El Liverpool Gaming Fest 2025 volvió a la Ciudad de México y desde el momento en que llegué al Centro Banamex se notaba que habían aprendido de sus ediciones anteriores. El ambiente era animado, con pasillos llenos de gente probando juegos, tomando fotos y recorriendo cada espacio. No fue un evento perfecto ni algo que marcará para siempre, pero sí se sintió como un paso adelante respecto a lo que habíamos visto antes.
Lo primero que me llamó la atención fue la presencia de más marcas. En años pasados daba la sensación de que faltaba algo, de que el festival estaba incompleto. Esta vez no: Nintendo, PlayStation y Xbox tuvieron sus espacios y eso le dio otro aire. No eran stands gigantescos como en convenciones internacionales, pero al menos ofrecían variedad para probar diferentes propuestas y sentir que estabas en un evento realmente dedicado a los videojuegos.
Una de las cosas que más disfruté fue poder probar Silent Hill F, un juego que todavía no está en el mercado. No diría que fue una experiencia única en la vida, pero sí fue interesante tener un primer vistazo y sentir que el festival se esfuerza por ofrecer contenido fresco. No todos los días se puede poner las manos en un título tan esperado antes de su lanzamiento, y eso ya le da cierto valor al evento.
Las dinámicas también estuvieron bien pensadas. No eran revolucionarias, pero sí lo suficientemente entretenidas para mantener a la gente participando, desde competencias rápidas hasta actividades más relajadas que servían como pausa entre tanto ruido y movimiento. Se notaba que había una intención de que los asistentes no solo fueran espectadores, sino parte activa del festival.
Algo que sí debo reconocer es que los spots para fotos mejoraron muchísimo. En años anteriores eran bastante básicos y casi se sentían como un adorno forzado. Ahora, en cambio, tenían escenarios mejor trabajados, con detalles cuidados e iluminación adecuada. Era mucho más atractivo recorrerlos y tomarse el tiempo de capturar recuerdos, y eso se agradece porque al final del día son esos detalles los que más circulan en redes sociales.
El hecho de que la entrada fuera gratuita con registro sigue siendo un acierto. Abre las puertas para que cualquier persona pueda asistir y vivir la experiencia, sin importar tanto el bolsillo. Y eso le da al evento una vibra distinta, más comunitaria, más relajada, con gente de todo tipo que comparte un mismo interés por los videojuegos.
Al final, salí con una buena sensación. No diría que fue un evento perfecto ni el mejor del año, pero sí uno que muestra crecimiento y madurez. La presencia de más marcas, la oportunidad de probar un título anticipado, las dinámicas entretenidas y los mejores espacios para fotos hicieron que la visita valiera la pena. El Liverpool Gaming Fest todavía tiene camino por recorrer, pero lo importante es que avanza en la dirección correcta y ya empieza a consolidarse como un punto de encuentro para la comunidad gamer en México.
¡Espero que la siguiente edición venga con más fuerza!
