Antes de comenzar esta reseña quiero agradecer a + Que Cine Latam por la invitación a esta increíble función.
Terminator 2: El Juicio Final, una película que hace mucho dejó de ser solamente una película y es que de alguna manera, sentimos que conocemos desde antes de haberlas visto completas. Terminator 2: El Juicio Final pertenece completamente a la segunda categoría para mí. Durante años la fui conociendo a través de la televisión, de escenas sueltas, de repeticiones en Canal 5, de referencias, de frases que ya forman parte de la cultura popular y de ese Arnold Schwarzenegger que aparece en tantas partes de nuestra infancia que prácticamente termina siendo imposible separar al actor del personaje. Por eso, poder verla finalmente en una pantalla grande, 35 años después de su estreno, fue una experiencia bastante especial.
Yo era demasiado pequeño cuando Terminator 2 llegó originalmente a los cines en 1991, así que nunca tuve la oportunidad de vivirla como seguramente lo hicieron quienes estuvieron ahí en aquel momento. Y creo que eso hace todavía más curioso sentarme hoy frente a una película que siento que conozco desde hace décadas. Lo interesante es que, aunque había visto muchísimas de sus escenas por televisión, verla completa en cine me hizo darme cuenta de que una cosa es reconocer una película y otra muy diferente es realmente vivirla como una película.
Porque Terminator 2 ya no pertenece únicamente a la saga de James Cameron. La película se convirtió en una especie de lenguaje cinematográfico propio. Basta escuchar “I’ll be back”, “Hasta la vista, baby” o pensar en un robot levantando el pulgar mientras desaparece entre el fuego para que inmediatamente sepamos de qué estamos hablando. El T-800, el T-1000, Sarah Connor y hasta la motocicleta de Arnold dejaron de ser simples elementos de una película para convertirse en referencias que aparecen constantemente en otros programas, películas, caricaturas y series. Los Simpson, por ejemplo, han utilizado en diferentes ocasiones referencias visuales y paródicas relacionadas con Terminator, incluyendo elementos del famoso visor del T-800 y hasta juegos con la frase “Hasta la vista, baby”.
Eso es lo que más me llama la atención cuando uno vuelve a ver una película así después de tantos años. Muchas veces creemos que estamos viendo un clásico porque alguien nos dice que lo es, pero con Terminator 2 basta empezar a verla para descubrir cuánto de ella hemos consumido sin darnos cuenta. Algunas de sus escenas se han convertido en imágenes que reconocemos aunque no sepamos exactamente de dónde vienen, y muchas de sus frases ya dejaron de pertenecer exclusivamente a los personajes para convertirse en parte de la cultura popular.
Y eso también tiene mucho que ver con Arnold Schwarzenegger. En 1991 ya era una estrella enorme, pero Terminator 2 hizo algo bastante interesante con su imagen. En la primera película era la amenaza, una máquina prácticamente imparable que perseguía a Sarah Connor sin mostrar una pizca de humanidad. Aquí James Cameron toma exactamente ese mismo rostro, ese mismo cuerpo y esa misma presencia, pero lo convierte en el protector de John Connor. La película incluso aprovecha el contraste para construir una relación entre John y el T-800 que termina siendo una de las partes más recordadas de toda la historia.
Además, volver a verla ahora permite apreciar mucho mejor lo que Robert Patrick hizo con el T-1000. En una época en la que los efectos digitales todavía estaban lejos de ser algo cotidiano, la idea de enfrentar al Terminator tradicional contra una máquina capaz de convertirse prácticamente en cualquier persona debió sentirse como ciencia ficción pura. Y aunque hoy estamos acostumbrados a ver personajes completamente digitales, transformaciones y efectos generados por computadora prácticamente en cualquier producción, hay algo en ese T-1000 que todavía funciona. La Academia incluso señala el morphing utilizado en la película como un ejemplo importante de cómo esta técnica permitía transformar de manera fluida la apariencia de un personaje.
