Gaming Reviews | Overwatch – Temporada 1 (2026)

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Todo ha mejorado, gracias Overwatch. ¿Cómo podría iniciar esta reseña? Hoy no voy a fingir neutralidad al escribir; hoy voy a hablar como fan, porque la verdad es que esta temporada me emocionó muchísimo. Desde que vimos el Spotlight, sabía que era el momento de gritarle al mundo que Overwatch volvía a su prime.

Esta temporada no es solo contenido nuevo —que vaya que hay bastante—, sino una sensación general de renovación. Un nuevo arco narrativo que no solo expande el lore, sino que cambia por completo el statu quo del universo de OW, además de ajustes importantes en la experiencia y una gran cantidad de cambios que hacen que todo se sienta fresco otra vez. Es como si Overwatch hubiera decidido sacudirse el polvo, respirar profundo y recordarnos por qué nos enamoramos del juego desde el principio.

Y sí, ahora simplemente vuelve a ser Overwatch, sin números ni etiquetas extras, y honestamente creo que eso le queda perfecto. Porque esto no es solo una nueva Temporada 1; se siente como un regreso con nuevas ideas, más confianza y muchas ganas de divertirse otra vez.

Además, esta temporada viene cargada de personajes y diseños que simplemente funcionan. Tengo que decirlo: Domina se convirtió rápidamente en uno de mis tanques favoritos, tanto por jugabilidad como por diseño… porque sí, hay que decir las cosas como son, está guapísima —perdóname D.Va, pero parece que alguien más ha robado mi corazón—. Y cuando un personaje logra ser divertido de jugar y visualmente memorable al mismo tiempo, sabes que algo se hizo bien.

Entre nuevas adiciones, sorpresas como JetPack Cat —porque claramente el mundo es mejor con gatos jetpack— y una dirección que se siente mucho más conectada con la comunidad, esta temporada transmite algo que hacía falta desde hace tiempo: entusiasmo genuino.

Y ahora puedo decir que volver a sentir ganas de entrar partida tras partida sin pensarlo demasiado es probablemente la mejor señal de todas.

Pero bueno, antes de continuar quiero agradecer a Blizzard, por hacer posible esta reseña.

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Novedades de esta temporada

Hablar de un reinicio siempre suena peligroso. En los videojuegos suele significar admitir que algo no funcionó. Pero en el caso de Overwatch, este reinicio se siente distinto: no es borrar el pasado ni generar una corrección, sino volver a aquello que hizo grande al juego desde el principio.

Volver a llamarse simplemente Overwatch no es un cambio superficial; es una declaración de intenciones. En la industria, una secuela suele representar evolución, mientras que un reinicio implica corregir el rumbo o empezar desde cero. Sin embargo, en esta ocasión ocurre algo diferente: no se borra el pasado ni se olvida lo que dejó Overwatch 2. Este es un reinicio que mira hacia atrás mientras mantiene su enfoque en el futuro, porque aparentemente Blizzard entendió algo fundamental: el futuro del juego estaba precisamente en recordar qué lo hacía especial desde el inicio.

Los cambios en la experiencia general son evidentes desde la interfaz y se sienten desde las primeras partidas. El ritmo es más fluido, las decisiones dentro del combate tienen mayor peso y cada rol vuelve a sentirse importante sin perder accesibilidad. Existe una sensación constante de movimiento y progreso; el sistema de perks puede modificar completamente la forma en que utilizas a un héroe, haciendo que cada enfrentamiento importe de verdad.

A esto se suma la expansión narrativa, que deja claro que la historia de Overwatch volvió a tener una relevancia enorme. El nuevo arco argumental empuja el universo hacia adelante y modifica el statu quo del mundo del juego, algo que los fans llevábamos años esperando. Por primera vez en mucho tiempo, la historia no se siente congelada, sino viva.

Y luego están las novedades: nuevos héroes, rediseños, ajustes y pequeñas decisiones de diseño que, aunque individualmente parecen menores, juntas transforman la experiencia completa. No se trata de un cambio aislado, sino de una suma de mejoras que hacen que todo se sienta más cohesionado.

Porque al final, este reinicio no intenta convencerte con promesas… lo hace con hechos. Esa necesidad casi automática de jugar “una partida más” vuelve a aparecer, y cuando un juego logra recuperar eso, probablemente está haciendo algo muy bien.

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Pase de Batalla

Si el reinicio de Overwatch busca recuperar la emoción de jugar, el Pase de Batalla es donde esa intención se pone realmente a prueba. Porque más allá de discursos o cambios estructurales, aquí es donde el jugador decide si vale la pena quedarse temporada tras temporada… y debo decirlo: este pase es probablemente lo más flojo de toda la nueva temporada.

