cuidado. Se ve el presupuesto, pero también el cariño. Hay detalles que invitan a mirar incluso cuando no está explotando nada.
Y me gusta mucho el contraste de su dirección artística: utiliza una apariencia fotorrealista para contar una aventura que se permite ser enorme, dramática y muy expresiva. Esa combinación de aeronaves creíbles con situaciones casi de anime termina dándole bastante personalidad.
Dificultad
Puedes ajustar el desafío a lo que buscas, pero conviene entrar sabiendo que algunas misiones te van a pedir atención. No siempre se resuelven disparando más rápido: hay que escuchar, revisar el radar y entender cuál de todas las amenazas requiere tu ayuda.
A mí hubo operaciones que me hicieron sudar. Repetí, me frustré y luego descubrí que estaba dedicándole demasiado tiempo al enemigo equivocado. Aprender a priorizar fue tan importante como mejorar mis maniobras. Cuando por fin resolvía una de esas situaciones, daban ganas de celebrar frente a la televisión.
También vale la pena aclarar que el control Experto y la dificultad son ajustes distintos. Puedes aprender ese esquema de manejo sin ponerte la campaña en su configuración más exigente. Mi consejo es encontrar una dificultad que te permita aprender y disfrutar; el reto adicional puede venir después.
Contenido
La campaña me tomó alrededor de 20 horas y cuenta con 30 misiones. En ese tiempo entraron las escenas de historia, los combates y, por supuesto, varios intentos fallidos. La duración cambiará dependiendo de qué tanto domines el juego y de la dificultad que elijas.
Lo que más agradezco es que rara vez sentí que una misión estuviera ahí solamente para alargar la aventura. Casi siempre había algo que quería ver, una situación que me sorprendía o una mecánica que me pedía jugar de otra manera. Es una campaña que invita a seguir, y eso vale más para mí que presumir una cantidad enorme de horas.
Después puedes regresar para mejorar resultados, completar desafíos y probar otras aeronaves. El árbol de aviones, armamento y mejoras da razones para invertir los puntos que vas ganando y experimentar con distintas opciones. Hay cazas, aviones de ataque, modelos polivalentes y aeronaves de guerra electrónica; cada categoría aporta posibilidades diferentes. Buscar todos los desbloqueos y trofeos requiere bastante más tiempo que llegar a los créditos.
También está Ace Combat Online, que ofrece otra forma de seguir disfrutando el combate junto a otros jugadores. Tiene progresión propia y juego cruzado, y sus modos mezclan cooperación con competencia.
En Co-Op Assault, dos equipos de cuatro pilotos combaten contra enemigos de la IA y buscan conseguir la mayor puntuación. Aunque compites con el otro equipo, necesitas coordinarte con el tuyo y repartir bien los objetivos. Co-Op Warfare suma enfrentamientos directos entre jugadores y una mecánica que me parece especialmente interesante: acumular puntos sin ser derribado aumenta tu nivel de amenaza y las recompensas que puedes conseguir, pero también te convierte en una presa más valiosa. Proteger a tu as o ir a buscar al rival puede cambiar la partida.
Las operaciones Scramble y Emergency Sortie añaden encuentros especiales contra escuadrones de la IA y grandes superarmas. Reunir a varios pilotos para enfrentarse a una amenaza de ese tamaño encaja muy bien con lo que hace divertido a Ace Combat. Su aparición es aleatoria y por tiempo limitado, así que no siempre están disponibles cuando quieres jugarlas.
El online es un buen complemento para quien termina la campaña y todavía quiere seguir volando, aunque su ritmo de progresión pide paciencia. Los aviones se consiguen y mejoran por separado, utilizando experiencia y planos. Desarrollar varias aeronaves implica repetir partidas y administrar esos recursos. Los emparejamientos también pueden juntar equipos con diferencias importantes de experiencia y equipamiento.
El Ace Pass ofrece una ruta gratuita y otra premium con recompensas adicionales, incluidos materiales para mejorar aviones. Me gustaría que avanzar fuera más ágil y que el equilibrio entre equipos mejorara con el tiempo. Aun con ese margen de mejora, hay buenas ideas, posibilidades de cooperación y motivos para volver. La campaña fue mi gran razón para jugar; tener estos modos disponibles amplía las opciones una vez que termina.