Lo curioso es que Terminator 2 no solamente envejeció bien en sus efectos, sino que también terminó adquiriendo un valor histórico que quizá en 1991 nadie podía dimensionar. La película ganó cuatro premios Oscar, incluyendo Mejor Sonido, Edición de Efectos de Sonido, Maquillaje y Efectos Visuales, y décadas después, en 2023, fue seleccionada para formar parte del National Film Registry de la Biblioteca del Congreso por su importancia cultural, histórica o estética. Cuando una película consigue permanecer vigente durante más de tres décadas y además termina siendo preservada oficialmente como parte del patrimonio cinematográfico de un país, creo que ya estamos hablando de algo que va mucho más allá de una buena película de acción.
Y justamente por eso me gustó tanto verla en pantalla grande. Esta nueva versión por el 35 aniversario llega remasterizada en 4K y con la conversión a RealD 3D que originalmente se realizó para la restauración de 2017. En México regresó a las salas desde el 17 de septiembre y se programó también en formatos como 4DX y D-BOX dependiendo del complejo. Yo la vi en 3D y, aunque no diría que la película necesita este formato para funcionar, sí me parece una manera bastante agradable de volver a encontrarse con ella. La disfruté prácticamente como habría disfrutado una proyección tradicional, pero con ese pequeño atractivo adicional de estar viendo una película que ya conocemos en una presentación diferente.
También hubo algo que me hizo disfrutar todavía más esta función y fue verla en su idioma original. Durante muchos años mi referencia de Terminator 2 había sido el doblaje que pasaban en televisión, y quiero dejar algo muy claro: el doblaje mexicano es parte importantísima de nuestra propia experiencia con estas películas y no tengo ningún problema con él. De hecho, hay voces que inmediatamente asociamos con determinados personajes. Sin embargo, escuchar a Arnold Schwarzenegger, Linda Hamilton, Edward Furlong y Robert Patrick en inglés cambia completamente la percepción de algunas escenas.
Y aquí me llevé una pequeña sorpresa que, después de tantos años, me dio hasta un poco de risa descubrir. Yo siempre había pensado que algunas de las frases en español que aparecen en la película eran una adaptación que se había hecho para el público latinoamericano. Particularmente Hasta la vista, baby, porque durante años la hemos repetido tanto en México que parece una frase inventada específicamente para nosotros. Pero no. La frase está en la película original y John es quien se la enseña al T-800. Después, el Terminator la utiliza frente al T-1000.
Algo parecido ocurre durante la visita a Enrique Salceda. El personaje, interpretado por Cástulo Guerra, es amigo de Sarah y tiene escondido un arsenal para ayudarla a preparar a John ante lo que viene. La película incluye ahí varios diálogos en español, y el detalle que me pareció todavía más curioso es que Enrique no es mexicano dentro de la historia, sino guatemalteco. Después de tantos años, descubrir estos pequeños detalles mientras ves la película en su idioma original hace que incluso una cinta que creías conocer perfectamente todavía pueda sorprenderte.
Y hablando de conocerla perfectamente, hubo otra cosa que me pasó durante la función y que me hizo cuestionar seriamente mi propia memoria. Yo tenía perfectamente ubicados los grandes bloques de la película: el inicio con John, la persecución en el canal, la llegada del T-800, el rescate de Sarah del hospital, la visita con Enrique, todo lo relacionado con Miles Dyson y Cyberdyne y después, en mi cabeza, prácticamente saltaba directamente a la fundidora. Pero cuando llegó la persecución del T-1000 en el helicóptero y posteriormente en el camión cisterna con nitrógeno líquido, me quedé pensando: “¿Esto siempre estuvo aquí?”.
