Iba completamente en blanco con esta película… bueno, no del todo, porque tenía expectativas bastante altas por ver a Robert Pattinson y Zendaya compartir pantalla. Pero siendo honesto, en mi cabeza ya tenía armado el escenario: un drama común, de esos de problemas de pareja, ex novios, discusiones que ya hemos visto mil veces… algo predecible.
Antes de continuar esta reseña quiero agradecer a Diamond Films México por la invitación a la premier de esta película la cual personalmente.
Y sí, al inicio The Drama juega justo con esa idea. Te hace creer que va por ese camino, que sabes perfectamente hacia dónde se dirige. Pero poco a poco empieza a cambiar… y cuando te das cuenta, ya no estás viendo “otra historia más”, estás metido en algo mucho más pesado.
Es una película que va de menos a más, pero no de forma explosiva, sino silenciosa. Todo se va acumulando: miradas, pausas incómodas, palabras que nunca se dicen. Y eso termina pesando más que cualquier escena dramática exagerada. Aquí no hay gritos innecesarios ni momentos forzados para hacerte llorar… lo que hay es una honestidad emocional que se siente demasiado real.
Gran parte de eso recae en las actuaciones. Lo de Pattinson es increíblemente contenido, como si todo el tiempo estuviera cargando algo que no puede soltar. Hay momentos donde ni siquiera necesita hablar, porque con la pura mirada ya te transmite ese desgaste, esa frustración, ese dolor que se va acumulando. Se siente genuino, como alguien que realmente está pasando por algo.
Y Zendaya no se queda atrás, al contrario… hay escenas donde de verdad se siente que le duele lo que está viviendo. Su vulnerabilidad no se siente actuada, se siente real. Cada silencio, cada reacción, cada pequeño gesto tiene peso. Es de esas actuaciones donde dices “ok, esto no es actuación, esto se está sintiendo de verdad”.
Y juntos funcionan increíblemente bien, pero no de una forma “bonita” o romántica. Su química es incómoda, tensa, muy humana. Se nota que sus personajes realmente sufren por lo que está pasando, y eso hace que como espectador te metas más de lo que esperabas. Hay momentos donde incluso se siente raro, como si estuvieras viendo algo demasiado personal.
A mí me pasó que empecé viéndola pensando que sería algo equis… y terminé completamente metido, incluso recordando cosas propias, situaciones, silencios que uno ha vivido y que simplemente deja ahí guardados.
Al final, sí… es un drama. Pero no el típico que esperaba. Es mejor, porque no intenta impresionarte, intenta ser real. Y cuando una película logra eso… ya no solo la ves, la sientes.
Así que no dudes en verla y disfrútala solo en cinépolis
