Así se vivió el concierto de Anamanaguchi

Anamanaguchi enciende el Foro La Paz

El cuarteto neoyorquino regresó en su 3era visita a la Ciudad de México el pasado 17 de julio para presentarse en el Foro La Paz, un recinto cuya atmósfera íntima terminó siendo el escenario perfecto para una noche en la que la nostalgia por los videojuegos, la energía del rock alternativo y la cultura de internet se mezclaron con un público completamente entregado. El lugar perfecto para celebrar a los fans de la banda y la sorpresa que pudieran conocerlos, tomarse fotos y conseguir la preciada firma en discos y acetatos.

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El anuncio del concierto nos emocionó a los seguidores mexicanos, quienes hemos acompañado a la banda desde sus primeros trabajos inspirados en el chiptune, soundtracks de videojuegos hasta su evolución hacia un sonido más amplio y emocional con Anyway, el álbum que dio nombre a esta nueva etapa de la agrupación.

El Foro La Paz se llenó con asistentes donde vimos camisetas de Scott Pilgrim, consolas portátiles, sudaderas inspiradas en videojuegos independientes, accesorios pixelados y toda clase de referencias a la cultura geek que ha acompañado a Anamanaguchi desde sus inicios. Mas allá de tratarse de un concierto convencional de rock alternativo, la sensación era de un relación intima de la banda con personas que crecieron escuchando música de videojuegos. El Foro La Paz demostró por que uno de los espacios favoritos para conciertos en la Ciudad de México. La cercanía del escenario, entre artistas y asistentes permitió que cada momento se sintiera intima, sin la enorme distancia que suele existir en recintos de mayor capacidad.

El concierto comenzó con la banda mexicana Honey Pod, quienes con su rock alternativo pusieron el ambiente para Anamanaguchi. Los primeros temas comenzaron a llenar el recinto mientras las guitarras y la batería construían y mostraban la calidad de la banda nacional. Una digna muestra de música alternativa creada por los norteños con bastante buen ritmo.

Algo que me llamó mucho la atención fue la respuesta del público. Anamanaguchi salió con bastantes sombras y luces neones de fondo, comenzando con un ritmo bastante conocido por los fans, y así continuar mostrando bastante de su repertorio. No importaba si sonaban canciones recientes o temas que llevan varios años formando parte de su repertorio, la gente reaccionaba exactamente con la misma intensidad sin importar que sonara. Algunos brincaban sin detenerse un solo segundo, otros levantaban los brazos, ponían luces o coreaban temas que no tenían letra, más de uno terminaba cantando melodías hechas completamente con sintetizadores.

Resulta extraño describirlo y que puedas vivirlo, pero lo intentare, tratando de expresarte la magia del grupo. Muchas de sus canciones prácticamente no necesitan voz para transmitir emociones. Los cambios de ritmo, las explosiones de sonido y las melodías construyen una historia o recuerdo propia que hace imposible quedarse quieto a pesar de no conocer el tema.

Uno de los momentos que más disfruté fue cuando comenzaron a sonar varias piezas relacionadas con el universo de Scott Pilgrim. Es impresionante el cariño que el público mexicano sigue teniendo por ese trabajo. Apenas aparecieron los primeros sonidos, el recinto entero respondió con una emoción difícil de describir. Había sonrisas por todos lados, celulares levantados y una vibra colectiva de estar reviviendo una parte muy especial de la cultura gamer de la última década.

Anamanaguchi

Sin embargo, reducir a Anamanaguchi únicamente a Scott Pilgrim sería completamente injusto. La banda ha construido una identidad muchísimo más amplia y esa noche nos demostraron la calidad artística del grupo. Recorrer las distintas etapas de su carrera permitió apreciar cómo han evolucionado sin perder esa esencia brillante, ingeniosa y divertida que los caracteriza.

Visualmente el concierto también fue un espectáculo. Las luces parecían sincronizarse con cada cambio de intensidad de las canciones aunque no es apto para epilépticos por que al igual que lo retro, se juega con destellos.. Los colores brillantes, los destellos y las oscuridad generaban la sensación de encontrarse dentro de un videojuego independiente donde todo ocurre mágicamente para procesarlo por completo. Lejos de desentonar, el apartado visual complementaba perfectamente la música. Había momentos en los que literalmente parecía que el escenario cobraba vida al ritmo de los sintetizadores. La respuesta del público también ayudó muchísimo a no perder esa pasión y ritmo con brincos, coreos e incluso slam en una canción.

