Antes de comenzar esta reseña quiero agradecer a Zima Entertainment por la invitación a esta increíble función.
Cuando vi Vértigo en 2022, una de las cosas que más me sorprendió fue lo sencilla que era su propuesta. No necesitaba una historia complicada ni una amenaza sobrenatural para hacerme pasar un mal rato. Dos personas atrapadas en una torre abandonada, con cientos de metros de vacío debajo, fueron suficientes para convertir algo tan cotidiano como mirar hacia abajo en una experiencia bastante incómoda. Por eso, cuando supe que llegaría Vértigo 2: Punto Muerto, mi primera pregunta fue bastante lógica: ¿cómo podían repetir esa fórmula sin simplemente hacer otra vez la misma película?
La respuesta llega cambiando completamente el escenario, aunque no la esencia. En esta ocasión conocemos a Jax Hunter, hermana de Shiloh, uno de los personajes de la primera película. Después de la muerte de su hermana, Jax se encuentra atravesando un duelo bastante complicado y, de cierta manera, tratando de entender mejor a la persona que ya no está. Es entonces cuando aparece Luce, amiga de Shiloh, quien le propone realizar una de las aventuras que su hermana había dejado pendientes. Lo que comienza como una manera de mantener viva su memoria termina llevándolas hasta Tailandia, donde se enfrentan al recorrido de Mount Kwan, una ruta suspendida entre las montañas que parece una experiencia increíble para cualquier amante de la adrenalina, pero que rápidamente se convierte en una pesadilla.
Me gustó que la secuela decidiera conectar directamente con la primera película en lugar de simplemente utilizar el nombre de Vértigo para contar otra historia de supervivencia. Jax no está ahí porque casualmente necesitaba ser la protagonista de una nueva aventura extrema, sino porque existe una relación personal con lo ocurrido anteriormente. Su viaje también funciona como una manera de enfrentarse al recuerdo de su hermana y a una parte de ella misma que siempre ha tenido miedo de las alturas. Luce, por otro lado, tiene una personalidad mucho más aventurera y arriesgada, por lo que desde el principio existe una diferencia bastante marcada entre ambas.
Y precisamente esa diferencia ayuda a que la película tenga algo más que ofrecer además de sus escenas de peligro. Jax está intentando procesar una pérdida mientras se obliga a hacer algo que normalmente jamás haría, mientras Luce parece estar mucho más acostumbrada a buscar este tipo de experiencias. El problema es que ninguna de las dos está preparada para lo que ocurre cuando el recorrido se convierte en una situación de supervivencia. A partir de ahí, la película empieza a jugar nuevamente con esa sensación de estar atrapado en un lugar del que parece imposible salir.
Una de las decisiones que más funcionan es precisamente el cambio de escenario. La primera película estaba construida alrededor de una torre y de la sensación de estar subiendo cada vez más alto, mientras que Punto Muerto utiliza una montaña y un recorrido que permite que los personajes tengan que avanzar por diferentes estructuras suspendidas. Los propios directores, Michael y Peter Spierig, explicaron que querían diferenciar la experiencia de la primera película haciendo que esta vez el peligro no estuviera concentrado únicamente en un punto, sino que los personajes tuvieran que desplazarse por el entorno. Eso permite que visualmente la película tenga más posibilidades y que el peligro pueda aparecer desde diferentes lugares.
Y aquí es donde Vértigo 2 vuelve a encontrar su mejor versión. Cuando la película se concentra en las alturas, en el vacío y en la desesperación de encontrar una manera de avanzar, consigue provocar exactamente esa sensación que uno espera de una secuela de este tipo. Hay momentos en los que simplemente ver dónde están paradas las protagonistas resulta suficiente para hacerme pensar que yo ya me habría dado la vuelta mucho antes. La fotografía aprovecha bastante bien las dimensiones del lugar y consigue que las estructuras parezcan todavía más pequeñas frente al paisaje que tienen debajo.
Lo interesante es que ni siquiera necesitas que ocurra algo extraordinario para sentir tensión. Muchas veces basta con que una de ellas tenga que cruzar de un punto a otro, apoyarse en una estructura que no parece demasiado confiable o mirar hacia abajo para que la escena empiece a incomodar. Esa es probablemente la parte que más disfruto de estas películas, porque el miedo no viene necesariamente de no saber qué va a pasar, sino de saber perfectamente qué podría pasar si algo sale mal.
