Cine Reviews | Capitan América: Un nuevo mundo

14 de febrero, 2025
Nunca ha sido mi vengador favorito, sin embargo, desde su debut en Capitán América: El Primer Vengador (2011), Steve Rogers, interpretado por Chris Evans, se convirtió en un referente del Universo Cinematográfico de Marvel. Un joven enclenque con un espíritu inquebrantable, transformado en el supersoldado que todos admiramos, Steve nos llevó en un viaje lleno de heroísmo, sacrificio y evolución personal. Lo vimos enfrentarse a la Segunda Guerra Mundial, despertarse en un mundo moderno que ya no reconocía, convertirse en líder de los Vengadores y, finalmente, tomar la decisión más personal de todas: retirarse y pasar el escudo a su amigo y compañero de batalla, Sam Wilson.
Esa escena en Avengers: Endgame (2019), en la que un anciano Steve le entrega el escudo a Sam, fue un momento cargado de emoción y significado. No solo marcó el final de una era, sino el comienzo de otra. Sam Wilson, interpretado por Anthony Mackie, no solo heredaba un símbolo, sino una responsabilidad inmensa: ser el nuevo Capitán América en un mundo que aún lidia con las secuelas del Blip y la pérdida de los héroes originales. Sin embargo, esta transición no fue inmediata ni sencilla, y su camino hacia la aceptación de este rol tuvo un preludio esencial en The Falcon and the Winter Soldier, la serie de Disney Plus que nos mostró su lucha interna, sus dudas y el peso de portar el escudo.
Ahora, con Capitán América: Un Nuevo Mundo, nos adentramos en esta nueva etapa. Sam ya no es solo Falcon, sino el Capitán América, y con ello vienen desafíos que van más allá de las batallas físicas. Cada golpe que recibe, cada decisión que toma, lleva el peso de la historia de Steve y la suya propia. Pero lo que sí tiene es el mismo compromiso con la justicia y la gente, algo que Steve siempre valoró en él.
Bajo la dirección de Julius Onah (The Cloverfield Paradox), la película se enfoca en consolidar a Sam Wilson como el Capitán América de esta nueva etapa del UCM. Mackie logra brillar con una interpretación llena de energía, carisma y un sentido de compasión que lo distingue de su predecesor. No intenta imitar a Steve Rogers, y esa diferencia es precisamente lo que lo hace destacar: la idea de que cualquiera puede ser un héroe, incluso sin poderes sobrehumanos.
Lo que comienza como una misión aparentemente exitosa toma un giro inesperado cuando una invitación a la Casa Blanca se convierte en un atentado contra el presidente de los EE.UU., Thaddeus «Thunderbolt» Ross (Harrison Ford). Pero lo más impactante del ataque es la participación de Isaiah Bradley (Carl Lumbly), el primer supersoldado de color cuya existencia el mundo intentó borrar. Con el caos desatado, Sam se ve obligado a buscar respuestas, lo que lo lleva a descubrir una conspiración que se extiende hasta las más altas esferas del poder, llegando al mismísimo Salón Oval.
Sin embargo, la gran sorpresa es Harrison Ford, quien roba cada escena en la que aparece. Su interpretación de Ross le otorga una presencia imponente y compleja. Atrás quedó el hombre que persiguió a Hulk y a otros héroes bajo los Acuerdos de Sokovia; ahora es alguien que quiere demostrar que puede cambiar… o al menos convencer a una persona muy importante para él. Pero el pasado no perdona, y las culpas y secretos que arrastra amenazan con destruirlo todo. Ford claramente disfruta cada segundo en pantalla, entregando una actuación que se convierte en el corazón mismo de la película.
Capitán América: Un Nuevo Mundo lo veo más como un thriller político con una fuerte carga de responsabilidad y legado. Aunque no tiene la presencia icónica de ese súper héroe que conocemos como Capitan América, la película construye un relato donde el heroísmo no se define por la fuerza, sino por la voluntad de hacer lo correcto, sin importar lo difícil que sea el camino.
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