Cine Reviews | Blanca Nieves

Blancanieves

21 de marzo, 2025

Desde el momento en que se apagaron las luces de la sala, entré con una mezcla de curiosidad y escepticismo. Blanca Nieves es un clásico que ha marcado generaciones, y esta nueva adaptación prometía traer una versión moderna de la historia. Sin embargo, conforme avanzaba la película, esa magia que esperaba encontrar se iba diluyendo poco a poco, dejándome con una sensación agridulce y la pregunta constante de si esta era realmente la mejor manera de revivir el cuento.

La historia intenta darle un giro contemporáneo al personaje de Blanca Nieves, mostrandola como una figura más independiente y autosuficiente. Si bien la intención es clara, el resultado se siente forzado en varios momentos, alejándose demasiado de la inocencia y encanto que definían la versión animada. No es que el cambio sea intrínsecamente malo, pero para quienes crecimos con la Blanca Nieves de 1937, esta reinterpretación podría sentirse como una desconexión emocional con la historia que recordamos. Se siente como si la esencia del cuento de hadas se hubiera diluido en una narrativa que, aunque busca ser más actual, pierde parte de su corazón en el proceso.

Rachel Zegler cumple con su papel, pero no logra impregnar a su personaje con la ternura y calidez que hacía entrañable a la original. A ratos, su Blanca Nieves parece carecer del brillo necesario para cargar con el peso de la narrativa, dejando una interpretación que, aunque funcional, no deja huella. Por otro lado, Gal Gadot como la Reina Malvada es un punto destacable, con una presencia elegante y una mirada calculadora. Sin embargo, pese a su indudable carisma, su versión del personaje carece de la oscuridad y la intensidad que hacía tan icónica a la villana animada. Hay momentos en los que su maldad se siente contenida, como si la película evitara ir demasiado lejos en su retrato de la antagonista.

Visualmente, la película tiene momentos de esplendor, pero también caídas notables. Hay escenarios que impresionan, pero el abuso del CGI le resta autenticidad, haciéndome sentir como si estuviera viendo una versión digitalizada de un mundo que debería sentirse tangible. La textura artificial de algunos elementos contrasta con la belleza natural que caracterizaba la animación original, donde cada fotograma estaba impregnado de una atención artesanal al detalle. Esa falta de calidez visual afecta la inmersión y hace que la película, en ciertos momentos, parezca más un experimento técnico que una historia con alma.

La música es otro aspecto que deja sentimientos encontrados. Aunque algunas melodías clásicas se mantienen, las nuevas incorporaciones no logran capturar la emotividad ni la magia de la original. Es difícil no extrañar la sensación que produjeron canciones icónicas como Heigh-Ho o Someday My Prince Will Come, que aún resuenan en la memoria colectiva. Las nuevas piezas musicales, aunque intentan aportar frescura, carecen del impacto emocional que podría haber elevado la experiencia. La falta de un número musical verdaderamente memorable hace que la película pierda un elemento fundamental que siempre ha sido clave en las adaptaciones de Disney.

Al salir del cine, no podía evitar sentir que algo faltaba.No hace mucho estuve en Disney World y la atracción de los 7 enanos de Blanca Nieves tiene más esencia. No es que la película sea completamente fallida, pero se siente como una versión que trata de reimaginar demasiado sin darse cuenta de lo que hacía especial a la original. Para algunos, esta será una versión refrescante y necesaria; para otros, como yo, será una experiencia que deja un vacío, un recordatorio de que algunas historias quizá no necesitan ser reinventadas para seguir siendo atemporales. Mientras caminaba fuera de la sala, me quedé reflexionando sobre la dirección que está tomando Disney con sus remakes. Si bien es válido querer modernizar los clásicos, también es importante preservar su esencia. Al final, me pregunté si esta versión de Blanca Nieves será recordada con el mismo cariño que la original o si, con el tiempo, simplemente quedará en el olvido como un intento fallido de actualizar un cuento que ya era perfecto tal como era.

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