Cine Reviews | Sobriedad, me estás matando

Voy a ser muy directo: Sobriedad, me estás matando es una película que rompe con la necesidad de presumir vidas perfectas en redes sociales. Mientras todos compartimos viajes, comidas y logros, aquí tenemos a un protagonista que no tiene nada que presumir. Raffi, un casi cuarentón adicto a los centros de rehabilitación, es un hombre hundido en su propia miseria, incapaz de crecer y de asumir las responsabilidades de la adultez. Después de ser expulsado de una clínica y de fracasar en la convivencia con su madre, busca refugio en Trino, el único amigo que le queda, quien lo impulsa a intentar conquistar a Inés, su amor imposible de la preparatoria.

Antes de continuar, quiero agradecer a Zima Entertainment por la invitación para la función de esta película y por permitirnos vivir esta experiencia en pantalla grande.

La película nos coloca frente a un personaje que parece atrapado en un ciclo interminable de errores y recaídas. Lo interesante es que no lo presenta como alguien digno de compasión, sino como una persona tóxica, incapaz de reconocer el daño que causa a quienes lo rodean. Esa decisión narrativa es valiosa porque evita el sentimentalismo fácil y nos obliga a enfrentarnos a la incomodidad de ver a alguien que, en lugar de inspirar empatía, despierta frustración. Como espectador, llega un punto en el que uno quisiera sacudirlo y gritarle “¡Reacciona!”, porque no es justo que arrastre a sus amistades, quienes incondicionalmente le tienden la mano.

Lo que vemos en pantalla no es un romance convencional ni un drama diseñado para hacernos llorar. Es una comedia negra que se atreve a tratar temas escabrosos con un guion inteligente, coherente y, por momentos, desesperante. Raffi es un hombre que se quedó detenido en el tiempo, que sigue actuando como un universitario sin entender las implicaciones de ser un adulto funcional. Esa falta de madurez es lo que lo condena, pero también lo que hace que la película funcione como espejo de una realidad incómoda: todos conocemos a alguien que se niega a crecer.

El reparto sostiene la película con actuaciones sólidas y orgánicas. Octavio Hinojosa interpreta a Raffi con una naturalidad que hace pensar que el papel le pertenece en la vida real. Lo acompañan Alfonso Borbolla, reconocido por su trabajo en Me caigo de Risa, Club de Cuervos, Harina y Narcos; Maya Zapata, ganadora del Ariel por De la calle y recordada por Soy tu fan; y Mónica Dionne, conocida por Sexo, pudor y lágrimas y No manches Frida. Todos aportan matices que enriquecen la historia, con interpretaciones conmovedoras cuando deben serlo y absurdas cuando la trama lo exige, lo que refuerza el tono de comedia negra.

En lo técnico, la dirección de Raúl Campos y el guion compartido entre Hinojosa, Félix de Valdivia y Campos construyen una narrativa compacta y bien articulada. La fotografía de Daniel Anguiano aporta una estética que refleja la decadencia emocional del protagonista, mientras que la música de Chetes acompaña con precisión los momentos de tensión y de humor. La dirección de arte de Santos Moncayo refuerza la atmósfera de caos y desencanto que atraviesa toda la cinta. Y es encomiable que, dentro de lo que se nota que es un presupuesto ajustado, la película logre algunas tomas y encuadres interesantes, arriesgados y propositivos, que se sienten frescos y necesarios para la escena del cine mexicano actual.

Un punto que me pareció negativo es la duración. Con casi dos horas de metraje, la película se siente un poco larga para la trama que propone. Creo que una mejor edición, más ajustada, hubiera beneficiado al ritmo y a la experiencia del espectador, porque la historia no requiere tanto tiempo para transmitir su mensaje.

Lo que sí me gustó es que la historia te permite conocer, en la misma línea de tiempo, los dos escenarios de una vida: el del protagonista que se hunde en sus errores y el de quienes lo rodean intentando salvarlo. Nunca se victimiza a Raffi ni se le presenta con lástima, sino que se transmite la impotencia de sus padres por sacarlo adelante, recordándonos que el dinero no lo es todo. También se siente la motivación que su amigo trata de inyectarle y, por otro lado, las mariposas que Irene ve en Raffi, como un símbolo de lo que aún podría ser si decidiera cambiar.

Al final, Sobriedad, me estás matando nos recuerda que todos merecemos una segunda oportunidad, pero también que somos responsables de buscarla y aprovecharla. Así como compartimos las vacaciones en Europa o los grandes logros en redes sociales, también son importantes los momentos en los que hemos caído más bajo, porque es al levantarnos cuando realmente nos convertimos en mejores personas. Es importante reconocer nuestros malos momentos, enfrentar a nuestros demonios, ya que sólo así podemos conocernos y hacernos mejores personas.

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