Cine Reviews | El Día D: Bajo Presión

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Siempre me han fascinado las películas ambientadas en la Segunda Guerra Mundial. Desde que era niño ha sido uno de esos temas que no dejan de sorprenderme porque son historias que, si alguien te las contara sin contexto, pensarías que son completamente ficticias. Sin embargo, cuando descubres que realmente ocurrieron, no puedes evitar preguntarte cómo fue posible que el mundo viviera momentos tan extremos.

En la escuela normalmente aprendemos lo indispensable: quiénes participaron, cuáles eran los bandos, cómo comenzó el conflicto y algunas de las batallas más importantes. Pero conforme uno crece descubre que existen cientos de pequeñas historias que rara vez aparecen en los libros de texto. Son relatos de personas que jamás empuñaron un arma o que nunca estuvieron en el frente de batalla y que, aun así, terminaron siendo piezas fundamentales para cambiar el curso de la historia. Eso es precisamente lo que más disfruto de este tipo de películas: mostrar que detrás de los grandes acontecimientos siempre hubo personas aparentemente comunes tomando decisiones extraordinarias.

Antes de continuar, quisiera agradecer a Universal México por la invitación que nos permite entregarles esta reseña.

Día D: Bajo Presión apuesta justamente por contar una de esas historias poco conocidas. En lugar de llevarnos directamente a las playas de Normandía o mostrarnos los intensos combates del famoso desembarco, la película pone los reflectores sobre James Stagg, el meteorólogo escocés encargado de analizar las condiciones climáticas antes de la invasión aliada.

Puede sonar como un trabajo poco emocionante, pero conforme avanza la historia entiendes el enorme peso que recaía sobre sus hombros. Un error en el pronóstico significaba poner en riesgo la vida de más de 150 mil soldados, cientos de barcos y miles de aeronaves. Básicamente, una predicción equivocada podía provocar el fracaso de la operación militar más importante de la Segunda Guerra Mundial.

Y es ahí donde la película encuentra su mayor virtud. Logra convertir algo tan cotidiano como revisar mapas meteorológicos en un thriller lleno de tensión. Cada conversación, cada reunión y cada decisión transmiten la sensación de que el tiempo se está agotando y de que cualquier error podría cambiar el rumbo de la historia.

Lo interesante es que esta cinta también nos recuerda algo que muchas veces olvidamos: las guerras no solamente se ganan con soldados. Detrás de cada operación existen estrategas, ingenieros, médicos, científicos y, en este caso, un meteorólogo cuya opinión terminó siendo más importante que la de muchos generales. Son esos pequeños detalles históricos los que hacen que películas como esta resulten tan interesantes, porque amplían nuestra perspectiva sobre hechos que creíamos conocer perfectamente.

En cuanto a las actuaciones, quien verdaderamente sostiene la película es Andrew Scott en el papel del meteorólogo James Stagg. Su interpretación transmite perfectamente el peso que recaía sobre sus hombros. No estamos hablando de un héroe de guerra tradicional ni de alguien que empuña un arma, sino de un hombre de ciencia que sabe que una sola decisión puede definir el destino de miles de personas.

Scott logra que sintamos su ansiedad, la presión constante de tener que defender sus pronósticos frente a algunos de los líderes militares más importantes de la época y, sobre todo, el conflicto interno de saber que, aunque la ciencia ofrece respuestas, nunca existe una certeza absoluta cuando se trata del clima. Hay momentos donde basta una mirada o un breve silencio para entender todo el miedo y la responsabilidad que carga su personaje. Es una actuación sobria, contenida y muy humana, alejada del dramatismo exagerado, lo que hace que resulte todavía más creíble.

Por otro lado, Brendan Fraser entrega una buena interpretación como el general Dwight D. Eisenhower. Se nota el esfuerzo por transmitir la enorme responsabilidad de liderar una operación que podía cambiar el rumbo de la guerra y tiene varias escenas donde proyecta autoridad y serenidad.

Sin embargo, aquí también entra un tema completamente personal. Me sigue costando muchísimo ver a Brendan Fraser en papeles completamente dramáticos. No porque actúe mal, sino porque crecimos viéndolo en películas como La Momia, George de la Selva, Al Diablo con el Diablo o Viaje al Centro de la Tierra, donde su personalidad siempre estuvo ligada al humor, la aventura y un carisma muy particular. Es uno de esos actores que automáticamente transmiten cercanía, así que por momentos me costaba dejar de ver a ese Brendan Fraser que marcó mi infancia para creer por completo que estaba frente al comandante supremo de las fuerzas aliadas.

Al final, ambos cumplen muy bien con su papel, pero si tuviera que destacar una actuación, definitivamente me quedo con Andrew Scott. Él es quien consigue que una historia sobre mapas meteorológicos, reuniones estratégicas y predicciones del clima se convierta en un drama lleno de tensión que mantiene el interés de principio a fin.

Visualmente la producción recrea muy bien la atmósfera de principios de los años cuarenta. Los escenarios, el vestuario, la fotografía y la dirección consiguen transportar al espectador a esos días previos al desembarco de Normandía, donde cada hora que pasaba aumentaba la incertidumbre.

También me gustó que la película no intenta convertirse en otra cinta de acción sobre la Segunda Guerra Mundial. Aquí prácticamente no veremos grandes explosiones ni largas secuencias de combate. Su apuesta está en el drama histórico y en demostrar que algunas de las decisiones más importantes de la humanidad se tomaron alrededor de una mesa de trabajo, analizando mapas, gráficos y reportes meteorológicos.

Quizá algunos espectadores esperen algo más parecido a Rescatando al Soldado Ryan o Dunkerque, pero la intención de Día D: Bajo Presión es completamente distinta. Aquí el enemigo no son las balas, sino el tiempo, la incertidumbre y la responsabilidad de tomar una decisión de la que dependían miles de vidas.

Al terminar la película no pude evitar pensar en cuántas historias similares seguirán ocultas entre los libros de historia. Porque al final, muchas veces son esos personajes de los que casi nadie habla los que realmente terminan cambiando el mundo.

Revive El Día D, solo en  Cinépolis.

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