Sin embargo, creo que ahí también aparece el principal problema de Punto Muerto. La primera película tenía una premisa extremadamente sencilla y toda su historia estaba construida alrededor de ella. No había demasiados elementos que distrajeran de la situación principal y eso ayudaba a que la desesperación fuera creciendo poco a poco. Esta secuela intenta ampliar la historia, agregar más conflictos y darle una mayor conexión con lo ocurrido anteriormente, pero algunas de esas decisiones terminan haciendo que el relato se sienta más complicado de lo necesario.
Hay momentos en los que uno empieza a pensar más en las decisiones que están tomando los personajes que en la situación de peligro en la que se encuentran. Algunas situaciones necesitan que los personajes actúen de determinada manera para que la historia pueda avanzar, y eso puede romper un poco la tensión porque en lugar de estar completamente metido en la supervivencia empiezas a preguntarte por qué simplemente no hicieron otra cosa. En una película donde la lógica de los personajes es fundamental para que el peligro funcione, esos detalles terminan pesando.
Aun así, cuando la película deja de intentar sorprender con nuevos elementos y regresa a lo básico, vuelve a funcionar. Jax y Luce intentando sobrevivir en medio de una montaña, con recursos limitados y sin saber exactamente cuánto tiempo podrán mantenerse ahí, es suficiente para sostener buena parte de la experiencia. No necesitaba que la película buscara constantemente aumentar las apuestas porque el escenario por sí solo ya es bastante aterrador.
También me parece importante reconocer el trabajo de Harriet Slater y Arsema Thomas, porque buena parte de la película depende de que realmente creamos en la relación entre Jax y Luce. La historia necesita que exista una conexión entre ellas para que el viaje tenga sentido más allá de las escenas de peligro, y ambas consiguen darle personalidad a sus personajes incluso cuando la película empieza a llevarlas de una situación extrema a otra.
Además, algunas de las escenas fueron filmadas utilizando estructuras elevadas para ayudar a que el elenco pudiera transmitir de manera más convincente la sensación de encontrarse a gran altura. Obviamente existen medidas de seguridad detrás de cámaras, pero esa decisión ayuda a que ciertos momentos tengan una sensación física mucho más fuerte. Cuando ves a los personajes intentando avanzar mientras debajo de ellos prácticamente no hay nada, es bastante fácil imaginar lo que sentirías si realmente estuvieras ahí.
Por eso creo que la comparación con la primera película es inevitable, aunque tampoco me parece justo pedirle a Punto Muerto que simplemente repita exactamente lo que funcionó hace cuatro años. Esta secuela intenta construir su propia identidad a partir de un nuevo escenario y de una historia que tiene una relación directa con los acontecimientos anteriores. El problema es que la primera encontró una fórmula tan sencilla y efectiva que cualquier elemento adicional puede terminar jugando en su contra.
A pesar de eso, no siento que Vértigo 2: Punto Muerto sea una continuación que exista únicamente para aprovechar el nombre de la primera. Hay una historia detrás de Jax, existe una conexión emocional con Shiloh y la película intenta explorar qué sucede cuando alguien decide enfrentarse a aquello que más miedo le provoca para mantener viva la memoria de otra persona. Puede que no todo funcione con la misma fuerza, pero sí hay una intención de darle un significado adicional a esta nueva aventura.
Y creo que ahí está la diferencia entre una secuela que simplemente repite una fórmula y una que intenta llevarla hacia otro lugar. Vértigo 2 no consigue eliminar por completo la sensación de estar viendo nuevamente algo que ya conocemos, pero sí encuentra suficientes elementos nuevos para que la experiencia tenga su propia personalidad. Cuando se concentra en el miedo a las alturas y en la supervivencia, funciona bastante bien; cuando intenta complicar demasiado su historia, pierde un poco de esa efectividad.
Después de verla, me quedó claro que esta franquicia todavía tiene una herramienta bastante poderosa: conseguir que un paisaje hermoso se convierta en un lugar donde no quisiera estar ni por un segundo. La primera película consiguió que una torre pareciera una de las peores ideas posibles para pasar el día, y esta segunda parte hace exactamente lo mismo con las montañas. Así que si algo me queda después de Vértigo 2: Punto Muerto, además de varias escenas bastante tensas, es la sensación de que quizá no necesito buscar ninguna aventura extrema para demostrar que soy valiente. Por ahora, prefiero seguir teniendo los pies bien puestos en la tierra.
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