El amor tiene la capacidad de ser muy poderoso; darle una motivación a alguien puede hacer que logre muchas cosas de las que no se creía capaz. Esa fuerza interna tiene una capacidad de cambio inigualable. Dicha fuerza también puede ser controlada para otros objetivos: cuando alguien aprende a manejar las emociones ajenas, puede decidir el destino de otra persona y, si lo hace con una intención cuestionable, puede arruinar no solo a la persona, sino también a sus objetivos. El Beso de la Mujer Araña nos presenta no solo una, sino varias historias de amor; un amor que puede no ser únicamente romántico, sino que se manifiesta de muchas formas.
Antes de continuar, quisiera agradecer a Corazón Films por la invitación a la función, que me permite expresarles mi sincera opinión.
Durante un periodo de tensión política en Argentina en la década de los 70, Luis ha pasado años cumpliendo su condena después de que lo descubrieran teniendo relaciones sexuales con otro hombre. Sin embargo, puede que su suerte por fin cambie, ya que el responsable de la cárcel le ha ofrecido un trato que consiste en conseguir información de un preso político. Dicho preso, Valentín, ha sido aislado por incitar la sublevación de los presos al liderar una huelga de hambre, por lo que lleva mucho tiempo sin comunicación con sus compañeros. Luis, en un intento de congeniar con Valentín, le propone contarle sobre una película que él admira. Con algunas modificaciones propias, empieza a narrar la historia con lujo de detalle y, a su vez, mientras se revela la trama de dicha película, la relación entre Valentín y Luis se fortalece, e iremos descubriendo datos de ambos prisioneros.
El Beso de la Mujer Araña es una adaptación de una novela que posteriormente fue llevada al teatro. Es por esto que, en la interpretación cinematográfica, encontramos muchos elementos que parecen pertenecer al escenario teatral, como las coreografías, algunos escenarios y el aspecto musical. Se combinan el drama, la comedia y el musical de una forma no del todo homogénea; cada aspecto tiene una delimitación clara, como si fueran varias películas que conviven entre sí.
Esta combinación se maneja muy bien, con una ambientación muy contrastada entre lo real y la ficción de la película: una cárcel gris que poco a poco va cobrando vida cuando Luis accede a la celda de Valentín y su relación se va fortaleciendo, mientras que el musical es tan colorido como expresivo.
La película que nos narra Luis se siente como una metáfora de lo que viven y de lo que vivirán él y Valentín. Esta metáfora refuerza las emociones que se buscan transmitir al terminar de ver la cinta, con un final que puede resultar bastante impactante y crudo.
Un aspecto que no me logró convencer del todo, y que sentí ligeramente forzado, es cómo en los últimos días de convivencia la relación cambia radicalmente. Por momentos me pareció falto de desarrollo; al tener dos líneas narrativas, puede que se complique profundizar en los personajes de ambas historias.
Esta es una historia adelantada a su época, que no tiene miedo de incomodar a quien la vea. Si te gustan las combinaciones poco convencionales, con un toque de diversión, drama y política, además de coreografías y un vestuario excelente, esta cinta es más que recomendable para pasar una tarde de reflexión.
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