No es que esté mal. Funciona, cumple su propósito y mantiene la estructura que ya conocemos, pero le falta ese factor sorpresa que sí hemos visto en temporadas anteriores. Y cuando el resto del juego está viviendo un momento tan fuerte de renovación, la comparación se vuelve inevitable.

El problema principal está en las skins, que al final son el mayor incentivo junto con las monedas del juego. Muchas de ellas se sienten demasiado similares entre sí, sin una identidad clara que realmente destaque. Mientras que el pase pasado cerraba con uno de los mejores diseños de Freja hasta la fecha, esta temporada se queda corta en impacto visual.

Y duele un poco decirlo precisamente porque todo lo demás está funcionando tan bien. Pero también es parte del equilibrio: no todo podía ser perfecto.

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Colaboración: Hello Kitty y amigos

La colaboración titulada Hello Kitty y amigos es otra muestra de lo mucho que Overwatch está interesado en demostrar hasta dónde puede llevar su identidad visual. Traer a los personajes de Sanrio, figuras absolutamente icónicas de la cultura pop japonesa, no solo funciona como un movimiento llamativo, sino como una declaración clara de creatividad y confianza en el tono del juego.

Lo mejor es que estas skins no se sienten como un simple crossover promocional, sino como diseños pensados específicamente para encajar con la personalidad de cada héroe. Widowmaker como Kuromi es probablemente el mejor ejemplo: cualquiera que conozca, aunque sea un poco de ambos personajes notará lo perfecta que resulta la elección.

Pero la colaboración no se queda ahí. Otros héroes también reciben interpretaciones adorables que contrastan de forma divertida con el caos del combate: diseños inspirados en Hello Kitty, My Melody y el resto del universo Sanrio convierten cada partida en un espectáculo visual inesperado, donde lo tierno y lo explosivo conviven sin ningún problema. Y curiosamente, funciona mejor de lo que uno imaginaría.

Además, este tipo de eventos mantienen al juego culturalmente vigente. Overwatch entiende que hoy los videojuegos también viven a través de colaboraciones que conectan comunidades distintas.

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Diseño de arma mítica — Juno

Si algo ha demostrado Overwatch con el paso de las temporadas es que las armas míticas no buscan cambiar la jugabilidad, sino transformar la manera en la que sentimos jugar a un héroe. Y el diseño mítico de Juno entiende perfectamente esa idea.

Desde el primer momento en que la equipas, queda claro que no se trata solo de un cambio visual. El arma tiene una identidad propia: efectos visuales más dinámicos, animaciones de eliminación y una estética futurista que refuerza la personalidad del personaje, además de que cada disparo suena como una pistola de burbujas, sinceramente a mi si me gusta como suena.

Tal vez lo más valioso es que este tipo de contenido demuestra que el equipo creativo sigue entendiendo algo fundamental: en un juego que vive temporada tras temporada, las recompensas deben sentirse especiales, no solo desbloqueables

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Lo positivo

El mayor acierto de esta nueva etapa es que Overwatch vuelve a sentirse vivo. Así tal cual, OW está en su prime, y hay que decirlo, gatos, nuevo balance, colaboraciones, un lavado de cara total, es emocionante, es esperanzador y lo mejor que el juego nos ha dado en muchísimo tiempo, recuperar el entusiasmo genuino por jugar partida tras partida.

Lo negativo

El punto más débil de la temporada es, sin duda, el Pase de Batalla. Aunque cumple su función y mantiene la estructura conocida, se siente sorprendentemente flojo frente al resto del contenido.

A pesar de todo lo bien hecho, ni siquiera esta temporada podría ser perfecta.

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Conclusión

Hay temporadas que añaden contenido, y hay temporadas que cambian por completo la manera en la que vemos un juego. Esta nueva etapa de Overwatch pertenece claramente a la segunda categoría.

Más allá de los ajustes, personajes nuevos o colaboraciones llamativas, lo que realmente logra esta temporada es algo mucho más difícil: devolver la emoción. Esa sensación de entrar “solo a una partida más” y terminar jugando durante horas sin darte cuenta. El juego vuelve a sentirse fresco, dinámico y, sobre todo, lleno de intención.

El reinicio demuestra que mirar al pasado no siempre significa retroceder, sino entender qué hacía especial a una experiencia para poder construir algo mejor encima. Overwatch no intenta reinventarse rompiendo todo lo anterior; lo hace recordando su esencia y adaptándola para una nueva generación de jugadores.

Lo hiciste bien, Blizzard… lo hiciste muy, muy bien. Muchas gracias

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