Entre canción y canción hubo espacio para agradecer el recibimiento del público mexicano incluso se dieron el gusto de presentar uno de sus nuevas rolas de su recién anunciado álbum. Aunque fueron intervenciones breves, bastaron para reforzar esa sensación de que la banda realmente disfruta regresar al país. Cuando pensaba que la energía había alcanzado su punto máximo, aparecía otra explosión de guitarras, otra secuencia de sintetizadores y otro momento en el que el piso entero parecía moverse con los saltos de la gente.

Aun así, también hubo espacio para canciones con una carga emocional distinta. Esos momentos demostraron que Anamanaguchi no vive únicamente de la velocidad o del volumen. Detrás de esa estética inspirada en los videojuegos existe una composición muy cuidada que permite construir atmósferas melancólicas. Quizá eso sea lo que más me gusta de ellos. Son capaces de hacer que una consola transmita exactamente la misma emoción que una guitarra o un piano.

Conforme el concierto avanzaba, nadie quería que terminara a pesar de estar casi 2 horas de pie. El calor dentro del Foro La Paz aumentaba, las camisetas comenzaban a empaparse y aun así nadie parecía dispuesto a bajar el ritmo. La comunión entre la banda y el público era sorprendente y agradable. El cierre fue exactamente lo que esperaba de un concierto de Anamanaguchi, una explosion , ruidosa, colorida y absolutamente catártico. Las últimas canciones terminaron convirtiendo el recinto en una enorme pista donde todos brincábamos al mismo tiempo mientras los sintetizadores llenaban cada rincón del lugar. Aqui te dejo algunas de las canciones que pudimos disfrutar:

Sparkler
Lieday
Air On Line
Magnet
Really Like To
United By Fate
Valley Of Silence
Direct Delivery (canción nueva)
Rage (Kitchen Sink)
MTR
Endless Fantasy
Miku
Fall Away
Darcie
Buckwild
On My Own
Encore: Meow, Prom Night

Mientras salía del recinto escuchaba conversaciones de otros asistentes. Todos coincidían en algo en que había valido completamente la pena la espera y la mojada de la noche por la lluvia. Algunos hablaban de sus canciones favoritas, otros discutían cuál había sido el mejor momento del concierto y muchos salimos felices por tener un disco autografiado por toda la banda, por que si amigos, se logró tener una firma en mi disco de la edición Limited Run de Scott Pilgrim.

Y conseguirlo fue muy especial, ya que esperar unos minutos a que se despejara la pista, la banda bajo a convivir con algunos fans que no perdimos la fe en que esto sucediera, entre fotos, abrazos y firmas cada uno contaba su experiencia como cualquier persona, muchos se juntaron a escuchar anécdotas en sus tours, otros a regalar objetos como baquetas o plumillas, fue muy buen detalle de la banda bajar a ser parte de sus fans.

Si alguien me preguntara cómo describiría el concierto de Anamanaguchi en una sola frase, probablemente diría que fue una celebración de todo aquello que hizo especial crecer rodeado de videojuegos, internet, música alternativa y creatividad.

No fue cualquier concierto o uno exclusivamente de música electrónica, mucho menos un espectáculo basado únicamente en la nostalgia. Fue la demostración de que todavía existen bandas capaces de construir un universo completamente propio y hacerlo sentir ingenioso para cientos de personas al mismo tiempo.

Salí del Foro La Paz con los oídos zumbando, completamente agotado y con la sonrisa que únicamente dejan esos conciertos que sabes que recordarás durante mucho tiempo. Anamanaguchi sigue sorprendiendo con hacer las cosas a su manera, mezclando guitarras, consolas, sintetizadores y una energía que parece no tener límite, me lleve varios temas que no tenia en mente y con el deseo de escuchar el nuevo disco Anyway que está por llegar.

La noche del 17 de julio no solo fue vivir el regreso a la CDMX de una banda muy querida por la comunidad gamer y la escena alternativa, fue una confirmación de que su propuesta continúa siendo tan única como la primera vez que la escuché y el gran futuro que nos espera en sus discos y colaboraciones con otros artistas y videojuegos. Y después de vivir este concierto, tengo la certeza de que cada vez que Anamanaguchi anuncie una nueva fecha en México, volveré a estar formado desde temprano para repetir la experiencia.

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