Mi primer acercamiento con Gears of War fue en aquel lejano EGS, cuando este tipo de eventos todavía se sentían como una auténtica fiesta para quienes éramos fanáticos de los videojuegos. En ese entonces, el EGS estaba prácticamente dedicado a jugar. Podías encontrarte con títulos que ya estaban en el mercado, probar accesorios y, sobre todo, tener la oportunidad de ponerle las manos encima a juegos que todavía ni siquiera habían salido. Y ahí estaban las tres grandes: Nintendo, PlayStation y Xbox. Pero no llegaban simplemente para poner un stand y ya. Cada una tenía su propio espacio, con algunos de sus juegos más importantes, muchos de ellos todavía sin llegar a las tiendas. Para entrar necesitabas una pulsera y, si mal no recuerdo, conseguirla implicaba participar en ciertas dinámicas con los distribuidores que estaban dentro del evento. Era todo un pequeño ritual para poder llegar finalmente a ese booth y tener unos minutos con aquello que todos queríamos probar.
Fue precisamente ahí donde jugué por primera vez Gears of War. Ya había visto imágenes en revistas y sabía perfectamente que ese juego estaba llamando la atención, pero una cosa era verlo en fotografías y otra muy distinta tener el control en las manos. Recuerdo perfectamente esa sensación de sorpresa, porque Gears of War no estaba inventando el género de los shooters en tercera persona, pero sí consiguió tomar muchas de las cosas que ya conocíamos y darles una identidad completamente diferente. El sistema de cobertura, el peso de los personajes, las armas, la violencia, la escala de los escenarios, la campaña y, por supuesto, el multijugador. Todo se sentía grande. Muy grande.
Además, hay que ponerlo en contexto. Estamos hablando de una época en la que Xbox 360, PlayStation 3 y Nintendo Wii estaban llevando a la industria hacia una nueva generación. Nintendo estaba haciendo su propia revolución con el control, mientras que Xbox y PlayStation competían por demostrar hasta dónde podían llegar técnicamente sus consolas. Y en medio de todo eso apareció Gears of War con una propuesta que, al menos para mí, se sintió como una auténtica revolución dentro del género. Pero creo que hubo algo todavía más importante para nosotros como jugadores mexicanos: el juego se sentía cercano. El doblaje al español latino, los personajes, la forma en la que se construyó ese universo y hasta las frases que terminaron quedándose en la memoria de toda
Comenzamos
Historia
Jugabilidad
Gráficos
Dificultad
Contenido
Lo Positivo
Lo Negativo
Conclusión
