Cine Reviews | Attack on Titan: The Last Attack

27 de febrero, 2025
El final de Attack on Titan: The Last Attack no es solo la conclusión de una historia épica; es el cierre de un capítulo en la vida de quienes crecimos con esta obra. Al ver el último enfrentamiento, la última decisión y el último adiós, no solo sentimos el peso de la narrativa, sino el de los años que han pasado sin que nos diéramos cuenta.
Antes de continuar con la reseña, quiero agradecer a Crunchyroll y Sony Pictures México por la invitación para ser de los primeros en disfrutar de este contenido.
Parece que fue ayer cuando conocimos a Eren, Mikasa y Armin, cuando los titanes eran un misterio aterrador y la humanidad luchaba por sobrevivir dentro de sus murallas. Con cada temporada, con cada revelación, fuimos testigos del crecimiento de los personajes y de la transformación de la historia en algo más grande, más complejo y más desgarrador. Ahora, al mirar atrás, nos damos cuenta de lo lejos que hemos llegado junto a ellos. Es como si el tiempo se hubiera esfumado en un parpadeo, llevándonos desde la emoción del primer episodio hasta la despedida inevitable.
El impacto emocional de este desenlace es innegable. La serie nunca se ha caracterizado por dar respuestas fáciles ni finales complacientes, y esta última entrega no es la excepción. Hay escenas que quedarán grabadas en nuestra memoria, momentos que nos estrujan el corazón y diálogos que resuenan con una melancolía inevitable. La música, la animación y la dirección logran encapsular la intensidad de este último ataque, dejándonos con el alma en un puño. Cada secuencia de acción es una obra de arte, pero lo que realmente nos destruye son los pequeños gestos, las miradas, los silencios que dicen más que cualquier palabra.
Pero más allá de la espectacularidad de la batalla final, Attack on Titan nos deja con una reflexión más profunda: el tiempo pasa sin que nos demos cuenta. Recordamos la emoción de ver el primer capítulo, los años de espera entre temporadas, las teorías que discutíamos con amigos y la incertidumbre de cómo acabaría todo. Ahora que el final ha llegado, sentimos esa mezcla de satisfacción y vacío, como cuando cierras un libro que marcó una etapa de tu vida. Es un recordatorio de que todo tiene un final, incluso las historias que parecían eternas.
Y aunque el episodio final ya nos ha dejado sin aliento, hay algo más. Los créditos ruedan, y el silencio pesa. Pero aquellos que esperan hasta el final encontrarán un epílogo, una escena postcréditos que, sin entrar en detalles, deja una última impresión poderosa. No es un simple cierre, sino un eco de lo que esta historia siempre fue: un relato sobre el paso del tiempo, la memoria y el legado que dejamos atrás. Es el último regalo para quienes han seguido esta travesía hasta el final, una despedida que, sin necesidad de palabras, logra encapsular todo el peso de la historia que acabamos de presenciar.
Porque sí, Attack on Titan fue más que un anime. Fue un viaje, una experiencia que compartimos con una comunidad que creció y cambió junto a la historia. Y aunque su último ataque ya quedó en la historia, su legado permanecerá en nosotros, recordándonos que, al igual que en la serie, el tiempo avanza sin detenerse, y todo lo que podemos hacer es atesorar los recuerdos que nos deja.
De corazón, espero volver a ver otro anime que impacte mi vida como lo fue Shingeki no Kyojin.
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Dios Gokú