¿Te has preguntado por qué la humanidad ha avanzado tanto?
Es natural creer que nuestra inteligencia o la morfología de nuestro cerebro es lo que ha permitido que la humanidad sea la única especie terrestre capaz de desarrollar civilizaciones que se mantienen hasta el día de hoy y evolucionan constantemente.
Pero hay algo que fácilmente se nos escapa, precisamente porque es tan natural para nosotros que no notamos cómo otros animales no lo hacen de la misma manera: la comunicación.
Existen animales que incluso pueden superar nuestras habilidades físicas o ciertos aspectos de nuestra inteligencia, pero tenemos una gran ventaja: la capacidad de comunicarnos. No solo a través del idioma o las señas, sino mediante la habilidad de transmitir conocimiento, lo que ha provocado una evolución que va más allá del material genético.
Summer Wars nos presenta una especie de utopía que ha alcanzado la cúspide de la comunicación, y cómo el mundo puede tambalearse radicalmente cuando esa comunicación es corrompida y utilizada de manera incorrecta.
Antes de continuar, quisiera agradecer a MasQueCine y a Konnichiwa Festival, quienes nos invitaron a esta función como parte del Festival Mamoru Hosoda, el cual celebra sus grandes éxitos y nos permite compartir esta reseña con ustedes.
Kenji, una joven promesa del instituto y prodigio del cálculo matemático, pierde un concurso y se queda sin mucho que hacer durante las vacaciones de verano. Al mismo tiempo, Natsuki, una chica de su escuela, le propone actuar como su novio durante una reunión familiar para cumplir una promesa en el cumpleaños de su bisabuela, una mujer que ha formado una enorme familia a lo largo de los años.
En dicha reunión, además de hijos, nietos y demás descendientes, aparece un hijo ilegítimo que tuvo el abuelo con una amante. Él vivía en el extranjero y hacía más de diez años que la familia no lo veía.
En medio del ambiente tenso, Kenji recibe un correo electrónico con un enigma matemático. Movido por la curiosidad, lo resuelve, pero al día siguiente aparece en las noticias como el presunto responsable de un ataque cibernético contra OZ, una especie de metaverso donde los avatares de las personas interactúan y se comunican mediante servicios públicos digitales. Este será solo el preámbulo de una guerra entre la familia y una IA que poco a poco obtiene más poder y busca causar destrucción en el mundo real.
Summer Wars, producida por Studio Chizu y MADHOUSE, a pesar de su título, se siente más cercana a lo cotidiano y al drama familiar que al enfrentamiento épico cibernético que domina su último acto. Muy al estilo característico de Mamoru Hosoda, aunque ambos conceptos parecen chocar entre sí, ninguno pierde intensidad; al contrario, terminan reforzándose mutuamente. Mientras la crisis cibernética se intensifica, los conflictos dentro de la familia Jinnouchi también se magnifican.
A pesar de haberse estrenado en 2009, la temática se siente increíblemente actual. Aunque nuestro desarrollo tecnológico aún no alcanza el nivel mostrado en la película, es cierto que el auge de la Inteligencia Artificial ha provocado más de un dolor de cabeza. Tal vez no intenta destruirnos, pero su mal uso —o uso excesivo— sí ha generado importantes conflictos sociales.
La mezcla entre animación tradicional y el uso de 3D para el entorno cibernético funciona perfectamente para marcar una clara diferencia entre ambos mundos, algo que incluso hoy se siente fresco e impresionante. El drama también resulta enternecedor: el énfasis en la unión familiar, a pesar de los errores del pasado, logra mostrar a los personajes en sus momentos más vulnerables, pero también en aquellos donde demuestran mayor fortaleza.
No pierdas la oportunidad de experimentar esta obra atemporal exclusivamente en Cinépolis este fin de semana, desde este 14 de mayo.