Sí, obviamente siempre estuvo ahí. Revisé la secuencia y forma parte de la película completa. Después del ataque en helicóptero, el T-1000 toma un camión cisterna cargado con nitrógeno líquido y continúa persiguiendo a Sarah, John y al T-800 hasta la fundidora. Ahí ocurre precisamente una de las escenas más recordadas de toda la película, cuando el nitrógeno líquido congela al T-1000 y el T-800 finalmente lo hace pedazos con un disparo mientras le suelta el famoso “Hasta la vista, baby”.
Lo interesante es que no encontré una fuente confiable que confirme que Canal 5 haya eliminado esa parte de sus transmisiones, así que probablemente aquí mi memoria hizo de las suyas. Y me parece hasta bonito que una película que conocemos tanto pueda provocar ese tipo de recuerdos. Porque eso también forma parte de la experiencia de crecer con el cine en televisión abierta: no siempre recuerdas la película completa, recuerdas momentos, cortes comerciales, escenas que viste una y otra vez y la sensación de que conoces perfectamente una historia aunque hayan pasado años desde la última vez que la viste completa.
Al volver a encontrarme con Terminator 2 en el cine, también entendí por qué sigue funcionando tan bien como película de acción. La persecución del canal, la motocicleta, el camión, el helicóptero, el asalto a Cyberdyne y la batalla final en la fundidora siguen teniendo una energía impresionante. James Cameron construyó una película gigantesca, pero nunca pierde de vista a sus personajes. En medio de todas esas explosiones y persecuciones existe una historia bastante sencilla sobre Sarah intentando proteger a su hijo, John intentando entender qué significa ser el futuro líder de la humanidad y una máquina que poco a poco empieza a comprender conceptos que originalmente no formaban parte de su programación.
Por eso creo que sería injusto hablar de Terminator 2 únicamente como una película de acción de los años noventa. Es una de esas producciones que ayudaron a establecer cómo debía verse un blockbuster moderno, pero también consiguió algo todavía más difícil: convertirse en una referencia que otras producciones pueden parodiar porque prácticamente todo el mundo entiende la referencia. Cuando Los Simpson o cualquier otra serie utiliza una pose, una frase, un sonido o una imagen relacionada con el T-800, no necesita explicarnos demasiado. La cultura popular ya hizo el trabajo.
Y quizá eso sea lo más bonito de regresar a verla 35 años después. Yo no tuve la oportunidad de verla en una sala cuando originalmente llegó al cine, pero finalmente pude sentarme frente a una pantalla grande y verla completa, en inglés y en 3D, entendiendo un poco mejor por qué tantas de las imágenes que tengo asociadas al cine de acción nacieron aquí. La película que durante años conocí por televisión, por referencias y por escenas aisladas finalmente se convirtió en una experiencia cinematográfica completa.
Después de verla, entiendo todavía más por qué Terminator 2 sigue teniendo ese lugar tan especial. No solamente porque Arnold Schwarzenegger esté increíble como el T-800, ni porque Robert Patrick haya construido uno de los villanos más reconocibles de la ciencia ficción, ni porque los efectos visuales hayan sido revolucionarios para su época. Es porque después de 35 años seguimos hablando de ella, seguimos reconociendo sus escenas, seguimos utilizando sus frases, seguimos parodiándola y todavía hay personas que tienen la oportunidad de descubrirla por primera vez en una pantalla grande.
Así que si tienen la posibilidad de verla en el cine durante este aniversario, creo que vale muchísimo la pena aprovecharla. Sobre todo si, como yo, la conocieron durante años a través de la televisión y sienten que ya la habían visto mil veces. Hay algo muy diferente en escuchar por primera vez esa música en una sala, ver aparecer al T-800 en pantalla grande y darte cuenta de que aquella película que parecía formar parte de tu infancia desde siempre en realidad nunca la habías experimentado de esta manera. Treinta y cinco años después, Terminator 2 regresó al cine y, por una vez, el “I’ll be back” no fue solamente una frase de Arnold: realmente volvió.
Disfrútala solo en Cinépolis 🍿
