Bien dicen que nunca debes juzgar un libro por su portada, y ésta película me lo ha vuelto a demostrar.
Muchas gracias a Cinépolis Distribución por habernos invitado a la función de prensa, de esta agradable película
En una época de pesos pesados, donde las secuelas, las adaptaciones de caricaturas de los 80s y de videojuegos, las biopics y películas baratas de terror, aparece de un salto Bem, una película que parece que nada a contra corriente por muchos factores, como que no está respaldada por ningún director mexicano famoso en el extranjero, es una película hecha con la tradicional animación en 2D de toda la vida, y no cuenta con “star talents” para que la gente vaya a ver cómo le quedó el trabajo de voz al youtuber de moda.
Y voy a ser sincero, cuando vi el tráiler, me llamó la atención primero, que se tratara de una película animada mexicana, y segundo, que estaba situada en nuestra Ciudad de México de todos los días. Con todo lo que eso implica, pero al mismo tiempo, algo dentro de mí dijo “seguramente van a abusar de los mexicanismos y a ridiculizar la manera en que se vive aquí”; pues grande fue mi sorpresa al terminar de ver la película, que se trata de una historia que tiene alma, mensaje y mucho corazón.
Pero empecemos por el principio: Bem es un pequeño lémur que vivía muy tranquilo en algún bosque de Madagascar, cuando para su mala suerte, un cazador/mercenario llega a la tierra donde él vive con su familia y conocidos, y es metido en un costal y transportado en una camioneta a algún puerto de la isla. Es así como cruza medio mundo hasta llegar a México, y más precisamente, a la Ciudad de México, a lo que podríamos identificar algo así como un “Mercado de Sonora”, lugar donde tenemos a la cabecilla del mismo a una señora de nombre “Doña Chayo” (que la verdad me recordó mucho a cierta cantante mexicana de canciones románticas de cuyo nombre no quiero acordarme), y es la principal antagonista de nuestra historia, ya que es ella quien trafica y comercia con animales: desde los típicos pollitos de colores que todos hemos visto alguna vez, hasta reptiles, primates, y especies exóticas e ilegales que sólo algunas personas sin conciencia pueden entender como mascotas.
Es aquí donde llega nuestro lémur Bem, totalmente desorientado fuera de casa, en un país que no conoce y con gente que nunca en su vida había visto antes. Lo que si entiende es que no es un lugar seguro ya que las condiciones en que tienen a los demás animalitos es deplorable y sólo están ahí para ser explotados de alguna u otra manera.
Tenemos entonces la presentación de Lupillo, un hombre de mediana edad, quien ama las cumbias, y trabaja en el mercado comercializando artículos entre los demás comerciantes del mercado. Pero justo cuando llega con Doña Chayo, un accidente ocurre, lo que provoca que haya una trifulca y por azares del destino el pequeño Bem escape de su jaula y se meta en la bolsa de Lupillo, que sin darse cuenta, lo llevará a casa y ahí es donde conocerá a Irene, una niña bajo la custodia de Lupillo ya que sus padres fallecieron hace unos años, y que por culpa de las alergias no puede salir de casa: su única amistad son otros dos niños de su edad que por alguna razón tampoco pueden salir de casa. Afortunadamente llega Bem para cambiar la vida de la pequeña, lo que también conlleva un gran reto: ¿será mejor devolver el lémur al mercado para que Doña Chayo lo venda al mejor postor, o nos lo quedamos en la casa oculto, con el riesgo de que los sirvientes de Doña Chayo nos vengan a fastidiar y si es que encuentran al lémur, tanto el tío Lupillo como ella, tendrán graves consecuencias.
Es así como comienza la dinámica de Bem, un lémur en fuga, teniendo como contexto nuestra querida Ciudad de México, y todo lo que ello implica. Durante el camino, Irene conocerá valores como la amistad, la justicia, pero sobre todo uno más importante: creer en uno mismo y superar los más duros obstáculos con tal de hacer el bien sin importar dónde puede terminar uno.
Técnicamente la película resulta muy singular debido a su diseño de personajes, el entorno en el que se desarrollan sus interacciones, y el doblaje: un poco exagerado para darle humor a la película, pero bien logrado y siempre entendiendo el tono de la historia.
Si bien es una película familiar, no comete el error que muchas otras películas para niños (te estoy mirando, Mario), el cual es contar con una historia interesante, atrapante y con lógica que apela a la realidad, nunca dejando de tener ese lado juguetón y simpático que debe tener una producción así.
Porque el que sea una película para toda la familia, no significa que se tenga que sacrificar la coherencia, ni que los 90 minutos de duración sean una sucesión de chistes de pedos y pastelazos, o ridiculizar a personajes, o todos esos dejos de una escritura de guión floja y perezosa. Aquí no habrá eso. Los personajes actuán como deberían actuar, Irene, actúa como una niña de su edad, su tío Lupillo, actúa como el tío cool que todos conocemos y que te echa la mano siempre, Doña Chayo, si bien es la villana, no quiere otra cosa más que su animal de vuelta, y está dispuesta a hacer lo que sea para conseguirlo y que su negocio siga; Lola y Bruno, los amigos de Irene, son esas personas que en nuestro camino nos encontramos y se vuelven nuestros hermanos de la vida: nunca te dejarán solo, así estés cometiendo la locura más intensa de tu vida.
Salí muy contento del cine, no nada más por haber sido testigo de una obra que respeta tu tiempo, tu inteligencia, y con la que más de uno puede simpatizar en algún momento de su vida, sino también porque tiene la manera y valentía de tratar temas que a nadie nos gustan, principalmente la trata de animales, con el cual hice click totalmente.
Pero también salí muy contento y hasta orgulloso de saber que se pueden hacer este tipo de producciones en mi país. Mientras en Estados Unidos se hace una película animada con cientos de millones de dólares, aquí los productores deben adaptarse a las circunstancias propias de nuestro entorno, para hacer que cada peso, cada hora de trabajo, valga la pena y de el mensaje que se quiere dar en la pantalla. Y eso, es algo que no tiene precio cuando uno ve el resultado final, paradójicamente. Es por eso digo que una producción así, me llena más el corazón y seguramente a muchos de ustedes les va a hacer reflexionar y tal vez hasta soltar alguna lagrimita, que la última super producción de un personaje basado en un videojuego.
Es más, estoy considerando ir a verla otra vez, y no por apoyar a quienes la realizaron (que de paso no está de más), sino para volver a entender detalles que seguramente no ví la primera vez y que me haga descubrir más elementos que seguramente los creadores nos dejaron escondidos por ahí.
Mención aparte se merece la música, que se nota que es real (gracias por contratar a músicos reales y a una orquesta para la misma), y que está muy bien diseñada para que cada personaje tenga su leit motif, y acentúe los momentos de misterio, emoción y sensibilidad.
Es por eso y muchas otras razones que les digo, por si no les queda claro: vayan a ver Bem, un lémur en fuga, este día del niño, en su estreno. De verdad me van a agradecer esa hora y media, cuando salgan con su cubeta de palomitas vacía, pero su corazoncito lleno de una producción hecha con mucho amor.
Disfrútala en Cinépolis a partir de este Jueves 30 de Abril.
