Cine Reviews | TWICE: One in a Million

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Hay documentales que te informan… y hay otros que te hacen sentir. TWICE: One in a Million pertenece a la segunda categoría. No solo cuenta la historia de una de las agrupaciones más queridas del K-pop, sino que te envuelve con una calidez que hace que, por momentos, sientas que estás viendo tu propia historia contada a través de ellas.

Antes de continuar quiero agradecer a Más que Cine Latam por hacernos llegar la invitación para la función especial de este documental, para la realización de esta reseña.

Cuando empecé a seguir a TWICE hace años, recuerdo perfectamente que lo hice casi por accidente. Me topé con uno de sus videos mientras buscaba algo completamente distinto, y sin querer me quedé atrapado por esa energía brillante, casi contagiosa, que transmitían. Ver este documental fue como abrir una vieja caja de recuerdos: esos primeros días, las canciones que no podía sacar de mi cabeza, los videos en YouTube a medianoche, y esa sensación tan pura de descubrir algo nuevo que te hace compañía sin que tú lo busques.

El documental —que celebra su décimo aniversario— hace algo muy bonito: te deja ver lo que hay detrás del brillo. Ensayos, risas, lágrimas, momentos de cansancio, pero sobre todo, la unión de nueve chicas que se convirtieron en hermanas. Hay una autenticidad difícil de encontrar en producciones de este tipo. No es solo una recopilación de éxitos; es una mirada sincera al esfuerzo que hay detrás de cada sonrisa, de cada “gracias” que le dedican a su público.

Y aunque se centra en su carrera, One in a Million también se siente como un espejo para los que alguna vez seguimos sus pasos desde lejos. Me hizo pensar en lo rápido que pasa el tiempo, en cómo hace ya tantos años que escuché sus canciones por primera vez y cómo, sin darme cuenta, muchas de ellas se convirtieron en parte del soundtrack de mi vida.

No voy a mentir: hubo momentos en los que me quedé callado, simplemente mirando la pantalla y recordando etapas de mi vida que se conectaban con lo que veía. Es ese tipo de nostalgia bonita que no duele, pero te aprieta el pecho.

Visualmente, el documental cumple con creces. Tiene esa estética pulida que caracteriza a las producciones coreanas, pero sin perder el toque humano. La música, los momentos de gira, las confesiones entre lágrimas… todo está ahí para recordarte que, aunque sean estrellas globales, siguen siendo personas que alguna vez también soñaron desde un cuarto pequeño.

TWICE: One in a Million no es solo para fans; es para cualquiera que haya creído en algo con el corazón. Para los que han acompañado a un artista desde sus primeros pasos, o para quienes guardan canciones que marcaron un antes y un después.

En lo personal, salí de la sala con una sonrisa y un poco de nostalgia. Porque más allá de ser un documental, fue un viaje al pasado, uno que me recordó por qué me enamoré de su música en primer lugar.

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Staff del Templo Sagrado

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