Crear una obra maestra no puede ser simplemente seguir un manual y recrear cada una de las reglas previamente establecidas. Si lo que quieres es el éxito comercial, llegar a la mayor cantidad de público y que ese público disfrute de tu obra, puede que ese sea el camino. Pero si el objetivo es crear algo que rompa paradigmas, que haga cuestionarse no solo al espectador, sino a los propios realizadores qué es una verdadera experiencia de valor, Nueva Ola Francesa nos lleva a la perspectiva de las personas que iniciaron uno de los movimientos cinematográficos más significativos del siglo y de la historia del cine.
Antes de continuar, quisiera agradecer a Cine Caníbal la invitación al equipo de Frames a esta revolucionara función.
Jean-Luc Godard, un joven pero excéntrico director de cine, no puede esconder la ambición que lo consume por dirigir su primer largometraje, aunque este no será un largometraje común y corriente. Mientras que las reglas del séptimo arte ya se encuentran establecidas para los años sesenta, para Godard hace falta una revolución, una que está dispuesto a iniciar con un equipo de todo menos ortodoxo, el patrocinio y la participación de sus amigos y, para sorpresa de todos, logra reclutar a una de las estrellas internacionales del momento.
El equipo contará con solo 20 días de grabación y mucha incertidumbre por parte de los participantes. El ingenio sin precedentes de Godard y las actuaciones de Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg no solo lograrán sacar adelante la película, sino que también significarán el parteaguas de algo mucho más grande, como una ola que reestructurará lo ya construido hasta el momento.
Nueva Ola Francesa imita a la perfección la época en la que está inspirada. Todos los detalles están en su lugar, tanto que parece que el documental realmente sucedió en el momento en que se plantea. Una película que rebosa personalidad y carisma; no solo se siente de otra época, sino que los retratos que hace de cada personaje son icónicos.
El aspecto visual es muy importante en la película. Al ser en blanco y negro, podría parecer monótona, pero hace que los detalles resalten bastante: la iluminación, los escenarios, las tomas con cámara en mano.
Pero Nueva Ola Francesa no es solo un museo hecho película: tiene humor, momentos irreverentes, cierta cantidad de incertidumbre y drama que te hacen cuestionar si todo saldrá como lo propone el director al final.
Te interese o no la historia del cine, Nueva Ola Francesa tiene algo que ofrecer a cualquier espectador: guión, cuidado técnico, lecciones de cinematografía, humor inteligente y una curiosidad incansable por el cine francés clásico.
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