Anime Reviews | Kid Venom

Kid-Venom

El mundo de Spider-Man ha estado presente en mi vida desde que tengo memoria. Todo comenzó con aquella serie tan emblemática de los 90, Spider-Man: The Animated Series, que no solo me hizo engancharme con el personaje, sino que me enseñó a ver a Peter Parker como algo más que un superhéroe: un humano con dudas, problemas y un peso enorme sobre los hombros.

Pero si algo realmente me atrapaba episodio tras episodio, eran los villanos. Cada uno tenía su esencia, su estilo, eran memorables. Y aun así, hubo uno que desde el primer momento se quedó grabado en mi mente: Venom.

Venom no era solo otro enemigo. Tenía algo distinto. Su origen, esa conexión con lo desconocido, con lo espacial, hacía que su historia se sintiera más grande, más oscura. Y conforme avanzaba, ese trasfondo crecía, se expandía, se volvía más complejo. No era solo fuerza bruta, aunque claro, cuando aparecía en pantalla, esa fuerza se sentía brutal.

Había algo en él, esa ferocidad, esa manera en la que su poder se desbordaba, que como niño simplemente te dejaba con la boca abierta. Ya fuera enfrentándose a Spider-Man o cuando Peter llegó a portar el simbionte, se percibía ese aumento de poder, casi como si la pantalla no pudiera contenerlo. Era ese tipo de sensación que no sabes explicar del todo, pero que te sacaba un wow genuino.

Y es increíble pensar que, después de tantos años, Venom sigue evolucionando. No se quedó en los cómics ni en esa nostalgia noventera, sino que ha logrado expandirse a nuevos formatos y propuestas. Ejemplo de ello es Kid Venom, que representa algo bien interesante: un cruce entre culturas, entre el manga y el universo clásico que muchos conocimos.

Es como ver cómo algo que empezó siendo parte de tu infancia sigue creciendo contigo, transformándose, pero sin perder esa esencia que te hizo enamorarte desde el inicio. Y eso se siente especial.

Antes de comenzar esta reseña de Kid Vemos quiero agradecer a Panini México por proporcionarme este hermoso tomo.

Kid-Venom
Kid-Venom

El tomo de Kid Venom se siente como abrir una puerta rara dentro de algo que creías conocer perfectamente. Es como cuando de niño tomabas un cómic al azar en un puesto, sin saber bien qué ibas a encontrar, pero con esa emoción de descubrir algo que, de alguna forma, iba a quedarse contigo. Porque sí, esto es Venom pero no el Venom que con el que crecí en los 90’s es diferente.

Aquí no hay rascacielos, ni Nueva York, ni ese caos urbano al que estamos acostumbrados. Aquí todo se traslada a un Japón antiguo, casi místico, donde conocemos a Kintaro, un personaje que parece sacado directamente de una leyenda. Y desde ese momento, todo cambia. La historia no se siente como un simple “what if”, se siente como una reinterpretación completa del concepto de Venom.

Y es curioso, porque mientras avanzas en la lectura, hay una sensación constante de familiaridad y extrañeza al mismo tiempo. Familiar porque sabes lo que representa el simbionte, sabes lo que significa ese poder, esa dualidad, ese peligro latente. Pero extraño porque aquí se percibe diferente, más salvaje, más espiritual, casi como si no fuera solo una criatura alienígena, sino una fuerza que pertenece a algo más grande, más antiguo.

El ritmo del tomo es rápido, directo, sin pedir permiso. Al reunir varios números en una sola edición, la narrativa no se detiene demasiado a explicarte todo. Te lanza al conflicto, a las batallas, a ese mundo donde los simbiontes parecen más cercanos a demonios que a simples entidades extraterrestres. Y eso puede descolocar un poco al inicio, pero también tiene algo muy especial: te obliga a dejarte llevar. Y ahí es donde empiezas a conectar con el personaje.

Kid-Venom
Kid-Venom
Kid-Venom
Kid-Venom

Porque poco a poco, entre enfrentamientos, miradas y silencios, te das cuenta de que esto no va solo de peleas. Va de crecimiento. Va de entender ese poder que claramente es demasiado grande para quien lo porta. Y en ese sentido, Kintaro tiene algo muy especial. No es Peter Parker, no tiene su contexto ni su estilo de vida, pero comparte algo esencial con él: esa sensación de estar cargando algo que lo supera.

Visualmente, el cómic es una delicia. Se nota muchísimo la influencia del manga, no solo en el trazo, sino en la forma de contar la historia. Las expresiones son más intensas, los momentos de acción se sienten más dinámicos y los silencios pesan más. Hay viñetas que no necesitan diálogo porque lo dicen todo con la mirada o con la postura de los personajes. 

Porque si creciste viendo a Spider-Man en los 90, si recuerdas esos momentos donde aparecía el simbionte y todo se volvía más oscuro, más intenso, este cómic toca esa misma fibra, pero desde otro ángulo. Es como revivir esa sensación de “esto es diferente… esto es más peligroso”, pero ahora con una estética y una narrativa completamente nuevas.

Hay algo que si noté que hace que no se sienta an perfecta esta entrega y es que el ritmo acelerado hace que algunas partes se sientan apresuradas, y hay momentos donde te gustaría quedarte un poco más, entender mejor ciertas cosas, profundizar más en los personajes o en el mundo. Pero al mismo tiempo, eso también le da una energía muy particular, muy cruda, muy directa.

Kid Venom no intenta reemplazar nada de lo que ya existe. No busca ser “el nuevo Venom definitivo”. Lo que hace es algo más interesante: toma esa esencia que muchos conocimos desde niños y la reinterpreta desde otro lugar, con otra cultura, con otra sensibilidad. Es como reencontrarte con algo que creías conocer pero verlo crecer, cambiar y sorprenderte otra vez.

Y en un mundo donde muchas historias se sienten recicladas, además de que personalmente siento que el mundo de Spiderman no ha sido bien cuidado en estos últimos años hace que esta entrega valga muchísimo. Porque logra algo que no es tan fácil: hacerte sentir otra vez como ese niño que veía a Venom por primera vez, sin entender del todo qué estaba pasando, pero sabiendo que estabas frente a algo increíble.

Scroll al inicio