Lo positivo
Lo mejor de Ace Combat 8 es lo bien que se combinan sus partes. Dominar el avión ya es divertido, pero hacerlo dentro de una misión que te importa, acompañado por personajes a los que les has tomado cariño y con esa música de fondo, consigue algo mucho más emocionante. Hubo batallas que me dejaron sonriendo y otras en las que acabé completamente absorbido por lo que estaba pasando.
La música merece que me detenga un momento: para mí, es la mejor banda sonora del año. Varias veces pensé que acababa de escuchar mi tema favorito y luego llegaba otra misión a hacerme cambiar de opinión. Las guitarras, los sintetizadores y los momentos más solemnes acompañan la acción con una precisión que a ratos parece personal. Justo cuando necesitas que la batalla se sienta más grande, ahí está la música.
Me encantan también las bandas ficticias de este universo y que algunas canciones formen parte de lo que escuchan los propios personajes por radio. Es un detalle con mucha personalidad: están peleando por sobrevivir, pero también tienen gustos musicales y una vida más allá de las órdenes del escuadrón.
Los efectos de sonido son una maravilla. Motores, alertas, disparos y explosiones hacen que por momentos parezca que los cazas están pasando por la sala. Recomiendo jugar con buenos audífonos o sonido envolvente. A eso se suman las actuaciones de voz en inglés y japonés, que transmiten muy bien el carácter de los personajes y la intensidad de las situaciones.
Y, por encima de todo, agradezco las ganas que me dio de seguir jugando. Podía terminar una misión difícil y, en lugar de apagar la consola, ya estaba viendo qué necesitaba para la siguiente. Ese clásico «una más y ya» me acompañó buena parte de la campaña.
Lo Negativo
La verdad, y poniéndome muy quisquilloso, me hubiera encantado que el juego tuviera doblaje al español. Pasan tantas cosas al mismo tiempo que a veces no sabes a qué prestarle atención: estás controlando el avión, esquivando misiles, buscando objetivos y tratando de proteger a tus aliados mientras tus compañeros siguen hablando por radio. Aunque entiendas inglés, entre tanta acción y explosiones es fácil que algún comentario se te escape.
Los subtítulos ayudan, claro, pero intenta leerlos mientras tienes un misil siguiéndote. Poder escuchar esas conversaciones en nuestro idioma habría sido una maravilla, tanto para seguir las instrucciones como para disfrutar lo que aporta cada personaje. Con lo mucho que terminé encariñándome con el escuadrón, me habría gustado no perderme ni una frase.
Conclusiones
Ace Combat 8 es mi juego del año. Tiene aspectos que pueden mejorar, especialmente en la progresión del online, pero lo que viví con su campaña terminó pesando muchísimo más. Me exigió aprender, me hizo repetir misiones y me dio victorias que celebré de verdad.
Al llegar a los créditos, estaba muy conectado con sus personajes y con esa esperanza que intentan mantener viva incluso cuando todo parece perdido. Ese sentimiento se quedó conmigo. Por mucho espectáculo que tenga, son esas ganas de seguir adelante junto al escuadrón las que terminaron haciendo especial la aventura.
A eso se suma una campaña con muy poca sensación de relleno y una banda sonora que, para mí, no tiene rival entre lo que he escuchado este año. Disfruté cada hora, incluso las que pasé aprendiendo a salir de un problema que parecía imposible. Hay muchísimo trabajo detrás de esa combinación de combate, música e historia, y se nota jugando.
La espera valió la pena. Más de siete años después de la entrega anterior, Wings of Theve conserva la personalidad de Ace Combat y me dio un regreso que llevaba demasiado tiempo posponiendo. Si te gustan los combates aéreos o las aventuras con un buen grupo de personajes, tienes que darle una oportunidad. Llegar sin conocer toda la saga no fue un obstáculo para mí, y tampoco tendría por qué serlo para ti.
RANK 5/5
Me fui de Ace Combat hace años pensando que estos juegos eran demasiado difíciles para mí. Volví y terminé desvelándome para salvar unas lanchas, tomando cariño a Tasha y queriendo escuchar otra vez la música de una misión que acababa de terminar. Mis amigos tenían razón: debí regresar antes. Qué bueno que al fin lo hice.
