¿En qué otro lugar podríamos encontrarnos con un Pikachu armado con una espada, ver a Leon Kennedy posando junto a un Stormtrooper y, unas horas después, descubrir a decenas de cosplayers bailando canciones de 31 Minutos? La respuesta es AniMole 2026, una convención donde el anime dejó de ser algo que solamente miramos para convertirse en algo que vestimos, coleccionamos y compartimos.
La cuarta edición de AniMole se celebró los días 12 y 13 de septiembre en el World Trade Center de la Ciudad de México. Como edición especial de La Mole, su propuesta se encuentra enfocada principalmente en el anime, el manga y la cultura japonesa, aunque también reserva espacio para los videojuegos, el cine, los cómics, la lucha libre y el coleccionismo. En Frames recorrimos sus pasillos para descubrir por qué esta convención se ha convertido en un punto de encuentro para tantas formas distintas de vivir el fandom.
Desde los primeros minutos resultaba evidente que el público era una parte fundamental del espectáculo. Los cosplayers caminaban entre los asistentes, se detenían para tomarse fotografías y transformaban cada pasillo en un enorme crossover. Durante nuestro recorrido encontramos desde personajes reconocibles como Pikachu y Leon Kennedy hasta integrantes del Imperio de Star Wars. Aquí no hacía falta esperar a que comenzara una actividad en el escenario: siempre había algo interesante sucediendo alrededor.
Uno de los espacios más llamativos fue el de Bandai Namco, donde una enorme cantidad de máquinas Gashapon recibía a los coleccionistas. Elegir una cápsula, girar la perilla y esperar para descubrir la figura en su interior convertía una compra sencilla en una pequeña experiencia. También había una máquina de premios estilo arcade que permitía intentar conseguir distintas figuras, aunque obtener una de ellas requería bastante habilidad.
En ese mismo espacio pudimos encontrarnos con las adorables mascotas de Tamagotchi, que caminaron por el evento saludando a los visitantes y posando para fotografías. Por supuesto, no dejamos pasar la oportunidad de llevarnos nuestro propio recuerdo junto a ellas.
Free Fire también tuvo una presencia importante, aunque en esta ocasión no se limitó a promocionar el conocido battle royale. Su espacio estuvo dedicado a Free Fire: Daybreak, la próxima adaptación animada del videojuego, coproducida por Garena y Kadokawa. La historia seguirá a Kelly, una joven que despierta sin recuerdos de su pasado en la ciudad futurista de New Dawn y termina involucrada en el misterioso Project Bloom. La serie será animada por Studio CANDYBOX y su estreno mundial está previsto para la primavera de 2027. Además, los visitantes podían participar en una dinámica dentro de una cabina de aire para intentar atrapar distintos papeles mientras eran impulsados en todas direcciones.
Los juegos de cartas también encontraron su propio espacio. Las mesas dedicadas a Palworld y Goddess of Victory: NIKKE permitían aprender sus reglas y comenzar a jugar con decks preparados para personas sin experiencia. En lugar de encontrarnos con una actividad reservada únicamente para jugadores expertos, había personal dispuesto a explicar cada movimiento y acompañar las primeras partidas, haciendo que acercarse a estos juegos resultara mucho menos intimidante.
Canon apostó por una actividad más creativa, permitiendo que los visitantes diseñaran y se llevaran un pin o botón personalizado como recuerdo. En el área dedicada al desarrollo independiente también pudimos probar Katerva, propuesta presentada por Kora Gaming, y conversar directamente con algunas de las personas involucradas en su creación. Estos espacios resultan especialmente valiosos porque permiten descubrir proyectos alejados de las grandes producciones y compartir nuestras impresiones con quienes los están desarrollando.
El booth de One Piece se convirtió rápidamente en uno de los lugares predilectos para los seguidores de la serie. Sus escenarios estaban diseñados para recrear parte de su universo y conseguir una buena fotografía, por lo que constantemente encontrábamos visitantes preparando poses, levantando sus teléfonos o esperando su turno para formar parte de la tripulación, aunque fuera solamente durante unos segundos.
La posibilidad de conocer personalmente a artistas internacionales fue otro de los grandes atractivos. Las áreas de firmas y fotografías recibieron a seguidores interesados en convivir con invitados como Ha Jin, cantante surcoreana reconocida por interpretar “We All Lie”, tema del k-drama SKY Castle; Shin Min Chul, integrante de T-MAX e intérprete de “Paradise”, canción de apertura de Boys Over Flowers; y Sung Ha Jin, cantautor surcoreano conocido en México por su participación en La Oficina y por realizar versiones en coreano de canciones latinoamericanas.
A ellos se sumaron Babybeard y su combinación de metal, energía y estética kawaii; Lera Abova, actriz que interpreta a Nico Robin en la adaptación live action de One Piece; y el legendario seiyuu Toshio Furukawa, voz original de Piccolo en la saga de Dragon Ball, Portgas D. Ace en One Piece, Kai Shiden en Mobile Suit Gundam y Ataru Moroboshi en Urusei Yatsura. Ver la emoción de quienes finalmente podían conseguir una firma o una fotografía con alguno de sus artistas favoritos recordaba que este tipo de encuentros continúa siendo uno de los mayores atractivos de una convención.
