La sexualidad masculina es algo que rara vez se discute en México. Y no me refiero a la investigación que, con toda seguridad, ya ha profundizado en el tema a nivel académico; ese tipo de discusión difícilmente alcanza a la población general, sobre todo porque cualquier conversación al respecto suele ser desplazada por el humor y las burlas. Los problemas que no se hablan no dejan de ser problemas, y lo normal en estos casos es que se generen tabúes y desinformación.
Para parte de la población mexicana, esto ha provocado que, en empleos o situaciones de extrema soledad, aumente el número de encuentros sexuales casuales. En ocasiones, estos se mantienen dentro de la forma tradicional que dicta la relación entre hombre y mujer, sin importar la situación sentimental o civil de quienes participan. Es por esto que, en un país donde suelen prevalecer la clandestinidad y problemáticas como el narcotráfico, algunos hombres, bajo la sombra del anonimato y del encuentro fugaz, llegan a tener experiencias sexuales con otros hombres sin necesidad de cuestionarse lo que eso puede significar para su identidad.
En el camino construye una narrativa sobre un joven abiertamente homosexual que huye de la muerte o de un destino de esclavitud sexual.
Antes de continuar, quisiera agradecer a IQ Icunacury Acosta & Co., quienes nos invitaron a una función especial y nos permiten entregarles esta reseña.
Veneno, un joven mexicano norteño, viaja con un trailero hacia el norte cuando, en una fonda a mitad de la noche, es abandonado a su suerte. Con pocas opciones, decide esperar hasta la mañana a que llegue alguien que pueda auxiliarlo. El primero en entrar a la fonda es el apodado “El Muñeco”, un hombre de más de 30 años con gran experiencia en las peligrosas carreteras, quien decide ayudarlo cuando Veneno lo convence de hacer negocio con un pequeño cargamento de droga.
Es durante este trayecto que poco a poco iremos descubriendo las razones por las que Veneno parece abandonado en un mundo hostil y cómo la relación con El Muñeco evolucionará hasta el punto en que ambos abrirán sus miedos e inseguridades, poniéndose mutuamente en peligro para salvar sus vidas.
En el camino adopta la fórmula del road trip, aunque el viaje no resulta particularmente emocional. Con frecuencia encontramos escenas incómodas y grotescas que tratan de reflejar aquello que la sociedad intenta ocultar con sus palabras. No solo hay escenas gráficas de sangre, mutilaciones y muerte; también la película busca impactar mediante escenas de sexo presentadas como una mera transacción, una moneda de cambio para obtener aunque sea un pequeño contacto humano en medio de jornadas extenuantes de trabajo.
Aunque la película intenta profundizar en el realismo de la situación, la verdad es que suele caer en numerosos estereotipos. Además, comete con frecuencia el error de decir en lugar de mostrar. Si se habla de esclavitud sexual, nunca se profundiza realmente en el tema. Si se nos dice que El Muñeco es adicto, pocas veces lo vemos reflejado en pantalla. Si sus hijos son importantes para él, vemos poco o nada de su familia. Y, por supuesto, los sentimientos latentes de los protagonistas permanecen ocultos más allá de unas cuantas escenas clave.
Da la impresión de que falta una mayor construcción del contexto que rodea a los personajes y a su forma de vida. La película presenta numerosos elementos interesantes, pero rara vez les dedica el tiempo suficiente para desarrollarlos, lo que termina restando fuerza emocional a varios de sus conflictos.
La relación entre Veneno y El Muñeco se siente como un retorcido vínculo fraternal y romántico. Aunque en un principio ambos intentan justificar sus encuentros como el simple resultado del consumo de sustancias y la soledad, terminan involucrándose en los asuntos del otro con tal de evitar hacerse daño mutuamente.
Debo reconocerle méritos en la manera audaz en que plantea el mecanismo mediante el cual muchos hombres evitan hablar o admitir ciertas cosas, mientras que sus acciones parecen contradecir exactamente lo que dicen. El humor también suele representar con bastante precisión la forma en que conviven. Sin embargo, la actuación deja bastante que desear. Los actores difícilmente enfrentan desafíos emocionales complejos, y no porque el guion no les proporcione material suficiente, sino porque en pocos momentos logran salir del estereotipo sobre el que están construidos sus personajes.
Atrévete a experimentar este 4 de junio en Cinépolis.
