Cine Reviews | Eddington

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Es increíble voltear atrás y darte cuenta que han pasado casi 6 años de lo que el mundo conoció como «el gran encierro», el virus del que todos tuvimos que cuidarnos con cubrebocas durante tanto tiempo. Un evento que cambiaría para siempre el curso de la historia, y que pocos queremos recordar. En este contexto de fractura social que aún palpita, llega Eddington, la nueva película del provocador Ari Aster (Hereditary, Midsommar, Beau Is Afraid), estrenándose en salas mexicanas este 14 de agosto.

Antes de seguir, agradecemos a Cine Caníbal el habernos invitado a la función de prensa, para compartir nuestras impresiones con ustedes acerca de esta obra.

Protagonizada por pesos pesados como Joaquin Phoenix, Pedro Pascal y Emma Stone, promete no dejar indiferente a nadie. Y tras verla, confirmo que no solo no lo hace, sino que clava su mirada en las heridas abiertas de nuestra época con la sutileza de un martillo y la precisión de un bisturí.

Una Sátira Salvaje al Estilo Aster

Desde sus primeros minutos, Eddington se revela como una feroz sátira que, como bien se apunta, evoca el humor oscuro y retorcido de los hermanos Coen, la violencia estilizada y los diálogos cargados de Tarantino, y la crítica social mordaz al estilo del mexicano Luis Estrada. Aster construye un escenario árido, casi post-apocalíptico, donde convergen personajes desesperados, cínicos o simplemente perdidos en un pequeño pueblo de Arizona llamado Eddington. La premisa inicial – un sheriff local llamado Joe Cross (Joaquin Phoenix) que se niega a utilizar cubrebocas y a cumplir las medidas de salud de COVID-19, quien contrasta con el alcalde Ted García (Pedro Pascal), en una carrera política que involucrará protestantes, conspiranoicos, y la polarización que aún hoy vivimos día a día. 

Sí, acabo de salir del cine y me encantó. Pero también es cierto que Eddington es una película que muchos encontrarán autocomplaciente y hasta condescendiente. Sin embargo, como bien señala la opinión compartida, hay una sensación de que Aster sabe exactamente lo que está haciendo: tomar las guerras culturales que dividen a la sociedad estadounidense (y por extensión, a muchas otras), meter cada tema candente – desde la violencia policial y el racismo hasta la desinformación y la alienación capitalista – en una jaula, y pincharlas con un palo para ver cómo reaccionan. Es un ejercicio deliberadamente incendiario, a menudo malintencionado, y que ofenderá sin duda a muchos espectadores. No ofrece soluciones, ni siquiera toma una postura clara; su fuerza radica en la exposición cruda y el absurdo.

Donde Aster demuestra su maestría es en su manejo del tono y el ritmo. Eddington es, sin lugar a dudas, su película más divertida. Pero es un humor negro, incómodo, que surge de situaciones extremas y de un timing impecable en la dirección de actores. Como se destaca, hay intercambios aparentemente simples  que, gracias a la puesta en escena, el contexto y la entrega de los intérpretes, alcanzan una comicidad demoledora. Y aquí entra otra marca de la casa Aster: su capacidad para mantener la mirada. Sostiene planos, prolonga escenas incómodas o violentas hasta el límite, negándonos la catarsis rápida y forzándonos a confrontar lo que vemos. Es un cine que no te deja escapar.

El tramo final de Eddington es un huracán. Es confuso, fragmentado, y rompe abiertamente con la narrativa convencional. Pero esta confusión no es un fallo; es la esencia del mensaje. La película parece argumentar que, en la era del algoritmo, de TikTok, de la sobrecarga informativa y la narrativa controlada por IA, intentar encontrar un sentido lineal o una solución clara a los problemas sociales presentados es tan fútil como la propia guerra cultural. La sensación de que las corporaciones y el capital son los verdaderos amos, moviendo los hilos mientras nos distraemos peleando entre nosotros, queda flotando en el aire como un gas tóxico. El final, que personalmente me fascinó, es una exclamación audaz y desesperanzada (o quizás liberadora en su nihilismo) sobre el sinsentido de ciertas batallas.

El elenco está sublime. Pedro Pascal aporta carisma y una tensión contenida, Emma Stone brilla con una complejidad fascinante. Pero es Joaquin Phoenix quien vuelve a robar el aliento. Con una presencia magnética y una capacidad para transmitir vulnerabilidad, ira y absurdo a partes iguales, Phoenix confirma, una vez más, que es uno de los mejores actores de nuestra generación. Su trabajo aquí es tan potente que cualquier pecado cinematográfico pasado queda más que perdonado(te estoy mirando, Guasón 2).

Eddington no es una película fácil. Es agresiva, incómoda, deliberadamente provocadora y su mensaje final es descorazonador. No será para todos. Pero es cine con mayúsculas. Es la visión sin concesiones de un autor (Ari Aster) en pleno control, desafiando los límites narrativos y las expectativas del público, al igual que lo hizo recientemente The Substance. Es visualmente impactante, descaradamente divertida en su oscuridad, y está interpretada de manera excepcional. Si buscas una experiencia cinematográfica segura y reconfortante, aléjate.

Pero si amas el cine que te desafía, que te provoca, que te hace reír con incomodidad y te deja reflexionando (o discutiendo acaloradamente) mucho después de los créditos, Eddington es una película imprescindible y, para muchos, una obra maestra incómoda de nuestro tiempo. No te la pierdas en la pantalla grande a partir del 14 de agosto. 

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