En lo personal, uno de mis recorridos favoritos siempre es el piso superior. Allí se encuentra el área de cosplayers, donde es posible conocer su trabajo, adquirir prints, tomarse fotografías y conversar durante algunos minutos con ellas. No se trata únicamente de admirar un disfraz terminado: detrás de cada personaje existen horas de planeación, maquillaje, confección y búsqueda de materiales. Muy cerca también se encontraba el área dedicada a la lucha libre, una presencia que representa perfectamente esa peculiar combinación de cultura japonesa y entretenimiento mexicano que ha acompañado a La Mole durante tantos años.
El área de doblaje nos permitió llevarnos saludos de algunas voces muy conocidas por el público latino. Entre ellas estaban Monserrat Mendoza, actriz que ha interpretado a Rimuru Tempest en That Time I Got Reincarnated as a Slime y Miku Izayoi en Date A Live; Mireya Mendoza, reconocida por prestar su voz a Monkey D. Luffy en One Piece; y Óscar Flores, quien interpreta al músico de los Piratas de Sombrero de Paja, Brook.
También tuvimos la oportunidad de conversar con Cristián Bredée, creador de OloBestias, una colección de pequeñas criaturas diseñadas y pintadas en México que recupera una característica muy particular de ciertos juguetes clásicos: cada una posee su propio olor. Encontrar este tipo de proyectos entre tantas licencias internacionales demuestra que también existe un espacio para los diseñadores y creadores mexicanos.
Después de caminar durante horas, Maruchan nos alivianó con sus sopitas y ofreció dos juegos arcade tan divertidos como complicados. El jefe de Frames intentó conseguir uno de los premios, nosotros también lo intentamos y, desafortunadamente, el equipo completo terminó retirándose con las manos vacías. Al menos las sopas ayudaron a sobrellevar la derrota.
Como suele suceder en estas convenciones, resultaba difícil marcharse sin comprar algo. En el booth de Grupo Planeta aproveché para llevarme un libro de El Señor de los Anillos publicado por Minotauro, mientras que editoriales como Kamite ofrecían numerosos mangas y publicaciones para quienes todavía disfrutamos tener nuestras historias favoritas en formato físico.
Uno de los puestos independientes reunió videojuegos y consolas de distintas generaciones, desde títulos para Atari 2600 y NES hasta Game Boy Advance y Wii U. Para quienes crecimos jugando con estas plataformas, revisar sus cajas y cartuchos era un ejercicio de nostalgia; para integrantes más jóvenes del equipo, como Noke, algunos de esos sistemas provocaban tanta curiosidad como si se tratara de piezas encontradas en un museo. Después de revisar el catálogo, algunos miembros de Frames terminaron agregando nuevos juegos retro a sus colecciones.
En Máscara de Látex encontré una divertida playera de Street Fighter que parecía hecha especialmente para mí. Kokorocao se convirtió en otra parada peligrosa para la cartera gracias a su selección de botanas y dulces importados, no solamente de Asia, sino también de Estados Unidos. Entre ellos encontramos productos difíciles de conseguir regularmente en México, como las Oreo inspiradas en Doctor Doom. Una bebida de Monster nos proporcionó la energía necesaria para continuar explorando todo lo que todavía quedaba por delante.
La afición por el anime tampoco permaneció encerrada en vitrinas o estantes. En otra parte del recinto encontramos motocicletas y automóviles personalizados con imágenes de series como Los diarios de la boticaria, Evangelion y Los Caballeros del Zodiaco. Cada vehículo funcionaba como una obra en movimiento y demostraba hasta dónde puede llegar la dedicación de alguien cuando decide convertir su serie favorita en parte de su identidad cotidiana.
AniMole 2026 no dependió de una sola atracción para justificar la visita. Su principal fortaleza fue reunir distintas maneras de ser fan. Algunas personas llegaron caracterizadas como sus personajes favoritos; otras buscaban un manga, una figura, una cápsula Gashapon, una firma o simplemente una fotografía que les permitiera recordar el recorrido. Los videojuegos, el doblaje, la música, el coleccionismo y la cultura japonesa convivieron dentro del mismo espacio sin que una actividad desplazara por completo a las demás.
Sin embargo, el momento que mejor resumió el espíritu de la convención llegó con Los Shinigamis del Norte. Cuando la agrupación comenzó a interpretar canciones de 31 Minutos, la respuesta del público fue inmediata. Otakus, visitantes y cosplayers comenzaron a cantar y bailar frente al escenario, creando una fiesta tan inesperada como divertida.
Ver a tantos personajes distintos compartiendo la pista dejó claro que AniMole no funciona solamente como un enorme mercado de coleccionables o como un escaparate para invitados y marcas. Su verdadero atractivo está en reunir a personas que quizá siguen series, juegos y artistas diferentes, pero que reconocen entre ellas la misma emoción de ser fans. Durante un fin de semana, el WTC dejó de ser únicamente un centro de convenciones para convertirse en uno de esos lugares donde el anime finalmente pudo salir de la pantalla.



